EL SER IMAGINARIO – CAPÍTULO 2

3

“La superstición y la tiranía han invadido el mundo; hacen de él un calabozo tenebroso, en el cual el silencio no es turbado más que por los clamores de la mentira o los sollozos que la opresión arranca a los cautivos. Estas dos furias, siempre vigilantes, impiden que la luz se abra paso en su sombría morada; no soportan de ningún modo que se esclarezca o conforte a los esclavos, a quienes la ignorancia, el terror y la credulidad mantienen encadenados a sus pies. Por orden de ellas, la impostura, sentada en la entrada de esta cárcel, embriaga a sus víctimas desde la infancia, con el brebaje del error; estos desgraciados quedan toda su vida bajo los efectos del filtro venenoso; subsiste en ellos, para siempre, una debilidad o una demencia habituales, de las cuales se aprovecha la autoridad para encadenarlos.” – Paul Henry Dietrich (Thiry) barón d’Holbach, filósofo materialista francés. (1723 – 1789)

Libre Albedrío: Criterio según el cual los seres humanos tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones. Es la potestad de actuar por elección y decisión.

El creyente entiende que los mandamientos de dios son una expresión necesaria de su naturaleza, no como designios arbitrarios, sino como un reflejo de su carácter y el fundamento de su actuar. Se basa también en la convicción de que esto brinda una base adecuada para afirmar la existencia de valores y deberes morales implícitos. La idea de una moral objetiva e incuestionable de origen divino suele ser el fundamento de la posición absolutista que el cristianismo demuestra frente a los factores de cambio social. Es precisamente en este concepto que se basa el sistema de adoctrinamiento religioso, en no dejar posibilidad alguna al libre albedrío, en crear una idea de moralidad por pertenencia y coincidencia, no por nuestras acciones. A los ojos del religioso, es moralmente correcto quien cree en dios, pero no necesariamente quien hace el bien absteniéndose de venerar a seres sobrenaturales.

Si el ser humano fuese incapaz de comprender sus propios actos y responsabilizarse por las consecuencias de los mismos, entonces no existiría motivación alguna para hacer el bien. Pero, ¿es tal la situación de la humanidad? ¿Escapa nuestro accionar al entendimiento? ¿Es imposible para nosotros encontrar una ética personal?

Pienso que todos poseemos una ética personal definida y única, independiente de cualquier criterio ideológico. Los planteos de moral objetiva que pretenden ser el paradigma del buen actuar no son más que una estructura de fondo para delinear estándares éticos engendrados en la necesidad primaria del sistema religioso: perpetuar su propia estructura jerárquica dentro de la sociedad. Aquí comenzamos a percatarnos que, evidentemente, la imposición encubierta y la negación de nuestros instintos son constantes en dicha estructura. Veamos, por ejemplo, los pecados capitales:

Los pecados definidos por el cristianismo son rasgos que hacen a la naturaleza humana; no tienen la más mínima calidad de malignos. Avaricia, envidia, gula, ira, lujuria, pereza y soberbia, son todas conductas o inclinaciones muy humanas, y las experimentamos a menudo. Estos lineamientos, tratados como definiciones de lo que no debería ser, no son sino un medio para desnaturalizarnos y ubicarnos en una situación que se contradice con nuestra esencia, (1) lo que equivale a vivir con temor de actuar en consecuencia con nuestros instintos.

La religión es un sistema manipulador que crea en las personas la necesidad de algo que realmente no necesitan. No hay en nuestra realidad cotidiana dilemas de naturaleza sobrenatural, y todas las respuestas que la religión pretende darnos suponen pertenecer a esa esfera precisamente. La religión cristiana es particularmente contradictoria, ya que establece criterios irreales, irracionales e inmorales. Sin embargo, sostiene un discurso que pareciera reflejar un compromiso con el bien común; algo que, evidentemente y salvo contadas excepciones, dista de ser la pauta de comportamiento para la gran mayoría de creyentes. Esto dificulta comprender la inmoralidad que muchos de ellos implican en los ateos, alegando que éstos no poseen restricciones éticas, cuando, como sabemos, el ser humano obtiene los límites de sus actos al considerar las consecuencias de los mismos; sólo así se determina la propia moral.

