EL SER IMAGINARIO – CAPÍTULO 6

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“Es tal la debilidad del género humano, que vale más para él ser subyugado por todas las supersticiones posibles que vivir sin religión. Era mucho más razonable y más útil adorar esas fantásticas imágenes de la divinidad que entregarse al ateísmo. Un ateo que fuese razonador, violento y poderoso, sería un azote tan funesto como un supersticioso sanguinario.” – François-Marie Arouet Voltaire, filósofo, escritor, abogado e historiador francés. (1694 – 1778)

 

La Biblia es verdad porque es la palabra de dios, y dios es verdad. Todo cristiano basa su concepto de legitimidad bíblica en esta afirmación, tal como si su fe no le permitiese dudar del origen de las Escrituras o el acostumbramiento al empleo del pensamiento circular para cada situación insalvable desde la razón le impidiese considerar las evidencias al respecto.

Los Evangelios no pueden tomarse como fuente histórica confiable, ya que se escribieron mucho tiempo después de la hipotética muerte de Jesús. Además, presentan incongruencias históricas sobre la fecha en la que éste supuestamente nació y los acontecimientos que rodearon su nacimiento. Por otro lado, la inmensa mayoría de los hechos allí relatados han sido comprobadamente plagiados de textos más antiguos pertenecientes a creencias mesopotámicas, griegas y persas que datan de más de mil años antes del cristianismo.

Ya en su obra del año 1751, Diccionario Filosófico, Voltaire señaló que los judíos fueron negociantes y usureros mucho tiempo antes que los griegos, babilonios y egipcios, por lo cual, y luego de analizar las similitudes entre relatos cristianos como los de Jefté, el diluvio universal y el arca de Noé con relatos equivalentes de las mencionadas culturas, deduce que el plagio bíblico comienza cuando los judíos fusionan sus mitos con los de aquellos pueblos que negociaban.

Podemos afirmar que el relato bíblico es, sin lugar a dudas, una comprobada fábula mitológica. Esto como resultante, no sólo de reconocer sus analogías con otras creencias y los evidentes desfasajes cronológicos que denotan una innegable ausencia de historicidad, sino también por el hecho de ser un texto de naturaleza puramente fantástica, cuyo único propósito es el de promover la concordancia ideológica con un modelo.

 

Sobre el lenguaje bíblico y la salvación:

Ya desde la antigüedad, los textos religiosos y doctrinarios utilizaron el lenguaje persuasivo para guiar hacia la aceptación de las ideas.

Distintos pensadores le han concedido a la persuasión un carácter negativo más acorde con una suerte de manipulación argumental. Uno de los primeros que opinó al respecto fue Platón. Él distinguió entre la falsa persuasión y la persuasión legítima. Afirmaba que la persuasión debía estar basada en verdades y buscar la difusión del conocimiento. Así, un profesor ejerce una persuasión legítima al divulgar un conocimiento. Sostenía que si se sacrifica la verdad en pos de una artimaña, se obtiene una aceptación de lo dicho, en lugar de una transmisión de la verdad de lo dicho. En sus palabras:

“El Universo fue engendrado por una combinación de la necesidad y la inteligencia. Dominando a la necesidad, la inteligencia la persuadió a que orientara hacia lo mejor la mayor parte de las cosas que nacen. Y de este modo, el Universo, se formó desde el principio, por la sumisión de la necesidad a la persuasión inteligente.”

También Aristóteles definió a la persuasión como uno de los tantos elementos de los que se vale un orador con el fin de obtener el convencimiento efectivo al respecto de una idea, independientemente de la validez de la misma. Podemos perfectamente utilizar dichos criterios para el análisis de la estructura bíblica, dado que, además del analogismo con mitos pre-cristianos, gran parte de los relatos significativos de la Biblia utilizan la persuasión con el fin de presentar los hechos allí relatados de manera funcional a la aceptación del mensaje.

