La Iglesia en la Upi

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Escrito por Eliezer Márquez
Publicado con permiso del autor

“Literatura y Religión”, así se llamaba el curso, antes de que yo desplegara por la universidad la siguiente boleta:

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Después de eso le cambiaron el título a: “Grandes obras de la literatura religiosa”. Este curso fue creado por el profesor Ángel Rosa Vélez y es él mismo quien lo tiene por las riendas. De hecho, el prof. Rosa lo promociona en sus clases de Español Básico como lo mejor del mundo. Muchos estudiantes del recinto de Río Piedras lo toman como electiva porque les atrae el título; pero resulta que es la misma mierda en contenido.

He aquí un breve trasfondo del insigne profesor.

Ángel Rosa Vélez es hijo de un pastor protestante que nadie conoce. En los días en los que le empezaron a salir canas fue maestro de escuela elemental y después de conseguir un doctorado en SUNY deseó vehementemente una cátedra en el Departamento de Estudios Hispánicos de la UPR-RP, pero con todo y su inflado currículo, (inflar un currículo es hacer parecer monstruoso algo que no es tan monstruoso como aparenta; mostrarse como un Chomsky cuando en realidad se es algo inferior a un Coelho) no consiguió el sitial que deseaba, y desde entonces ha tenido que conformarse con dar cursos en Estudios Generales, algo resentido con los ateos que lo rechazaron. También ha escrito unos estudios sobre los cuentos de Cortázar que nadie cita y unas malísimas novelas, creyendo que tiene todos los defectos y ninguna de las virtudes de un verdadero escritor[1]. Aunque estudió en SUNY, cuidado, su ego presume que fue en Harvard. Su mayor aportación histórica ha sido prologar los libritos de los Simposios Interreligiosos que planifica y celebra en la Primera Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo de Bayamón, porque solamente para eso le alcanza su coeficiente intelectual.

En el semestre enero-mayo 2013 me matriculé en el curso, del mismo modo que muchos: porque me llamó la atención el título y porque necesitaba una electiva de literatura. Pero me encontré con la sorpresa de que el curso tenía que ver muy poco con la religión en general. En el prontuario, una novela de Ángel Rosa Vélez, aparecía como “lectura sugerida”. Pero de pronto al profesor se le ocurre y le parece que, para terminar el curso, teníamos que obligatoriamente conseguir y leer su propia novela. Los cuentos de Borges, las otras obras de autores de la talla de García Márquez, Unamuno y Octavio Paz, incluídos en el prontuario, estaban de adornos llamativos.

Nadie objetó nada, pero yo me gané la ojeriza de este hijo de pastor cuando cuestioné su movida…

¿Pasarle por encima al autor de “Ficciones” y al autor de “Crónica de una muerte anunciada” para obligarnos a comprar su propia novela?

Esto sí es el colmo soberbio de la arrogancia. Se me hizo evidente en las primeras páginas de la novela en la que acababa de gastar veinte dólares, que adolecía de ser ese tipo de literatura nati-muerta, insalvable, de las que tienen que existir por la necesidad de contrastar la buena literatura con la mala literatura.

El prof. Rosa me amenazó con demandarme por difamación, por las declaraciones públicas que hice de que estaba utilizando el curso para vender su novela y los libros de los simposios interreligiosos. Entonces, preguntando a estudiantes que habían tomado el mismo curso anteriormente, me enteré que también había pedido en semestres anteriores que, no solo compraran los libros de los simposios de la congregación con cuyo pastor guarda estrechos vínculos (Primera Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo de Bayamón) y su novela, sino un libro de poemas de su propio hermano: Otho Rosa. Cuidado y ahora no le dé con pedirle a los estudiantes que compren la premiada novela de su propio hijo Luis Othoniel. Negocio redondo y en familia, a cuenta de los bolsillos de los estudiantes de la universidad pública del país. Así es la cosa.

El prof. Rosa quería montar una demanda sin fundamento dejándose aconsejar por un tal Aarón Gamaliel Ramos, un mofletudo hablador, y aquella perreta de autor herido quedó en nada. Fue una astuta movida de aire para que yo me callara: el prof. Rosa tuvo que quedarse con los brazos cruzados, porque no tenía base para comenzar una demanda en mi contra por difamación y libelo.

¿Pero cómo comenzó todo esto de amenazas de demanda y diretes ante las autoridades universitarias?

