EL SER IMAGINARIO – CAPÍTULO 4

3

 

“Si quisiéramos postular la existencia de una deidad capaz de crear la organizada estructura del mundo, esta deidad en primera instancia debería de ser mucho más compleja que su creación. Los creacionistas simplemente explican la complejidad de la vida postulando una aún más inexplicable y compleja forma de existencia superior. Si nos damos el lujo de postular dicha complejidad e inteligencia superior sin ofrecer ninguna explicación al respecto, bien podríamos ahorrarnos su tratamiento y sencillamente postular la existencia de la vida y complejidad de nuestro mundo tal cual lo conocemos a través de medios quizás muy improbables pero no inexplicables.” – Richard Dawkins, etólogo, zoólogo, teórico evolutivo y divulgador científico británico. (26 de marzo de 1941)

Los cristianos evangélicos han incorporado recientemente nuevas visiones y reinterpretado sucesos relacionados con el inicio del Universo. El principal resultado de esto es el Creacionismo. Como hemos visto en el capítulo anterior, se trata de un planteo anti evolucionista que incorpora a un creador sobrenatural como la explicación primera para la complejidad de los seres vivos. Suelen hacer referencia a la necesidad de que lo existente haya sido diseñado por una entidad inteligente y a la escasa probabilidad de que todo surgiera de manera espontánea. También aducen que el Universo debe haber sido ideado para sostener la vida, ya que existen rasgos de intencionalidad por parte de un hipotético ser en las entidades biológicas. Se oponen a la idea de que los seres vivos se hayan diferenciado a través de un proceso de evolución natural, al considerar que un creador es quien dicta las leyes naturales. También establecen la diferenciación entre lo diseñado y aquello que es producto del azar.

El Creacionismo no es más que una creencia inspirada en dogmas religiosos apoyada por desarrollos teóricos pseudocientíficos, cuyo argumento más difundido es que la Tierra y cada criatura existente provienen de un acto de creación causado por un ser divino. En las últimas décadas han desarrollado una teoría denominada Diseño Inteligente.

El Diseño Inteligente plantea que un ser inteligente fue necesario para crear la información de las estructuras biológicas existentes.  Hay tres argumentos primarios en los que esta teoría erige sus cimientos: La complejidad irreducible, La complejidad específica y el principio antrópico. Sin embargo, podemos decir que se trata apenas de un argumento sin base alguna. Veamos:

Hay muchos ejemplos de objetos que no pueden existir por azar. Una escultura, un edificio, un refrigerador o una pintura, seguramente fueron planeados y diseñados, no pueden existir por azar, ya que es altamente improbable que los materiales tomen formas complejas reconocibles y funcionales para el ser humano; y menos aún que esto suceda de manera espontánea. Pero los sistemas biológicos son organismos vivientes y están sujetos a tres factores que los elementos artificiales no: Reproducción, mutación y selección natural. Es aquí precisamente donde el argumento del Diseño Inteligente deja de ser viable.

No es erróneo afirmar que una edificación fue construida o que un cuadro o una escultura fueron obras premeditadas; ambos son, en sí mismos, pruebas innegables de que fueron diseñados, ya que no hay explicación alguna para que cualquiera de ellos haya tenido un origen natural. Pero no podemos decir lo mismo de la vida sobre la Tierra. En este caso, existe una explicación que es cien por ciento de origen natural, y me refiero a la Evolución. Los objetos manufacturados y creados por el ser humano no se adaptan a su ambiente, no se reproducen y, consecuentemente, tampoco evolucionan ni mutan conforme su entorno se modifica. Y si bien los procesos de reproducción, mutación y selección natural pueden definirse como altamente improbables, efectivamente suceden y, como sabemos, nada hay de azaroso en ellos.

La Selección Natural, por ejemplo, ha favorecido mutaciones de animales que, gracias a sus adaptaciones, pueden cambiar su forma física o color para mimetizarse. El camaleón o el calamar pueden cambiar su color y forma respectivamente. Algunos animales incluso adaptaron su organismo para incursionar en ambientes que les son ajenos. Por ejemplo el Martín Pescador, que desarrolló un plumaje impermeable para zambullirse bajo el agua por breves períodos; o el pez sapo, que puede vivir fuera del agua por horas para luego regresar sano y salvo. Pero además de lo anteriormente expuesto, el concepto en que se basa el Diseño Inteligente es inconsistente, ya que propone a un creador incomprobable como respuesta y, por consiguiente, no pasa de ser más que una mera especulación de carácter no científico.

Llegamos entonces, indefectiblemente, a la única conclusión posible: La Selección Natural y la Evolución son las verdaderas fuerzas modeladoras de los seres vivos.

Los creacionistas suelen argumentar que el Universo ha sido ajustado para la vida humana. También hablan de un propósito implícito en nuestra existencia; mismo que, según dicen, es sólo conocido por el creador. Ellos interpretan que como todas las fuerzas que rigen la vida tienen el valor exacto, el Universo debe haber sido afinado por un ser inteligente. La gravedad es la adecuada, las fuerzas electromagnéticas están perfectamente equilibradas, y todo a nuestro alrededor pareciera conjugarse para sostener la vida. Pero lo que los creacionistas no tienen en cuenta, es que si el Universo no fuera como es, la vida no hubiera surgido nunca. Eso es precisamente lo que ellos ingenuamente definen como diseño: que los valores de todas las fuerzas físicas permitan la subsistencia.

