Intromisión del Estado en la libertad intelectual de las personas

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¿Cuál es el fundamento de nuestros derechos? ¿Sobre qué bases erigimos nuestra absoluta potestad sobre lo que nos rodea? Podemos decir que, en el sentido más elemental, nuestros derechos se fundamentan en la consciencia del uso de la racionalidad, característica que sitúa a nuestra especie por encima de toda criatura o circunstancia. (1)

Pero la naturaleza humana es tanto racional como libre. Cuando actuamos conforme a nuestra libertad intelectual, estamos funcionando en concordancia con nuestra naturaleza. Por lo mismo, se debería entender que el adherir a tal o cual ideología es sólo concerniente a los intereses de cada uno. En un sentido más amplio, las nociones con las que se puede o no concordar se definen de acuerdo a lo que el individuo considere, y es un criterio tan diverso como individuos existen.

Ningún sistema de pensamiento unifica todas las nociones y criterios. Por lo mismo, ninguno de éstos debería utilizarse como pauta de inclusión o exclusión del Estado sobre las personas. Cuando el Estado impone una opinión a la sociedad, está irrumpiendo en la libertad intelectual de todos. No existen fundamentos que sustenten la preponderancia de una idea sobre el derecho a la autonomía de nadie.

La imposición ideológica equivale a un avasallamiento de los derechos y se manifiesta como una acción que desestima la igualdad en pos de direccionar el pensamiento. El Estado no debería jamás fomentar tales acciones ni permitir que grupo o persona alguna las lleve a cabo. Tal es el caso de las creencias religiosas, que suelen ser patrocinadas por el mismo Estado dentro de un contexto social que no necesariamente las comparte. En estos casos estamos frente a una atribución ilegítima.

La existencia de sociedades no es sino el resultante del mismo instinto de supervivencia que nos lleva a relacionarnos con otros para afrontar situaciones que individualmente no podríamos superar. A fin de cuentas, el individuo es la base de toda concepción social, así como el motivo primero para entender la necesidad natural de su prevalencia como unidad individual, fundamento éste que debería ser suficiente para que los propios intereses particulares sean respetados.

Ni el progreso ni la felicidad están anclados a una noción religiosa. Como occidentales, hemos sido formados con la idea de que el cristianismo es una guía, un amparo moral. Sin embargo, bien sabemos que la moralidad humana dista de ser una concepción religiosa. Nuestro sentido del bien y del mal se desprende de la capacidad que poseemos para considerar el resultado de nuestras acciones, no de la predisposición que demostremos para creer en realidades supra terrenales. La religión no es un método para encausar a las personas ni funciona como una fórmula para el cumplimiento de nuestros anhelos; es más bien un sistema que nos retrotrae al salvajismo y nos hunde en la ignorancia y el conformismo.

La felicidad no está en buscar a un dios de dudosa existencia, en el cristianismo, el islam o el judaísmo, sino en hacer todo lo posible por progresar como individuos que aporten a una sociedad que, de manera recíproca y en absoluta concordancia con nuestra naturaleza, respeta nuestra libertad intelectual.

 

  1. Un derecho sólo puede ser entendido como tal en materia de interacción humana. De hecho, sólo nuestra capacidad de abstracción teórica posibilita la estructuración de una concepción semejante. Tenemos entonces que el interés individual encuentra su medio en la existencia de derechos individuales, a la vez que tales derechos devienen indefectiblemente de la razón, ya que es la única guía para regir las acciones correctivas que afectan a las sociedades y el mejor criterio posible que poseemos como seres pensantes. Asimismo, funciona como un medio para actuar en pos de alcanzar la felicidad y definir pautas para favorecer la felicidad de otros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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