Persuadir equivale a evadir el pensamiento crítico en pos de una aceptación no razonada. Un conocimiento cierto, verídico, no debería persuadir, sino tan solo presentar sus lineamientos para que luego éstos sean aceptados o rechazados con base en el propio discernimiento. Todo intento de injerencia ideológica persigue un objetivo; no existe método sin propósito o mensaje sin finalidad. El efecto del lenguaje persuasivo es, por cierto, pernicioso. Es, en sí mismo, un método ilegitimo de afianzamiento de ideas, dado que las mismas son impresas en la mente por medio del impacto emocional o por el desvío de la verdad argumental, en lugar de ofrecer razones válidas o certeras basadas en criterios objetivos.

Si las Escrituras son la revelación del sistema que dios nos propone para la salvación, ¿no debería el mensaje estar libre de ambigüedades y presentar pautas claras para tal fin? ¿Y no sería lógico que las mismas fuesen comprensibles y universales? Pues bien, la Biblia no ofrece criterio alguno de unificación del discurso, definición del método para alcanzar el ideal propuesto u objetivación del mensaje fuera del relato fabulesco. El texto presenta, de hecho, una dicotomía por oposición entre lo implicado, o discurso oculto; y lo explícito, o discurso evidente. Muchos tramos del relato están sujetos a la interpretación, en lugar de ser fundamentos concretos y objetivos. Descripciones tales como “tomaré tus mujeres delante de tus ojos y las daré a tu prójimo”, “si da a luz una niña quedará inmunda”, o simplemente la designación de “el pueblo elegido de dios”, no apuntan tampoco a un mensaje universal o unificador. (1)

El punto más revelador al respecto del lenguaje utilizado en las Escrituras es, sin lugar a dudas, la metodología argumental, ya que tratándose de una hipótesis de salvación para la humanidad, los criterios que posibilitarían tal cosa están ausentes. No se identifica criterio alguno de verdad o sustento lógico para las propuestas allí planteada. De hecho, el texto fomenta el interés personal en una  salvación individual y egoísta. El relato bíblico supone la declaración de una salida para nuestra especie o un sistema objetivamente inequívoco, rasgo que no está a la vista a lo largo del texto. Cada eslabón en el rumbo hacia la salvación es una propuesta basada en modelos de aceptación o rechazo, inclusión o condena. Por otra parte, la salvación que el texto nos presenta es utópica y contraria a nuestra naturaleza; es decir que sólo se puede acceder a ella en el marco de lo intangible. Así, todo lo que nos define como seres pensantes pasa a ser irrelevante frente a criterios impracticables.

El modelo de trascendencia que el cristianismo propone se basa en dos puntos principales: La utopía de una sociedad perfecta en armonía con la doctrina bíblica y la salvación del individuo basada en la aceptación de dicho discurso. He aquí el dilema: Si deseáramos obtener un criterio de verdad universal que nos permitiese definir soluciones posibles para todos los predicamentos humanos, estaríamos necesariamente adentrándonos en el terreno de lo concreto, factible y aplicable. Entonces, ¿qué nos propone el relato bíblico al respecto? No mucho, salvo esperar la salvación luego de la existencia física, a cambio de creer en la promesa de una entidad indemostrable. La doctrina cristiana está imposibilitada de brindar soluciones para el ser humano en el plano concreto, sólo le es posible ofrecer una promesa como alternativa frente a dilemas de naturaleza terrenal. Por otro lado, los elementos de juicio necesarios para actuar en consecuencia de cualquier problemática implican al pensamiento crítico, primer factor opuesto a la fe.

La razón es la herramienta lógica para obtener conclusiones que permitan prescribir acciones correctivas a cualquier problemática social; en ello, la doctrina basada en la fe encuentra su primer conflicto. La salvación individual es, en contraposición con el modelo propuesto desde las Escrituras, algo irreal e impracticable. ¿Qué recurso nos ofrece el cristianismo en su relato magno además de la promesa de salvación? ¿Cómo podríamos fundamentar la necesidad de idolatrar lo intangible o confiar ciegamente en promesas sin bases concretas? En realidad, no hay nada al respecto en la Biblia, además de una serie de reglas o modelos éticos que son, evidentemente, contradictorios con nuestra naturaleza. Pero, ¿en qué consiste la salvación?