Cuando vi mi nota final en clase, el próximo paso obligado fue pedir una revisión de nota. Algo no me cuadraba: había hecho todo, en los tres exámenes saqué dos A y una B, ¿Cómo era que sacaba una B en la clase? El prof. Rosa se negó a concederme tal derecho, por lo que fui a donde el Licdo. Texidor, Procurador Estudiantil.

[NOTA: La revisión de nota es un derecho institucional, no una concesión que queda a la discreción del profesor concederla o no. Como estudiante usted tiene el derecho de saber cómo fue evaluado y qué criterios justos e imparciales utilizó el profesor para computar una calificación.]

Pero el prof. Rosa se sentía exento de cumplir con esta obligación y el día que me reuní con él, por mediación del Licdo. Texidor, se sentó lo más jaquetón en su silla y en un modo monástico me dijo: «Hazme tu petición».

¿Petición? La revisión de nota no es una petición que uno tiene que rogarle al profesor como si éste fuera el Papa. Ya el Licdo. Texidor le había dicho al prof. Rosa cómo debía proceder, pero ese día, con su orgullo sangrando, se despachó con la cuchara grande, no me mostró los exámenes, se acaloró, me dijo que yo era un irrespetuoso y que él no iba a discutir más conmigo. Otra vez tuve acudir a donde el Licdo. Texidor y después de varios meses de insistencia, se le obligó a mostrar los exámenes. Sin embargo, ese día, delante de la Decana Evelyn Martínez, el prof. Rosa hizo una declaración reveladora:

«A estas alturas, yo no sé por qué tú te matriculaste en mi curso siendo tú una persona que hablas tan mal de la religión…», añadiendo que él entendió que yo fui “desacertado” en matricularme en su curso, y que por ello me penalizó. Testigo de esta declaración fue la Decana Martínez.

Ahora quedaban explicadas las inexplicables dos C que hicieron declinar mi nota. Era una evidente táctica de salirse con la suya sin mostrar nada.

Entendamos el planteamiento del profesor Rosa: yo penalizo a todo aquel que se matricule en mi clase y sea una persona anticlerical. Para él, eso es pecar de ignorante y ser “desacertado”.

¿Tiene esta acción algún nombre?

Sí, anótelo: se conoce como discrimen. Eso sí es lo “desacertado”. No explicar con causas naturales y claras unas notas, dar unas notas como quien saca conejos de un sombrero, y negarse a mostrar evidencia, y encima ser tan burdo de añadir que de todos los estudiantes, el que hablaba mal de religión, en una clase de religión, es el que se vio afectado en su calificación final.

Después de todo, siendo el prof. Rosa el que tiene el poder de dar una nota, es también quien tiene la “carga de la prueba”. Sin embargo, no podía probar de qué milagro nacían esas dos notas, aparte de haber admitido que yo fui desacertado en matricularme en el curso sobre literatura y religión por ser un estudiante que habla mal sobre la religión. ¡Vaya, vaya!

La afinidad o resistencia que se tenga personalmente y que se manifieste hacia una religión, no puede afectar una nota. Esto, dejo por claro, no es opinión mía, sino la opinión del Lcdo. Rafael Texidor como procurador estudiantil. No lo puede hacer la misma Universidad Interamericana que tiene bases de fe cristiana, ¡ya lo vamos a dejar pasar en la propia universidad del país, cuya constitución prohíbe el discrimen por dichas razones!

Y luego el prof. Rosa y muchos cristianos como él se preguntarán porqué soy desconfiado hacia la religión. Es que la religión sigue siendo hasta este siglo, en el fondo, el mismo viejo león inquisitorial. Tan pronto tienen algún poder, lo emplean en detrimento de aquellos que disentimos de su supuesta “verdad”.

Hago un llamado a las autoridades universitarias para que regulen bien estos cursos. En especial este curso requiere ser puesto en moratoria. El profesor Rosa creó el curso (Espa 3136) y es el único profesor que lo otorga desde entonces. Este curso necesita ser re-estructurado en el más aceptable de los casos, y en lo menos aceptable, debería erradicarse de la oferta académica completamente porque, como ya se ha visto, abre las puertas y el permiso para el discrimen descarado. Tienen que haber otros profesores que lo otorguen, y en todo caso: profesores que estén preparados en temas de religión, si es que el curso va a seguir impartiéndose, para evitar que un profesor de pronto se sienta dueño territorial de un curso en el que puede tratar a los estudiantes como todo un señorón feudal trata a sus subalternos.

El profesor Rosa es un doctor en literatura, No es un doctor en religión, o en historia de religión o en algo relacionado; y para completar es cristiano: el curso se va en sus explicaciones sobre la fe cristiana y la teología de la liberación. ¿Y las otras religiones qué? Apenas se consideran. Por eso el curso sirve de excusa para: “Christianitatem, quocunque modo, Christianitatem”.