¿Cómo puede alguien interpretar que el Universo fue diseñado para el ser humano? Sólo basta con analizarlo detenidamente y luego a nuestro mundo, para concluir justamente lo contrario.

Según los conocimientos cosmológicos actuales, menos del uno por ciento del universo conocido tiene probabilidades de sustentar la vida; es decir, el 99 por ciento del mismo no es habitable. En el caso de la Tierra, gran parte del planeta no es habitable. Hablamos de océanos y ríos, así como de lugares demasiado altos donde no hay oxigeno o demasiado profundos donde la ausencia de luz o el calor extremo complicarían en gran medida la subsistencia. Además, los accidentes naturales que atentan contra la vida humana son innumerables: Tornados, maremotos, huracanes, tsunamis, avalanchas, incendios forestales, erupciones volcánicas, terremotos, etc. Los animales salvajes también representan una amenaza para nuestra vida: Tigres, leones, osos, tiburones e infinidad de animales venenosos como serpientes, arañas y algunas clases de peces. Tenemos también a las bacterias y virus, que nos pueden aniquilar por cientos.

Las falencias del cuerpo humano tampoco parecen avalar el argumento del diseño divino. Nuestra constitución debería ser eximia y no presentar fallas si ese fuera el caso, pero la realidad es que tenemos muchas deficiencias. ¿Por qué utilizamos el mismo conducto para respirar y para tragar? ¿Por qué poseemos pseudo genes así como ARN y proteínas no funcionales, si no cumplen función alguna? ¿Por qué tenemos apéndice y muelas del juicio, si son inútiles? Y lo más significativo de todo: ¿Por qué los fetos humanos desarrollan cola y pseudo branquias en una etapa temprana de su desarrollo? ¿No son acaso éstos vestigios de evolución? Por otro lado, la improbabilidad de que la vida surgiera por sí sola no imposibilita que el Universo exista sin la intervención de un ser creador. La alta improbabilidad de que ocurrieran determinados sucesos no es fundamentación alguna, sigue siendo necesaria evidencia para sostener la existencia de algo.

Teniendo en cuenta lo expuesto, podemos concluir que el Diseño Inteligente es una farsa, y que ni siquiera debería ser considerado. Además, sus postulados nos llevan a una serie de paradojas. Para entender el porqué de esta afirmación, propongo dos ejemplos del modo en que la paradoja se aplica en cada caso según las posibles interpretaciones de la teoría:

Podemos entender que la vida humana es tan compleja que un ser más complejo aún nos diseñó a nosotros y a nuestro universo, o bien, podemos interpretar que hay rastros de inteligencia en la creación, y concluir que un ente cognoscente nos creó. Cualquiera de estas proposiciones encajaría en la propuesta del Diseño Inteligente, según se dé prioridad a la idea de una complejidad específica en lo existente y la necesidad de alguien que haya definido dicha complejidad, o al concepto de inteligencia inherente a las relaciones que se establecen entre los factores que permiten la vida.

Si creemos que somos muy complejos y que, en consecuencia, un ser más complejo debió crearnos, podemos seguir la misma lógica hasta las últimas consecuencias y suponer que a este ser complejo lo debió crear un ser más complejo aún, y, a su vez, a este ser complejo que creó al otro ser complejo que a su vez nos creó a nosotros lo debió crear un ser mucho más complejo; y así sucesivamente hasta el infinito. En algún punto se podría argumentar que Dios no necesita ser creado, pero esta afirmación negaría la idea primera: que todo lo complejo necesita ser creado, y al negarla estaría negando la teoría por completo; nuevamente estaríamos frente a una paradoja. También se podría suponer que Dios está más allá de nuestra comprensión, por lo que permanecería ajeno a las leyes lógicas y simplemente habría existido siempre, Pero no sería factible saberlo, ya que si así fuera no habría manera de comprobarlo por referirnos a un ser sobrenatural. Sería prácticamente imposible discernir sobre sus características, y menos aún especular sobre si necesita o no ser creado, por lo tanto, no tendría sentido como argumento. En consecuencia, el argumento de que todo lo complejo, lo inteligente o lo perfectamente adaptado a su entorno necesita un creador, falla y no se sostiene racionalmente.

Por último, el pensamiento creacionista nos dice que existe un propósito para todo en el Universo, y que éste es conocido sólo por dios. Sin embargo, podemos decir que el objetivo de la vida es el que cada uno posea para sí; no existen objetivos universales ni seres sobrenaturales que dicten dichos objetivos o rijan nuestro destino. Podemos entender nuestra existencia como un fin en sí, y no como un proceso cuyo fin debemos alcanzar. Esto también torna inconsistente la especulación sobre el sentido de ésta, ya que no hay motivo para pensar que dicho sentido existe.

Todo propósito es el objetivo que tiene una cosa o una acción, y se manifiesta de forma deliberada y voluntaria. ¿Podemos atribuir esta cualidad al Universo basándonos en la hipotética existencia de una entidad incognoscible? Evidentemente, no. En definitiva, este tipo de conclusiones son signos de un proceso analítico apresurado; las pautas de un anhelo tan primitivo como humano y la representación de una búsqueda infructuosa.

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

©2017 Ateístas de Puerto Rico - Privacy Policy - Return Policy - Term of Use

PO Box 362575 San Juan P.R, 00936-2575

informacion@ateistaspr.org

o

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?