Salvación significa, en reglas generales, la liberación de una condición indeseada. Sin embargo, en lenguaje cristiano, equivale a librar el alma de la esclavitud eterna producto del pecado. Entonces, basándonos en esto comprender qué proceso permite llevar a cabo dicha liberación, hallamos que, indefectiblemente, el único medio posible es la aceptación incondicional de su doctrina.

¿Qué tenemos entonces? La promesa de una vida eterna, a cambio de incorporar aquellas ideas que se nos presentan como la fórmula para la perfección moral.

Estas pautas o modelos éticos resultan insuficientes y se tornan obsoletos en la práctica. Las nociones de “no matarás” o “ama a dios sobre todas las cosas”, nada nos dicen sobre las problemáticas sociales o las implicancias de abandonar el pensamiento crítico para adoptar un sistema sin bases objetivas como el propuesto en la Biblia. Y aquí nos encontramos con la principal falencia del modelo cristiano: Si la pertenencia es el factor determinante para ser merecedor de la salvación, entonces nuestras acciones pasan a ser despreciables frente a un planteo más acorde con una necesidad de adhesión que con adoptar un compromiso en relación a las problemáticas humanas.

El modelo ético que plantea el cristianismo supedita al ser humano a comprometerse con una idea sin motivo alguno, ya que no existen garantías del resultado de creer. Además, si la aceptación de un dogma es requisito para la salvación, deberíamos entonces cuestionarnos al respecto de las consecuencias de dicha elección, pero el cuestionamiento es contrario a la fe. Tampoco queda claro de qué somos culpables, es decir; ¿somos responsables de actos que aún no sucedieron? Después de todo, en esto se basa el planteo primero de la propuesta cristiana. Si la liberación del alma es la opción a la condena eterna, debería existir, en primer lugar, un motivo para tal condena. Sin ser responsables de acto alguno, salvo la posibilidad de incurrir en hipotéticos errores durante nuestras vidas, no existe tampoco un motivo por el cual debamos ser salvados. Por lo tanto, la salvación que propone el cristianismo es utópica, irreal, impracticable, y se derrumba ante el menor análisis.

 

Sobre las similitudes del cristianismo con cultos anteriores:

La Biblia claramente señala que Jesús fue dios encarnado y que a través de su encarnación él pudo actuar como un sacrificio por los pecados de la humanidad como único dios verdadero. (2) La cristiandad suele autoproclamarse como la religión verdadera. Sin embargo, el fundamento para semejante afirmación es únicamente la suposición de la veracidad bíblica. No existen hechos que sitúen al cristianismo en esta posición o verifiquen su legitimidad histórica. Además, el relato bíblico no es sino un registro de experiencias descritas según el criterio de la época. En rigor, no es más verídico que cualquier otro texto religioso.

Las semejanzas entre el cristianismo y cultos de origen mesopotámico, griego o persa no son nada nuevo y están ampliamente documentadas. Algunas de las más significativas se resumen a continuación:

Sargón de Acad. (2334 –2279 AEC) Rey de Acad, Mesopotamia. Fragmento de un texto que relata su infancia:

“Mi madre me concibió, en secreto, ella me llevaba. Ella me dejó en una cesta de junco, sellada con el betún que mi tapa. Ella me llevó al río que pasó sobre mí. El río me llevaba y me llevó.”

Relato bíblico, Éxodo Capítulo 2, Moisés:

“Le tuvo escondido tres meses, al no poder ocultarlo más tomo una arquilla de juncos y colocó en ella al niño y lo depositó a la orilla del río.”

En el segundo caso, se trata de la historia de Moisés, hijo ilegítimo depositado a orillas de un río con la intención de salvarle.

La Epopeya de Gilgamesh o Istubar (relato de Uta-na-pistim) es una narración de la Mesopotamia de origen sumerio del siglo XXVII AEC. Istubar es un personaje legendario de la mitología sumeria, quinto rey de Uruk hacia el año 2659 AEC y protagonista del poema de Gilgamesh. Aquí se aprecian dos elementos claramente utilizados por el cristianismo. Uno es el mito del gran diluvio, al que escapó un elegido por los dioses, incluyendo un arca donde se salvaron animales e incluso el envío de una paloma al final del mismo. El otro es el hecho de que una planta que hubiera podido otorgar la juventud le es robada a la humanidad, incluyendo la intervención de una serpiente, lo que es sorprendentemente similar al mito del Árbol de la Ciencia en el episodio de Adán y Eva del Génesis.

