EL SER IMAGINARIO – CAPÍTULO 1

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“Dios, o más bien la ficción de Dios, es pues, la consagración y la causa intelectual y moral de toda esclavitud sobre la Tierra, y la libertad de los hombres no será completa más que cuando hayan aniquilado completamente la ficción nefanda de un amo celeste.” – Mijaíl Alexándrovich Bakunin, pensador revolucionario ruso. (1814 – 1876)

Razón: La facultad del ser humano que consiste en pensar de un modo coherente, el complemento de la experiencia y la guía para las acciones deliberadas.

El cuestionamiento, en su faceta más primaria, es la base del entendimiento. Somos seres pensantes, inquisitivos y, por ende, seres racionales. Somos diferentes de otras criaturas que habitan este planeta porque nuestra naturaleza racional nos separa de las bestias. Sin embargo, hay quienes desconocen esta cualidad y sostienen ideas engendradas en el desconocimiento y alimentadas por la superstición. Estas personas se encuentran absolutamente abstraída de la razón, obnubiladas por la idea de una divinidad, de falsos ideales o de absurdos prejuicios. ¿Por qué hay quienes explican eventos naturales a través de paradigmas basados en la fe y extrapolados como interpretaciones abstractas sin demostración posible? Tal vez porque creer es más fácil que pensar; he ahí también porqué hay más creyentes que pensadores. (1)

Gracias a la Termodinámica hoy sabemos que la materia que compone el Universo sólo cambia de forma, no surge ni desaparece. Por lo tanto, prescinde de un creador para existir. Los científicos están de acuerdo en que el Big Bang tuvo lugar hace unos catorce mil millones de años. Básicamente, fue el momento en que una singularidad produjo que toda la materia se expandiera desde un punto de densidad infinita. Encontramos en este modelo la explicación más aceptada por la Ciencia actualmente y el fundamento físico del inicio del Universo como lo conocemos. Tampoco tenemos dudas sobre el origen de la vida en la Tierra, ya que podemos afirmar que el concepto de origen de la vida a través de procesos naturales aleatorios, o Abiogénesis, es la más acertada y realista explicación al respecto. (2) Incluso la Evolución no es ya una hipótesis; se han hallado cientos de fósiles no sólo de seres humanos en distintas etapas de evolución, sino también de muchos otros animales en sus periodos intermedios de desarrollo.

Si hay quienes explican estos mismos acontecimientos de una manera absolutamente fantástica, debemos pensar que desconocen y, en consecuencia, crean sus propias estructuras imaginarias. De tal modo, podemos entender que la necesidad de explicar el mundo por medio de seres sobrenaturales es, entre otras razones, un síntoma del desconocimiento sobre los procesos naturales y, a grandes rasgos, una negación de la propia capacidad intelectual.

La razón es la herramienta más efectiva que poseemos para el desarrollo tecnológico, social y cultural. La Ciencia nos ha brindado el conocimiento para alcanzar ese desarrollo, mismo que nos permitió comprender sobre la Naturaleza y sobre nosotros mismos. La Ciencia ha construido nuestro entendimiento con base en el escepticismo, se ha cuestionado la naturaleza de las cosas y nos ha permitido surgir como especie dominante en este planeta. El pensamiento religioso, en cambio, se sustenta en un conocimiento que se supone revelado, carente de bases objetivas y orientado a la veneración de seres incomprobables. También es necesario señalar que la religiosidad jamás ha contribuido con un mejoramiento para nuestras condiciones. Guerras santas, inquisiciones y demás atentados contra la integridad de las personas, son los tristes recuerdos de las masacres que este sistema de pensamiento oscurantista y totalitario ha legitimado durante su historia. (3)

¿Qué tenemos entonces? Una creencia evidentemente infundada, un dios indemostrable, principios inmorales y contradictorios con nuestra naturaleza. En resumen, una fórmula pensada para personas desinformadas o intelectualmente rezagadas.