Pero más allá de las contradicciones de la filosofía cristiana, es sorprendente que luego de miles de años bajo el temor y el adoctrinamiento, los creyentes no intenten ir más allá de las imposiciones y continúen trasmitiendo ideas inertes que nada tienen que ver con nuestra realidad. No hay manera más contundente de negar nuestra naturaleza que optar por no pensar, porque el pensamiento es nuestra principal herramienta de supervivencia; negarla es negarnos a nosotros mismos. (2)

Los argumentos religiosos no pueden ser una guía objetiva, ya que se basan en dogmas, en argumentos de fe; mismos que, de por sí, no remiten significado, ya que es imposible desmentirlos o demostrarlos empíricamente. Siguiendo un razonamiento lógico, podemos concluir que la mejor explicación para algo, si es que hay más de una, es siempre la más sencilla de ellas; por lo tanto, la explicación más razonable sobre si existe o no alguna entidad que pudiera habernos creado, teniendo en cuenta la nula evidencia al respecto, será siempre que no. (3)

Irónicamente, se suele afirmar que la existencia de dios es la explicación más razonable para todo lo existente. En realidad, este argumento es una falacia. Para que cualquier cosa se transforme en la mejor explicación de algo debe, en primer lugar, cumplir el requisito de explicar aquello en cuestión. La existencia de una entidad sobrenatural no explicaría nada en particular. La existencia de tal ser plantearía, en definitiva, más interrogantes que respuestas. Sostener una convicción, no habiendo analizado la naturaleza de las cosas, equivale a pereza intelectual.

 

Sobre el dios de la Biblia:

Si analizamos objetivamente las Escrituras, especialmente los textos que corresponden al Antiguo Testamento, nos encontramos con la descripción de un dios vengativo y capaz de un extraordinario despliegue de criminalidad. El creador que plantea el cristianismo se puede clasificar en dos categorías posibles: Es un ser sádico, que disfruta de observar nuestros intentos de auto represión por temor a un castigo, o bien, se trata de un creador inepto, que censura en su obra las imperfecciones que son su falencia en primera instancia. De haber sido creados, nosotros no pedimos serlo, no tuvimos elección, y cada falencia nuestra sería la suya propia.

Una de las más significativas muestras de maldad deliberada del dios bíblico es, sin lugar a dudas, la idea del Infierno. Se trata de un lugar de tormentos y penurias, donde se infligiría sufrimiento de manera intencional, y dios nada haría por detenerlo. De eso se trata el Infierno, de causar dolor por el dolor mismo, de atormentar a los condenados sin posibilidad alguna de absolución. Me pregunto: ¿Qué pecado es tan grave como para justificar un tormento semejante? Después de todo, cuesta imaginar que un ser humano pudiese cometer actos tan malvados como los perpetrados por mismo dios bíblico. Éste, sobre todo en el Antiguo Testamento, promueve acciones aberrantes y censura actividades totalmente banales en nombre de una doctrina absurda y totalitaria, así como un muy marcado desprecio por la mujer:

 

Zacarías 14:1-2

“Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén, y la ciudad será tomada y serán saqueadas las casas, y las mujeres violadas.”

 

2 Samuel 12:11

“He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomare las mujeres delante de tus ojos y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres en la cama a plena luz del día.”

 

Éxodo 21:20-21

“Y si alguno hiriere a su ciervo o cierva con palo, y muriere bajo su mano, será castigado, más si sobrevive por un día o dos no será castigado porque es de su propiedad.”

 

Deuteronomio 25,11-12

“Cuando dos hombres peleen uno con otro, y se acercase la mujer de uno para librar a su marido de los golpes del otro, y alargando su mano asiere sus partes vergonzosas, le cortarás entonces la mano. No le tendrás ninguna lástima.”

 

Deuteronomio 21,15-17

“Si un hombre tiene dos mujeres a una de las cuales ama y a la otra no, y ambas le dan hijos, si resulta que el primogénito es de la mujer a quien no ama, el día que reparta la herencia entre sus hijos no podrá dar el derecho de primogenitura al hijo de la mujer que ama, en perjuicio del hijo de la mujer que no ama, que es el primogénito.”

 

Oseas 1,2-3

“Dios dijo a Oseas: Ve, y toma por esposa a una de esas mujeres que se entregan a la prostitución sagrada y ten hijos de esa prostituta; porque el país se está prostituyendo al apartarse de Dios. Fue, pues, y tomó por esposa a Gomer hija de Diblain, la cual concibió y le dio un hijo.”