El caso aquí planteado fue elevado al Decanato de Asuntos Académicos, pero llegó a mis manos una carta fechada el 3 de junio de 2014, en donde la Decana Tania García Ramos se desentendió del caso de la siguiente manera:

“…el (el Profesor Rosa) mismo pudo presentarle evidencia de las notas obtenidas en los exámenes y trabajos realizados, así como los criterios utilizados para la calificación, por lo que entendemos que la calificación es final.”

Tal como quedó escrito: la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras avala los criterios discriminatorios que el profesor Ángel Rosa Vélez usó para otorgarme una calificación que no respondía a mi trabajo como estudiante, sino a un mal gusto personal que tenía hacia mí por manifestarme de un modo anticlerical. Así queda impone una acción discriminatoria, sin más ni más.

Entonces qué tenemos aquí: una Universidad secular, que se rige por principios legales constitucionales, haciendo caso omiso a una evidente acción discriminatoria. ¿Y cómo se ha llegado hasta esto? ¿Cómo es que el criterio religioso determina una calificación? Porque el curso propuesto por el Profesor Rosa es una iniciativa amigada al Seminario Bíblico Evangélico. Es decir: seminaristas de allá pueden tomarlo con permiso bajo el título “Imágenes de Dios y el Ser Humano en la Literatura Moderna” porque puede ser convalidado; pero mi problema es que, con ese nexo, el profesor Rosa se ha creído que puede a mí, como estudiante de una institución secular, penalizarme por manifestarme en contra de la religión. Aquí el prontuario que en su primera página establece su amiguismo con esa institución:

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Es decir, el Profesor Rosa ha implantado astutamente la Iglesia a la Universidad del Estado, evaluando a estudiantes de una educación secularizada con un prontuario o rúbrica al que una institución de confesión cristiana le ha dado su visto bueno.

¿A dónde hemos llegado? ¿Cuándo fue que esto pasó? ¿En qué parte dejamos entrar a la universidad a los profesantes del medioevo que en otro tiempo llamaban “pecado nefando” a la homosexualidad y que le desgraciaron la vida a Oscar Wilde?

Deja de ser sorpresa así que el profesor Rosa tenga que admitir cándidamente su indisposición contra un alumno que se pronuncia anticlerical. ¡Pues claro! “Quien tiene en las venas sangre de teólogo adopta desde un principio una actitud torcida y mendaz ante todas las cosas”, lo dijo Nietzsche. ¡Pues claro! No funciona del todo su adoctrinamiento proselitista y hay que castigar al que no se somete. ¡Y qué osadía! Usar la libertad de cátedra, ¡la Universidad del Estado!, para adelantar intereses privados religiosos. Como he mencionado anteriormente, este profesor es el cabecilla de Simposios Interreligiosos celebrados en la Primera Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo de Bayamón. Quieren dar la apariencia de que son “openminded” y “tolerantes”, pero dentro de sí llevan vivo el germen inquisidor. ¿Y qué han hecho las autoridades universitarias? Mirar a las mariposas salir de las crisálidas…

El profesor Rosa, una momia que no se resigna a su cámara funeraria, continúa lo más campante dando el curso dominical. Hay estudiantes que lo encuentran maravilloso porque es el curso más fácil que hay en la oferta disponible (la verdad sea dicha). Es, para valerme de una imagen genial de George Elliot: un “Gosén de la mediocridad”. Es ir a darse un paseo de hongos musicales con el prof. Rosa y sus delirios luteranos. Por supuesto, siempre y cuando no te le vayas en contra a la ortodoxia que predica y le compres sus libritos, para él ser feliz en la ilusión solitaria de que es un autor publicado pero que nadie lee.

Y así es como la Iglesia lleva varios semestres en la Upi, sin que las autoridades universitarias hayan tomado una acción seria en el asunto.

 

 

Eliezer Márquez Ramos es estudiante de literatura en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Rio Piedras y, aunque no es periodista, forma parte del grupo de colaboradores de Diálogo Digital.

Músico, arreglista, productor del podcast Boricuateo y uno de los fundadores de Ateístas de Puerto Rico. Elisaúl es natural de la ciudad de Quebradillas, pero reside en San Juan, Puerto Rico. Graduado de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Estudió pedagogía musical. Para más información, puede seguirle en twitter (@ateotron) y/o buscar su “fanpage” en Facebook, bajo el nombre “Elisaul”.

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