Protágoras de Abdera, filósofo griego, afirmaba que de los objetos conocemos, no lo que son, sino lo que nos parecen; no la esencia, sino la apariencia. De lo cual se deduce que las interpretaciones no son más que proyecciones subjetivas construidas a partir de nuestra percepción del mundo. En pocas palabras, no se infiere lo objetivo a partir de lo subjetivo, o, lo que es lo mismo, no se interpreta la realidad a partir de una concepción que sólo se desprende de nuestra interpretación. Y la religión hace justamente eso. El sistema religioso propone la existencia de seres que no podemos percibir o evidenciar de manera alguna; todo desde el absoluto desconocimiento. Las religiones pretenden inferir lo objetivo a partir de la absoluta subjetividad.

Toda creencia religiosa es igualmente carente de fundamentos y dañina para el intelecto. El cristianismo, en particular, ha sido el perpetrador histórico de las más efectivas herramientas de limitación del pensamiento. Éstas le han permitido subsistir e imponerse:

 

La fe:

Supongamos que un menor preguntase a sus progenitores sobre el origen de nuestro mundo, e imaginemos la respuesta que recibiría en una familia asimilada al cristianismo:

“Todo comenzó hace aproximadamente seis mil años. Dios creó la Tierra, al ser humano y a todos los animales y plantas que habitan en ella, tal como los conocemos hoy. Lo hizo en seis días y al séptimo descansó.”

Evidentemente esta explicación es pura fantasía y apela a la ingenuidad del menor para obtener credulidad. Si él no hubiese escuchado semejante historia de pequeño, muy probablemente la misma no tendría efecto alguno en la adultez. También vemos que en ningún momento se hace referencia a la Evolución o a la edad real de la Tierra; siendo que hay vida en este planeta desde hace 600 millones de años y que el mismo existe desde hace unos 4650 millones. Se trata de un argumento propiamente mitológico y carente de fundamentos, según el cual aparecimos mágicamente hace seis mil años, descartando a Darwin y a toda evidencia evolutiva desde los primeros homínidos hasta el Homo Sapiens.

Por otro lado, si los humanos estamos en la Tierra desde hace apenas seis mil años y quienes poblamos el planeta somos descendientes directos de los creados por dios en un único lugar físico, ¿cómo es posible que todos los continentes estén poblados, si Pangea, el súper continente que agrupaba América, Europa, Asia, África y Oceanía, comenzó a separarse hace unos 200 millones de años? Obviamente no podemos ser descendientes de una única rama de humanos, ya que no habría manera que éstos se hubieran diseminado a través de los continentes ya separados. La realidad es que cada continente albergó a varios grupos humanos con disímiles niveles evolutivos.

Comencé afirmando que nuestra naturaleza inquisitiva nos diferencia de las bestias, sin embargo, el ejercicio de la fe nos hace menos analíticos y nos aleja de la realidad para situarnos en un contexto supersticioso plagado de imágenes falsas que se apoderan de la cordura. ¿Y qué es la fe después de todo, sino creer en algo sin necesidad de comprobar nada? Siempre he pensado que la fe es la más grande excusa para no pensar, el paradigma de la ausencia de cuestionamiento y el principal enemigo del raciocinio.

La fe se ha transformado en la antítesis del método científico. La Ciencia se basa en el cuestionamiento y la comprobación, por ello no pregona su verdad, más bien la busca incansablemente. Los conceptos religiosos, en cambio, no son objeto de análisis; sus bases son inexistentes y no se permiten los cuestionamientos. Por lo tanto, ubica a las personas en una situación de estancamiento intelectual, en la que se prescinde del análisis crítico y las respuestas más insignificantes cobran estatus de verdades incuestionables. El sistema religioso, con sus dogmas y misterios, no ha hecho más que destruir la razón en nombre de la superstición, tornando retorcidas las más evidentes verdades e imponiendo una versión desfigurada de la realidad.