 

Salmo 137:9

“Dichoso el que tomare y estrellare tus niños contra la peña.”

 

Jeremías 19:9

“Y les haré comer la carne de sus hijos y la carne de sus hijas, y cada uno comerá la carne de su amigo.”

 

 

Levítico 12,2-8

“Cuando una mujer conciba y tenga un hijo varón, quedará inmunda durante siete días; será inmunda como en el tiempo de sus reglas. Permanecerá 33 días purificándose de su sangre, pero si da a luz una niña, quedará inmunda dos semanas y permanecerá 66 días purificándose. Al cumplirse los días de su purificación, sea por niño o por niña, presentará al sacerdote un cordero de un año como holocausto, y un pichón o una tórtola como sacrificio por el pecado, Y el sacerdote hará expiación por ella y quedará pura.”

 

Zacarías 14:1-5

“He aquí, el día de Jehová viene, y en medio de ti serán repartidos tus despojos. Porque yo -Jehová- reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, más el resto del pueblo no será cortado de la ciudad.”

 

Deuteronomio 22:28-29

“Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no fuere desposada, y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos; entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta piezas de plata, y ella será su mujer, por cuanto la humilló; no la podrá despedir en todos sus días.”

 

Deuteronomio 22:13-21

“Cuando alguno tomare mujer, y después de haberse llegado a ella la aborreciere, y le atribuyere faltas que den que hablar, y dijere: A esta mujer tomé, y me llegué a ella, y no la hallé virgen; […] Mas si resultare ser verdad que no se halló virginidad en la joven, entonces la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la apedrearán los hombres de su ciudad, y morirá, por cuanto hizo vileza en Israel fornicando en casa de su padre; así quitarás el mal de en medio de ti.”

 

Deuteronomio 22:22

“Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel.”

 

Deuteronomio 22:23-24

“Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se acostare con ella; entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán; la joven porque no dio voces en la ciudad, y el hombre porque humilló a la mujer de su prójimo; así quitarás el mal de en medio de ti.”

 

Es un hecho que la mayoría de los relatos bíblicos tienen que ver con guerras, muerte, violaciones y asesinatos. Sin embargo, dios no aparece en el relato como un ser amoroso que intenta apalear estos males, al contrario, resulta ser quien los promueve en mayor medida. En la fábula del diluvio universal, por ejemplo, aniquila a toda la humanidad sólo por imponer su criterio ético, al estimar que la maldad humana era demasiada o que no había en las personas intenciones de aceptar su doctrina. ¿No es esto ausencia de madurez, autoritarismo y egocentrismo? Este relato nos describe a un dios inmoral, que castiga a muchos por los pecados de pocos, que incluso promueve la tortura y el maltrato, que elimina sin miramientos a quienes no le rinden culto, tan solo porque posee el poder de hacerlo.

¿Cómo podemos reconciliar la violencia bíblica con la idea de un dios misericordioso? ¿Debemos ver bondad en la monstruosa crueldad de una entidad despiadada? Jehová nos propone una existencia terrenal plagada de penurias e injusticias, jamás ofrece solución alguna a tales males, sino tan solo una promesa; pero la misma está condicionada a que adoptemos la fe como medio, a que encontremos virtud en la inmoralidad, gozo en la ausencia y regocijo en la credulidad.

Algunas personas toman muy en serio esta promesa y suponen que sus almas disfrutarán de una eternidad en el Cielo junto a dios; otros, ante la duda, optan por fingir creer. De eso se trata el siguiente planteo:

 

Sobre la apuesta de Pascal:

Blaise Pascal fue un filósofo, matemático y científico francés, considerado una de las mentes más prodigiosas de la Historia. Él formuló un argumento en el cual analizaba las consecuencias de creer o no en dios. Lo ideó para utilizarlo cuando se diese alguna discusión en la que su creencia fuese cuestionada. Su planteo era el siguiente:

“Usted tiene dos cosas que perder: la verdad y el bien, y dos cosas que comprometer: su razón y su voluntad, su conocimiento y su bienaventuranza; y su naturaleza posee dos cosas de las que debe huir: el error y la calamidad. Su razón no está más dañada, eligiendo la una o la otra, puesto que es necesario elegir. He aquí un punto vacío. ¿Pero su bienaventuranza? Vamos a pesar la ganancia y la pérdida, eligiendo cruz para el hecho de que Dios existe. Estimemos estos dos casos: si usted gana, usted gana todo; si usted pierde, usted no pierde nada. Apueste usted que él existe, sin titubear.”