Pero el diluvio universal no es una idea puramente mesopotámica. De hecho, ha sido tratado y transcrito en varios textos sagrados de diferentes culturas. Griegos, egipcios, aztecas, incas, mayas, mapuches, uros y moussayes. Todos ellos han hecho referencia en algún momento de su historia a un gran diluvio al estilo bíblico. Ninguno es tan asombrosamente similar al relato de Noé y el arca como el poema de Gilgamesh, pero todos comparten un factor en común: un diluvio masivo y el destino de un elegido por los dioses en juego. Por otro lado, podemos encontrar en el relato bíblico toda clase de analogías entre el personaje de Jesús de Nazaret y deidades de diferentes culturas, todos anteriores al cristianismo y muchos de ellos con similitudes sorprendentes.

Las semejanzas dogmáticas del cristianismo con religiones que le precedieron, demostraría que su ideario no es el resultado de una revelación divina, sino el producto de un sincretismo religioso. La mayoría de los estudiosos que sostienen esta teoría, también mantienen una postura escéptica en cuanto a la verificabilidad histórica de Jesús. Es en verdad sumamente extraño que siendo Jesús supuestamente un fenómeno social en sus días, no existan suficientes evidencias históricas que lo sustenten. Uno de los historiadores de esa época fue el escritor Josefo. Sin embargo, en los escritos de Josefo se habla en su mayoría de Juan el Bautista, y muy poco sobre Jesús. Algunos estudiosos sostienen que las dos referencias de Josefo sobre Jesús fueron añadidas posteriormente por los cristianos.

La historia de Jesús muestra fuertes paralelismos con personajes de religiones de Oriente Medio, siendo una deidad que se ajusta a un ciclo de vida, muerte y resurrección. La pretendida existencia del personaje Jesús, así como la legitimidad del cristianismo, han sido puestas en duda ya desde la antigüedad.

El filósofo romano Celso reflexionaba en plenos inicios del cristianismo sobre los fundamentos éticos y el funcionamiento de este nuevo culto. Él plasmó en su obra, El discurso verídico, sus impresiones al respecto. Se preguntaba, por ejemplo, cómo era posible que los cristianos propusieran la aceptación incuestionable de Jesús como requisito para ser salvos. Él pensaba que toda la creación de dios debía, por simple sentido común, estar en igualdad de condiciones, y no ser la salvación una recompensa por aceptar a un semidiós. También cuestionó la idea de un dios que se ocupaba de los mortales de manera exclusiva, algo que, a su criterio, era descabellado y carecía de cualquier sustento.

Miguel Servet, teólogo y científico español, encontró la muerte en el año 1553 acusado de herejía. En su obra, De los errores acerca de la Trinidad: estructura y contenido, Servet argumenta que el dogma de la trinidad carece de base bíblica, ya que no se halla en Las Escrituras, sino que es fruto de elucubraciones posteriores. También habría negado la validez del bautismo infantil y la legitimidad histórica de Jesús. Parte de su fama posterior se debe a su trabajo sobre la circulación pulmonar, cuyo descubrimiento se le atribuye.

En el año 1616, Giulio Cesare Vanini, filósofo y profesor italiano, publica su obra De admirandis naturae reginae deaeque mortalium arcanis (De los maravillosos secretos de la reina y diosa de los mortales, la Naturaleza). En ella planteaba la hipótesis del origen del ser humano a partir de primates, así como su apreciación personal sobre la imposibilidad de la inmortalidad del alma. Vanini rechazaba al cristianismo; sostenía que no era más que una ficción fomentada por los clérigos. Como resultado de sus afirmaciones, debió huir. Años más tarde fue condenado en Toulouse. Su lengua le fue cortada, también fue estrangulado y quemado.