La fe no es una virtud, es más bien un inmenso defecto. Mientras menos evidencias se poseen de la existencia de algo, más fe se requiere para creer en ello. En consecuencia, se es más crédulo, menos inquisitivo y, en definitiva, más manipulable. Básicamente, la fe limita a las personas y, en mi opinión, las sitúa en un estado de ausencia de madurez intelectual. Es como si el creyente reafirmara lo que aprendió a los seis años de edad y no se hubiese cuestionado nada desde entonces.

Debemos reemplazar la credulidad de la infancia por el escepticismo constructivo de la adultez. La fe es inversamente proporcional al conocimiento y al uso de la razón, por lo tanto, es opuesta a nuestra naturaleza. No necesitamos inventar un dios en el cual creer, necesitamos creer en nosotros mismos. [Ver Capítulo 7]

 

El temor de dios:

“Con misericordia y verdad se corrige el pecado, y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal. “Proverbios 16:6:

El temor lleva al dolor del corazón por el pecado, nos diría San Agustín. Se trata de una advertencia para quienes pretendan transgredir la ley de dios, pero implica más que temor en el sentido literal, se refiere a consciencia y reflexión acerca de nuestros actos en presencia de dios.

El cristianismo entiende que sin temor de dios, o consciencia de estar siendo observados, nos sentiríamos libres de pecar constantemente, ya que nadie ejercería juicio ético sobre nuestro actuar. Esto implícitamente significa que el libre albedrío es impracticable, yai dios es el la medida del buen actuar, mas no hay en él sino ánimos de imponer una moral objetiva e incuestionable, estamos entonces frente a una desnaturalización de las libertades y, por tanto, en ausencia de cualquier posible criterio de autonomía intelectual. El mensaje es claro: Cuando el amor no funciona, el temor debe inspirarnos respeto. Encontramos entonces que la contradicción por oposición entre el temor de dios y el libre albedrio es evidente. Para el cristianismo, no es el ser humano quien define un criterio ético, sino el parámetro religioso que determina su moralidad.

Nuestro verdadero sentido del bien y del mal nada tiene que ver con religión. La propia moral se desprende de nuestras experiencias, no de mitos ancestrales que nada nos dicen de nosotros mismos. No existe negación más infame ni criterio más perverso que optar por minimizar los valores humanos con el único fin de promover la insignificancia del intelecto. Y esto es precisamente lo que el cristianismo busca a través de la fe y el temor de dios: seguidores fácilmente influenciables. [Ver Capítulo 8, 12]

Pero la verdad es que tenemos la potestad sobre este planeta, nuestra capacidad cognitiva nos pone en superioridad de condiciones con respecto a toda forma de vida en él. Incluso podemos concluir que somos la mayor autoridad de este mundo. No existe nada superior a nosotros. Ya no estamos en el oscurantismo, en la ignorancia de creer que todo es atribuible a dioses y demonios. La Ciencia existe, y el conocimiento está al alcance de la mano. ¿Por qué entonces no tomar las riendas de nuestro propio destino e ignorar los criterios absurdos? Tal vez porque esto es lo que la religión nos cercena en primera instancia. No nos equivoquemos, el peor daño que la religión provoca, además de impedir la maduración intelectual, es el transmitir ideas que no son analizables, dado que se entienden como sagradas. No se permite ir más allá de estas ideas, ya que se estaría negando el principal precepto: la fe.

La manera en que el cristianismo interpreta el relato bíblico se basa en su propia necesidad de subsistencia. Conceptos como la fe y el temor de dios, son el resultado de dichas interpretaciones. Estos criterios se transmiten con el único fin de inculcar la necesidad de reverenciar a hipotéticas fuerzas sobrenaturales que se supone actúan sobre nosotros. Tal necesidad impuesta, resulta ser el factor determinante para la adopción de creencias y la consecuente abstracción del contexto real que las mismas representan. Y precisamente como resultado de este proceso, cuando la negación es asimilada y se afianza en el individuo, toda situación de índole cotidiana pasa a ser entendida como el resultado de la voluntad de un dios; y así, gracias a la asimilación, las razones de todo a nuestro alrededor se asumen como ajenas al entendimiento humano, lo que indefectiblemente deviene en la anulación del cuestionamiento.