De lo que se sigue:

  1. Si se cree en dios y no existe, tras la muerte no se pierde ni gana nada.
  2. Si se cree en dios y existe, tras mi muerte se gana la vida eterna.
  3. Si se duda de dios y no existe, tras la muerte no se gana ni pierde nada.
  4. Si se duda de dios y existe, tras la muerte se gana la tortura eterna en el Infierno.

Si bien es un planteo lógico, es igualmente falaz:

El primer inconveniente es que no contempla el verdadero sentimiento o convicción del hipotético creyente. Nadie puede optar por creer en algo, ya que no estaría creyendo realmente; además, ¿cuál sería la motivación? Absolutamente ninguna, salvo el temor a represalias por no hacerlo. Por otro lado, el plateo implica la anulación de una de las condiciones definitorias de dios: la omnisciencia. El hecho de optar por creer sin estar sinceramente persuadido por el objeto de dicha creencia, equivale a fingir una convicción, y esto requiere no ser desenmascarado para así evadir el consecuente castigo. No es posible creer en lo que se considera absurdo; esto equivaldría a un autoengaño, y no sería, en efecto, un acto de creencia, sino tan solo una pueril especulación.

Podemos también entender este proceso como una paradoja moral, ya que implicaría la aceptación del engaño para sostener una postura legítima ante los ojos de dios. Entonces, si bien, uno podría suponer que un individuo especulador merecería más un castigo que una recompensa, este argumento sostiene la legitimidad del método especulativo, incuso como basamento para ser recompensado. Esto es, tal como si no existiesen diferencias entre una convicción y la actuación de la misma. Por último, el razonamiento sólo tiene validez desde el punto de vista creyente, ya que un escéptico lo descartaría de plano, dado que, al no creer en dios, toda consecuencia del actuar divino, ya sea para bien o para mal, le sería absolutamente indiferente.

Así como no se puede elegir creer, tampoco se puede creer sin un fundamento, y muchos creyentes hacen justamente eso. Hay quienes dicen creer en dios porque nadie puede probar que el mismo no existe. Desde ya, este razonamiento es inválido, dado que la carga de la prueba siempre recae sobre quien la sostiene, no sobre quien la niega. (4)

 

Sobre el pensamiento circular:

El razonamiento rudimentario e inconsistente es la herramienta que el creyente posee para comprender la realidad. Las interpretaciones de estas personas suelen estar basadas en la fe, la imaginación y los deseos, pero excluyen el análisis crítico.

El pensamiento circular consiste en volver al punto de partida sin indagar absolutamente nada, pero creyendo haber fundamentado un hecho. Es algo así como sustentar un argumento en la auto afirmación de quien lo realiza. Si esta lógica fuese correcta, deberíamos tomar por cierta cualquier afirmación que se auto proclamase como tal, incluso si sólo fuera la opinión de quien argumenta. Se trata de uno de los errores más comunes que quienes se basan en la fe cometen. Ejemplo:

A – ¿Cómo sabes que la Biblia es verídica?

B – Porque es la palabra de dios.

A – ¿Y cómo sabes que es la palabra de dios?

B – Porque la Biblia así lo dice.

Cuando los sistemas de pensamiento no son coherentes, mal podemos esperar una respuesta razonable de quienes los practican. El pensamiento religioso está en contradicción con el normal desempeño de nuestro proceso cognitivo, porque niega la posibilidad de la conclusión, impidiendo así que los eslabones de la cadena analítica avancen y retrotrayendo la idea hasta su punto de partida, una y otra vez.

 

El cristianismo y su influencia:

Las teorías son verificadas al ponerse en conexión con su demostración; la imposibilidad de la misma no implica una segunda explicación infundada. Si no se posee una aproximación científica para un determinado suceso, es ilógico concluir que una explicación imaginada sea probable sólo por carecer de la primera. Todo lo afirmado está sujeto a verificación; quien afirma un hecho está obligado a fundamentarlo. Pero esta fundamentación precisa bases de algún tipo, no basta el no tener un mejor argumento. Por ello no podemos sostener la existencia de un ser sobrenatural basados en la ausencia de respuestas o en la simplificación del proceso deductivo acerca de nuestro origen. Nada que se pueda considerar sobrenatural ha sido verificado jamás y tampoco poseemos elementos de juicio válidos para afirmar su existencia. Podemos entender que la suposición de tales seres se basa en un análisis incompleto, intuitivo y alejado de la razón.