Finales del siglo XVIII, Francia. Dos intelectuales: Constantin Francois Volney (1757-1820) y Charles François Dupuis (1742-1809) especulan al respecto de la improbabilidad del Jesús histórico, así como sobre la similitud del relato bíblico con otras religiones anteriores a la doctrina cristiana. Sostenían que Jesús nunca existió y que el mito es producto de mentes desinformadas o interesadas en obtener un rédito difundiendo dicha historia. El primero de ellos, Constantin Francois Volney, argumentó en su obra, Orígenes de Todos los Cultos, que el cristianismo no es sino una adaptación del culto a Mitra.

En los años 50, Robert MacNair Price, escritor y teólogo, afirmó que Jesús fue sólo un compendio de las culturas griega, egipcia, judía e incaica.

Ya en la actualidad, Dan Barker, un ex pastor evangélico, hoy ateo, declara que no existe una sola mención histórica de un tal Jesús, ya sea por parte de los romanos o de los judíos durante el lapso que se supone existió.

Si de similitudes entre Jesús y otras divinidades de la antigüedad se trata, podemos citar a dos dioses en particular que se cree son el antecedente del mismo. En primer lugar, tenemos a Dioniso. Es el dios tracio del vino, considerado promotor de la civilización, legislador y amante de la paz, así como dios protector de la Agricultura y el Teatro. Dioniso era también conocido como Baco, nombre con el que fue asimilado en la mitología romana. También se creía que fue hijo de una mujer mortal, Sémele, y engendrado por un dios, Zeus. Al igual que Jesús, regresó de entre los muertos y convirtió el agua en vino.

Por otro lado, tenemos a Mitra, deidad principal de la religión mitraísta persa.

Las primeras evidencias del culto a Mitra datan del año 71 o 72 de la era común. Incluso Plutarco escribió sobre los misterios de Mitra. El mitraísmo se extendió por todo el Imperio Romano. Este culto convivió con el cristianismo durante sus primeras etapas hasta la llegada de Constantino, quien se cree intentó fusionar ambas doctrinas. Las similitudes del mitraísmo con el cristianismo son abrumadoras.

El nacimiento de Mitra se conmemoraba el 25 de diciembre. Sus adeptos santificaban el domingo, día del Sol. Acostumbraban bautizar con agua, mientras imponían un signo en la frente a quienes ingresasen en el culto; esto con el objetivo de la expiación de los pecados. Hacían lo propio al comenzar algún rito en sus templos o mitreos, en cuyas entradas ubicaban vasijas con agua bendecida por los sacerdotes. También bendecían el pan y el vino, mismos que luego de la ceremonia eran repartidos entre los participantes para ser consumidos a manera de la carne y la sangre de Mitra. Todas estas ceremonias estaban presididas por padres o sacerdotes, quienes se encontraban por debajo del “padre de los padres”, una especie de sumo pontífice de la época.

Es de destacar que muchas fuentes cristianas han intentado restar mérito a estas similitudes, alegando que el mitraísmo fue posterior al cristianismo. Pero lo cierto es que el culto a Mitra surgió en el siglo II en el mediterráneo oriental, desde donde se difundió posteriormente al Imperio Romano.

¿Cómo se explican las coincidencias entre cultos?

Las teorías más aceptadas al respecto nos dicen que tiene que ver con cómo se entendían los movimientos solares y la influencia que los mismos han tenido en los seres humanos de la antigüedad, así como en la manera en que tales impresiones se adaptaron a las respectivas creencias. Muchas deidades de la antigüedad eran representaciones del Dios Sol, una concepción antiquísima del dador de vida, luz y calor. Por este motivo, y siendo que prácticamente todas las creencias compartían una raíz común, los cultos mesopotámicos, egipcios y griegos, así como la gran mayoría de los dioses de aquel entonces, presentaban características comunes como fechas de nacimiento, modo en que fueron concebidos y rituales de consagración o veneración. Por otro lado, gran parte de la simbología ritual de la época fue adaptada por el cristianismo y tomada como propia con el objetivo de masificar el mensaje, encontrar una estructura común con los ritos existentes y obtener una aceptación rápida pero escasamente resistida. Entonces, ¿qué factor transformó al cristianismo en relevante? Y ¿Por qué no desapareció al igual que los mitos pre-cristianos que le dieron origen? La respuesta es, por conveniencia política. (3)

 