¿Qué puede ser más apropiado para sostener un fraude que apelar al accionar de seres cuyo propósito nos es desconocido? En esta minimización intencional del pensamiento crítico se evidencia una de las principales causas del estancamiento intelectual que las religiones fomentan y legitiman en nombre de su propia subsistencia.

No podemos tampoco olvidar que el cristianismo es, en todo el planeta, uno de los más efectivo placebos sociales y la principal razón por la cual muchos conflictos se han llevado a cabo. Por otro lado, la Biblia ha pasado a ser el pretexto para los más inmorales actos realizados en nombre de lo intangible, así como el más difundido de los textos dogmáticos en la Historia.

La Biblia resulta ser una compilación de 66 libros, escritos por más de 40 diferentes autores. Fue realizada y recopilada a lo largo de aproximadamente 1500 años, comenzando en el año 1513 AEC, y finalizando alrededor del año 98 de la era común. Hoy en día, el 90 por ciento de la población mundial tiene acceso a ellas, gracias a la inmensa difusión del cristianismo.

Cabe destacar el vuelco que las Biblias actuales han dado para ajustarse a una explicación más realista de la creación. Las versiones actuales reconocen el tiempo que fue necesario para que se formara la Tierra, así como también para que pudieran explicarse los restos fósiles de animales que desaparecieron hasta la actualidad -como los dinosaurios y muchos animales marinos prehistóricos. Así, las Biblias actuales dejaron de lado los tradicionales seis mil años, para referirse a millones de años o a miles de millones de años. Con estas aclaraciones y adaptaciones, la Biblia se destruye a sí misma, peca de contradictoria e inverosímil.

Pero más allá de las imprecisiones y contradicciones bíblicas, la explicación más realista que tenemos sobre el origen del Universo sigue siendo el Big Bang. Ahora bien, supongamos que existiese un ser sobrenatural que lo hubiera originado -teoría creacionista del Diseño Inteligente. [Ver Capítulo 4] Simplemente, no podríamos saberlo; y éste es el punto precisamente. De existir, dicha entidad sería absolutamente irrelevante para nosotros, ya que no poseemos evidencia alguna de su existencia. La idea del dios verdadero y creador de todo es mera palabrería de sus propios artífices. ¿Y quiénes son éstos sino los mismos seres humanos? No es dios quien crea al ser humano, sino el ser humano quien fantasea que lo sobrenatural existe.

Lamentablemente vemos a diario cómo la superstición sigue invadiendo cada rincón de este mundo. Inunda de mitos nuestras vidas, fomentando criterios contradictorios y abstractos que se presentan como la explicación suprema a todos los interrogantes y terminan por impedir cualquier cuestionamiento.

El ser humano que no es movido por la razón, sino por una motivación banal y absolutamente opuesta a su naturaleza, se destruye a sí mismo y aniquila su esencia pensante. La superstición únicamente sirve para transformarnos en defensores del sometimiento y adoradores de la falsedad.

 

 

  1. En el año 1950, Albert Einstein escribió en su obra “Out of My Later Years”: “Creer es más fácil que pensar. He ahí la razón de que haya más creyentes.” Reseña: (New York: Biblioteca filosófica, 1950), p. 27.

 

  1. Existen diferentes teorías acerca del origen de la vida en la Tierra. Una de ellas implica a factores bióticos que llegaron al planeta en los primeros estadios de su desarrollo. De todas formas, no existe otra explicación científica para la existencia de dichas formas primigenias, más que la vida desde la no vida.

 

  1. La ética cristiana sostiene una moral objetiva e incuestionable, producto del entendimiento de los designios divinos. Todo acto contrario a lo que se entiende por mandato de dios es condenable, mientras que la fe implica un actuar consensuado.

 

 
Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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