Otro aspecto que deja en evidencia el planteo defectuoso del cristianismo, es el hecho de que para ser considerado moralmente correcto no es necesario ser caritativo, afectuoso o una persona de bien, sino simplemente alguien funcional al sistema que el credo propone. Es como si creer en dios preservara al creyente de las consecuencias de sus propios actos, ya que el Juicio Final, el Infierno y otros tantos, parecieran sólo acarrear consecuencias negativas para quienes descreen o desconocen la doctrina bíblica, sin importar las características éticas que estas personas puedan poseer.

Todas las religiones fueron, desde que las sociedades desarrollaron una organización política y jurídica, el sustento de los Estados; mismos que, a su vez, fortalecieron a las religiones. Este sistema reciproco fundamenta la legitimidad del soberano, los derechos de propiedad y muchos otros mecanismos y convenciones sociales. El cristianismo, en particular, ha ido mucho más allá, monopolizando la educación, el arte y las libertades individuales; imponiendo hipotéticas leyes universales incuestionables; clasificando lo bueno, lo malo y lo punible; haciendo de juez y verdugo. [Ver Capítulo 6] Más aún, la religiosidad transforma a los seres humanos en criaturas insignificantes que no poseen mérito propio ni valor alguno frente a una entidad sobrenatural de improbable existencia. Es común oír frases como “si dios quiere” o “el hombre propone, dios dispone”. Este tipo de enunciados, sólo enfatizan que el ser humano no pone nada de sí, no decide, no hace, no piensa; se trata de verdaderas declaraciones de conformismo. El mérito de los logros es propio, al igual que el esfuerzo, la astucia y la planificación. En todos los aspectos el ser humano hace, deshace y transforma su propia vida en un reflejo de sus inquietudes y anhelos. Atribuir dichos logros a un ser insostenible desde la razón, denota una inequívoca abstracción del contexto real.

Es también necesario recordar el odio exacerbado hacia el conocimiento que el cristianismo ha demostrado históricamente. El daño que la religión cristiana ha provocado es inmenso. Gracias al catolicismo se han atrasado investigaciones científicas desde la época de Copérnico hasta la actualidad. Sólo basta con imaginar cuántas invenciones científicas serían hoy una realidad si la censura al conocimiento no hubiese existido. Por otro lado, es indisimulable el apego al poder que el catolicismo ha demostrado desde sus inicios. La Inquisición, así como guerras santas y colonizaciones, han sido métodos para la expansión geográfica o ideológica, llevadas a cabo en complicidad con los gobernantes de turno. Poco tenían que ver con la difusión basada en verdades o el hipotético bien común que profesaron como fundamento para tales campañas. Toda crítica o ánimo de cambio fueron siempre silenciados, demostrando un autoritarismo y absolutismo ideológico pocas veces visto en la historia de la humanidad.

Los personajes más perversos imaginables: papas, obispos y cardenales, así como una inmensa variedad de representantes de la política íntimamente relacionados con los mismos, han demostrado una inmoralidad extrema; misma que la Iglesia no dudó en avalar, camuflar e incentivar en nombre del inmenso rédito económico y político que dichas prácticas le significaron. Hechos vandálicos, como la destrucción de la Biblioteca de Alejandría o la imposición de la doctrina cristiana a los indígenas americanos, son un recuerdo imborrable del desprecio que el cristianismo ha manifestado por la Ciencia, el conocimiento y los derechos de las personas.

El monopolio ideológico del catolicismo afecta al mundo entero. En América Latina, esta doctrina desempeña un papel preponderante en la sociedad, y se caracteriza por ser un instrumento de peso para el manejo de las personas. Aquí, el catolicismo se ha impuesto por sobre otros cultos, asimilando fieles de manera masiva y generando confianza en las clases bajas por medio de un muy marcado énfasis en supuestos valores relacionados con la defensa del desamparado.

