De Camino al Ateísmo II

meme ateo

Buscando contestar mis dudas acerca de la biblia, alguien me explicó que el viejo testamento está lleno de historias que buscan sólo enseñar una lección. Si no obedeces a Dios, vas a pasarla mal. Te convertirás en sal, morirás aplastada, irás al infierno y el sufrimiento eterno, entre otras cosas. Otros me decían que el viejo testamento es la “vieja ley” y queda obsoleta por el nuevo testamento “la nueva ley”. En el momento lo entendí y lo creí. Quedaba complacida con estas nuevas explicaciones. Aun así, no pensé más en ese asunto ya que mi mente estaba en conocer muchachos y tener muchos novios. Ahora empieza esta etapa de mi vida cuando involucro mi fe con las relaciones amorosas.

“Si pides con fe se te dará” que muchas cosas pedí con fe, especialmente que Juanito se fijara en mí. Rezaba todas las noches que Juanito llegara y se me declarara frente a la escuela como una película de Drew Barrymore o Lindsay Lohan (antes del problema con las drogas). En fin, la realidad es que Juanito nunca se fijó en mí y mis amigas creyentes a modo de consuelo decían que todo era plan de Dios y es que había alguien mucho mejor para mí en el futuro. Que yo era muy buena para ese mequetrefe y que en algún momento el príncipe azul llegaría a tratarme como merecía. Déjenme decirles que creer en Dios y creer en cuentos de hadas no es tan diferente como se cree, en verdad son bastante similares.

Y ahí estaba yo, todas las noches, pidiendo por Juanito y si Juanito no era, pues pidamos por Juanchito que ese debía ser el chico que Dios tenía para mí. Escuchaba la canción “Pueden pasar 3,000 años” de Enrique Iglesias por las noches mientras lloraba con mi almohada (que patética) y hablaba con Dios y le pedía de lo más sincera desde el fondo de mi corazón. Años más tarde y después de tantos Juanitos o Juanchitos que no fueron para mí, me preguntaba ¿Por qué Dios aun no envía al manganzón que tiene para mí? ¿Por qué me hacía perder el tiempo con buenos para nada? Pero entendía luego que todo era parte de un plan divino. Debía conocer varios buenos para nada para que cuando llegara el “ideal” supiera apreciarlo. Incluso, llegué a pensar que debía empatarme con alguien creyente como yo, pero creyente de verdad. Que fuera líder de la iglesia, no fumara ni bebiera y antes que nada, que pusiera a Dios adelante por sobre todas las cosas.

Al pasar el tiempo iba madurando y ya empezaba a rezar por otras cosas como mis exámenes o que el carro no se dañe mientras estoy en medio de este tapón…en una sola vía…tránsito “one way”…sin paseo…Sí, se me dañó, pero siempre se resuelve. Todo esto pasaba no sin antes dar gracias a Dios todos los días por un día más de vida, la comida, refugio, lo bueno, lo malo, entre otros. A Dios se le pedía, pero había que ser agradecido también.
De pronto me doy cuenta que hay cosas en la vida que requieren de una atención más rápida que el chico que Dios tuviese para mí o la carrera que escogí. Llegó el internet a mi vida desde muy joven. Gracias a esta tecnología podemos saber que pasa más allá de porqué grita la vecina o más allá de las chillas de Pepo, el compañero de trabajo. Podemos saber más allá de lo que pasa en nuestro propio país y viajamos de manera cibernética a otros países y lugares que están mejor o peor que nosotros. Hay muchas personas sufriendo en el mundo. Hambres, enfermedades, guerras, entre otros.
Aún recuerdo una vez que fui a una actividad en una escuela católica de gente adinerada. Se unieron todos en oración por las personas pobres en el mundo. No recuerdo otro momento más hipócrita en mi vida en que tanta gente se creía “buena” tan solo por rezar. Ellos teniendo los recursos para ayudar, solo rezaban.

Es irónico y cruel sentarte a una mesa llena de comida y recordar a los “pobrecitos” niños de África que no tienen que comer. Que “Dios” se apiade de ellos (nótese como escribo “Dios” ahora con comillas, pero aun en mayúscula). Inclusive la misma iglesia es hipócrita al tener tantos bienes materiales mientras hay tantas necesidades en el mundo. En ese momento entendí la frialdad humana, la falta de empatía y como la hipocresía llega a niveles increíbles ¿Realmente hay un “Dios”? ¿Por qué permite todo esto? Él es grande y todopoderoso ¿Por qué permite que estas cosas pasen?

Crónicas, vicisitudes, pensamientos de una atea en el siglo XXI. Mujer vs. la iglesia, el machismo, los estereotipos, presión social, el “que dirán”, familia, entre otros. Tenemos tantas cosas que nos presionan en la vida cotidiana y aun así somos mujeres que incluímos a todo esto, el ser ateas. ¿”Girl power” o masoquismo? Ustedes dirán.

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