Sobre la legitimación del cristianismo:

El sistema político romano entendió perfectamente que no tenía sentido oponerse a lo que era políticamente conveniente y agradaba a las masas. Todo fue planificado con el fin de canalizar y centralizar el poder político. La religión es el primer frente de manipulación intelectual de las cúpulas de poder. Existen muchas maneras en que una persona puede ser manipulada. La religión resulta ser una de las más efectivas, ya que sus métodos no se cuestionan, y esto la transforma en uno de los medios menos resistidos por las sociedades. Además, es el sistema de pensamiento más rápidamente asimilado por las masas populares poco instruidas, dado su escaso poder de análisis.

Alrededor del siglo tercero, los conflictos internos y las invasiones ponían en jaque al Imperio Romano. En el año 295, aparece en escena Dioclesiano, quien crea un ejército imperial pensado para entrar en acción ante cualquier invasión externa, aunque en su mayoría se ocupaba de disturbios intestinos. Constantino, un soldado de 17 años, ingresó para prestar servicio en el ejército imperial de Dioclesiano, transformándose paulatinamente en un favorito y posible sucesor al poder. Por ese entonces, se afianzaba en Roma una nueva creencia, el cristianismo; una religión que, a diferencia del culto romano, era monoteísta, y, en su gran mayoría, estaba constituida por las clases sociales más humildes. Posteriormente, Dioclesiano comienza a perseguir a sus seguidores, ya que el nuevo culto propiciaba el desorden social, dada su alta conflictividad y su firme oposición a convivir con otras doctrinas. Pero los disturbios, lejos de cesar, aumentaron. Al morir Dioclesiano, Constantino fue nombrado emperador. Éste, sabiendo que no podía gobernar un imperio dividido, proclamó la oficialización del cristianismo en el Concilio de Nicea en el año 325. Tenemos entonces una intención de control político, de unificación, y no de aceptación o reconocimiento. La manipulación otorga poder y elimina a los enemigos sin malgastar recursos.

Se puede entender que la sublevación y el desorden social forzaron a Constantino y definieron la legitimación del culto, pero también podemos ir más allá y analizar otra perspectiva que repercute aún en nuestros días.

En aquella época, casi todos los cultos eran politeístas o, en su defecto, veneraban a dioses y semidioses en un mismo credo. El cristianismo, a pesar de ser una nueva religión, ofrecía características que podemos entender como convenientes desde el punto de vista político. ¿Por qué? En primer lugar, porque un culto monoteísta hace referencia al poder unipersonal, soberano e incuestionable. Por tanto es, en cierto sentido, una alegoría del poder imperial, y, si se quiere, una metáfora del gobernador supremo. En segundo término, tenemos que el sistema social, como se lo concibe desde el Imperio Romano hasta el día de hoy, está organizado con una cabeza fuerte como gobernante, asesorada por unos pocos, y una inmensa mayoría que jamás tendrá acceso al poder. El mito, como toda creencia arraigada culturalmente, será una fuerza que destruirá o combatirá ideas y formas sociales. Entonces, legitimará también los sistemas de liderazgo. Veámoslo de la siguiente manera:

Pensemos en una pirámide, donde la cima es la cúpula de poder y la base es la masa social que alimenta esa cima; he aquí el esquema jerárquico tal como el monoteísmo lo legitima. Luego, imaginemos una pirámide invertida, donde la cima equivale al acceso a la información y la sección más pequeña de la pirámide -la sociedad toda- se encuentra en el absoluto desconocimiento.

 

Sobre las persecuciones de cristianos:

Las persecuciones de las cuales se supone los primeros cristianos fueron víctima, son al menos dudosas, ya que las evidencias sugieren que muchos de los hechos fueron exagerados, o tal vez inventados, con el fin de convertir en mártires a determinados personajes.

En el año 1763, Voltaire publica el Tratado Sobre la Tolerancia. (4) En él especula sobre la persecución sufrida por los primeros cristianos. Voltaire se preguntaba: ¿Cómo es posible que los romanos que no perseguían a nadie por motivos religiosos, hayan sido cruentos perseguidores de los primeros cristianos? Y concluye que esto era totalmente falso; él argumenta: “Los romanos no imponían su religión, todas eran toleradas.”