En el catolicismo existe un consenso más bien débil sobre la importancia de dios o la constancia en el cumplimiento de los ritos. Salvo en las variantes más dogmáticas, como el opus dei, los anglicanos y otras ramificaciones fundamentalistas de menor trascendencia, el católico promedio no posee una convicción firme o interpreta el mundo desde su creencia. El catolicismo es, hoy por hoy, prácticamente una convención social; una filiación que deviene de parámetros culturales o hereditarios, sin mayor significancia fuera de este contexto.

El evangelismo, a diferencia del catolicismo, propone una visión más teocentrista. Además, sostiene un consenso fuerte sobre la importancia de la veneración a dios. Todas las ramas del cristianismo protestante comparten una visión de trascendencia espiritual, de legitimación de los ritos y de divulgación ideológica. El evangelismo, aunque menos relevante en el pasado, es tanto o más dañino que el catolicismo en la actualidad. Es uno de los sistemas de manipulación ideológica más difundidos en el mundo. La exacerbación del fanatismo y el absoluto apego del individuo a las Escrituras, se han transformado en los rasgos distintivos de este sistema dogmático. [Ver Capítulo 11]

Existe, en la doctrina evangélica, una muy marcada tendencia anti-evolucionista. De hecho, el Creacionismo es el resultado más notorio de dicha visión. Se trata de un sistema pseudocientífico basado en una colección de teorías, cuyo principal representante es el Diseño Inteligente: [Ver Capítulo 3, 4] una serie de postulados basados en desarrollos teóricos de marcada contraposición con la Biología Evolutiva. [Ver Capítulo 3, 9]

En los Estados Unidos, algunas ramas del protestantismo evangélico han promovido una doctrina anti-darwiniana, boicoteando la enseñanza de la Evolución en las escuelas. Esto ha provocado que muchos institutos educativos en aquel país enseñen una versión desdibujada de la Evolución y la presenten como una mera especulación ante la versión creacionista.

El cristianismo es una gran fuente de infección cultural. Ha demostrado ser tan despiadado como el más formidable enemigo de la humanidad: se ha cerciorado de destruir los valores intelectuales, éticos y las libertades individuales; ha censurado a la Ciencia, negado el sentido común y desnaturalizado lo natural para tornarlo pecaminoso. En el mundo entero la religión cristiana ha sectorizado y dividido a las personas, las ha enfrentado y ha provocado más muertes inútiles que cualquier otra línea de pensamiento en la historia de la humanidad.

 

 

  1. La Naturaleza no conoce de parámetros divinos. Mientras que en la Biblia el pecado es descrito como una transgresión a la ley de dios, toda conducta que nos brinda satisfacción y responde a nuestras inclinaciones naturales no transgrede ley natural alguna. Por tanto, podemos afirmar que no existe parámetro o argumento ético que sustente dicha penalización como ley natural o humana. Se ha inferido que la idea de los valores morales implícitos en nuestra naturaleza nos clarifica al respecto de la necesidad de un origen divino para ellos; esto ha sido históricamente utilizado por el cristianismo como puente para la imposición de hipotéticos valores en la sociedad. La filosofía ateísta es incompatible con la idea de una moral objetiva. El ateo no infiere un sentido de obligación moral implícita, sino que fomenta una moralidad individual. El ateo posee su sentido ético personal, basado en la consciencia de las consecuencias de sus propios actos.
  1. En algunos sistemas filosóficos, el pensamiento es tanto razonamiento como entendimiento. No se distingue el acto inherente de pensar del concepto premeditado de razonar; se interpreta que ambos son, en sí mismos, nuestro parámetro de funcionamiento como seres humanos.
  1. La navaja de Ockham es un principio filosófico postulado por Guillermo de Ockham, según el cual, cuando se tienen dos teorías, en igualdad de condiciones y con las mismas consecuencias, la más simple de ellas tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja. Es uno de los principios más utilizados por el ateísmo.
  1. El onus probandi (o carga de la prueba) es una expresión que señala cuál de las partes está obligaba a probar un hecho en un juicio. Su fundamento es un viejo aforismo: “Lo normal se presume, lo anormal se prueba.” Básicamente significa que quien afirma un hecho está obligado a demostrarlo. Es, junto con la navaja de Ockham, un argumento por excelencia del ateísmo.

 

 

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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