Voltaire también se preguntaba si no sería el cristianismo una religión intolerante por naturaleza, dado que los cristianos no tenían asunto alguno que dirimir con los romanos. En realidad, no existía para ellos más enemigo que los judíos de la época, por ello insinúa que los mismos cristianos podrían haber provocado el disgusto de las autoridades romanas.

En lo personal, creo que las evidencias del comportamiento cristiano parecen demostrar que así fue. Basta con analizar los antecedentes de la época. (5)

En la ciudad egipcia de Alejandría, el cristianismo protagonizó innumerables hechos de violencia y desmedida intolerancia hacia otros cultos: Linchamientos públicos de ciudadanos judíos, saqueos y agresiones a no creyentes o politeístas, así como toda clase de altercados por motivos religiosos. Los hechos más significativos al respecto fueron, sin dudas, la destrucción de la Biblioteca de Alejandría y la ejecución de Hipatia.

La Biblioteca de Alejandría fue creada por la dinastía ptolomeica y llegó a convertirse en el archivo más grande de aquel entonces. Se cree que fue fundada alrededor de los primeros años del siglo III, y que albergó más de 700.000 volúmenes. En el año 390, la Biblioteca de Alejandría dejó de existir en manos de los primeros cristianos. Éstos dieron rienda suelta a su ira, quemando y destruyendo por completo el edificio con sus obras. No conformes con semejante acto, un año más tarde los templos no cristianos de la época fueron saqueados en toda Alejandría. Además, la filósofa y maestra neoplatónica Hipatia fue asesinada por negarse a traicionar sus ideas y convertirse al cristianismo. El arzobispo de Alejandría, San Cirilo, la despreciaba por ser un símbolo de la Cultura y la Ciencia de aquel entonces. Su asesinato se llevó a cabo en el año 415, en manos de un grupo de feligreses de Cirilo.

Los testimonios que poseemos de la persecución que los cristianos alegan haber sufrido nos llega de manos de ellos mismos y escasamente de fuentes históricas externas. Entonces, y teniendo en cuenta que el cristianismo ha utilizado históricamente estos argumentos como herramienta para justificar sus propias persecuciones, especialmente durante la Inquisición Europea, la veracidad de tales actos es dudosa. La conclusión más lógica es que los mismos cristianos provocaron la persecución de que dicen haber sido víctima, dada su alta conflictividad; esto, desde luego, si es que dicha persecución realmente existió.

 

 

  1. El sentido múltiple u oculto de la argumentación, ha sido tema de estudio de numerosos teóricos de la dialéctica. Aristóteles, Platón, Sócrates y otros han definido las manifestaciones argumentativas orales y escritas. El tema de las subjetividades o discursos aparentes y explícitos es, de hecho, un método de muy antigua data.

 

  1. Resumido del texto correspondiente a Juan 3:16

 

  1. El término “pagano”, mismo que significaba “Hombre de campo” antes del cristianismo, pasó a ser la denominación con que los primeros cristianos identificaban a los seguidores de otros cultos religiosos.

 

  1. En su obra, Tratado Sobre la Tolerancia, Voltaire también sostiene que los romanos difícilmente se ocuparon de los cristianos, ya que no tenía otra preocupación más que gobernar y civilizar el mundo. Cita textual:

 

“El gran principio del senado y del pueblo romano era: (Deorum offensae düs curae; sólo a los dioses corresponde ocuparse de las ofensas hechas a los dioses.) Aquel pueblo rey sólo pensaba en conquistar, en gobernar y civilizar al Universo.”

 

  1. Nicolás Maquiavelo argumentó también a este respecto, alegando que, a su parecer, el cristianismo utilizaba métodos cuestionables para imponerse entre las masas. Cita textual:

 

“Cuando surge una nueva creencia, su primera preocupación es extinguir a la anterior. Esto se observa en el comportamiento de la religión cristiana, que anuló todo recuerdo de la antigua teología. Persiguió todos los recuerdos antiguos, quemando obras de poetas e historiadores, estropeando imágenes y cualquier otra cosa que conservase recuerdos de antigüedad.”

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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