La predicción de la ciencia moderna: Epicuro versus Mahoma

El siguiente artículo fue escrito por Richard Carrier y publicado en Infidels.org. Ha sido aquí replicado con el permiso de ambos con la intención de contrarrestar la apologética pseudo-científica musulmana que insinúa que el Corán es un “milagro” en si mismo por su “brillantez científica”. Aclaremos: el único “milagro” atribuído a Mahoma (su “viaje nocturno”) sucedió en la privacidad de su imaginación y consistió en volar los siete cielos y conocer a profetas previos en un caballo alado llamado Buraq.

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moandepEn nuestro debate en Michigan durante el 2004, donde Dan Barker y yo discutimos contra Michael Corey y Hassanain Rajabali, nuestros oponentes afirmaron que el Corán predijo milagrosamente ciertas afirmaciones ya establecidas por la ciencia moderna. Hice la observación de que los seres humanos habían hecho ‘predicciones’ no-proféticas similarmente prescientes, como cuando Tales por primera vez expresó la idea de que toda la vida vino de las aguas, y que el Corán no puede pretender ser profético si sus ideas provienen de una fuente no divina anterior, o si a alguien se le pudo haber ocurrido claramente la misma idea sin ayuda divina.

Dan añadió que si haces suficientes profecías, algunas serán ciertas incluso por accidente, y que cualquier oportunidad para que sucediera un verdadero milagro de profecía científica en el Corán se desperdició, evidentemente. Por ejemplo, ¿quién necesita saber acerca de la expansión de Hubble? No hubiera sido mas útil escuchar acerca de la teoría microbiana de la enfermedad?

Esto no es nuevo, por supuesto. He escrito sobre este tipo de argumento antes. Sobre el fracaso del Corán para comprender bien la ciencia, véase mi ensayo “Cosmología y el Corán: Una respuesta a los fundamentalistas musulmanes” (2001) y los recursos enlazados allí. Sin embargo, varios otros han escrito sobre este tema y tienen experiencia directa con el islam: Taner Edis, “Ciencia coránica: ¿Milagros científicos del siglo 7?”; Avijit Roy, “¡Escrituras religiosas super-científicas!“; Denis Giron, “La ciencia islámica: ¿Contiene la literatura islámica milagros científicos?”; Paul Martin, “El Corán y la Ciencia: ¿Están de acuerdo?“; Syed Kamran Mirza, “La ambigüedad de la embriología humana: Ciencia en el Corán“; y los recursos en Answering-Islam.org.

El punto central de la controversia en el debate fue la afirmación de Michael Corey de que el Corán predijo la expansión del universo. No estaba familiarizado con el verso relevante, por lo que no podía responder directamente. Pero ahora que he investigado el reclamo, puedo decir honestamente que es inexacto en dos aspectos: en realidad es la Biblia hebrea, no el Corán, que ‘predijo’ esto. El Corán parafrasea Isaías 51:13 y 42: 5; y creo que los versos en cuestión, en Isaías y el Corán, son demasiado ambiguos como para ser tomados como algún tipo de predicción. Denis Giron ha respondido a la misma con detalle experto en Expansión del Universo en la Biblia y el Corán: Comparación de Isaías con Surat az-Zaariyaat, y también lo ha hecho el Dr. Abdul-Kalaam Pangloss en El Corán y el Big Bang. En resumen, la palabra relevante también significa ‘enriquecer’ y, de hecho, la única otra vez que se utiliza en el Corán, significa ‘rico’, por lo tanto, la mayoría de las traducciones del Corán traducen el verso en exactamente de esa manera:

De Las traducciones al inglés del Corán:

YUSUFALI: “crear la inmensidad del espacio
Pickthal: “hacer la vasta extensión” del cielo
Shakir: “que hacen las cosas amplias
Khalifa: “vamos a seguir expandiéndolo

Sólo Khalifa lo da como “vamos a seguir expandiéndolo,” a pesar de que no existe un tiempo futuro en el verso original, ni la palabra “continuar”.

En Isaías (y por lo tanto el Corán, que parece parafrasear a Isaías) es probable que la referencia es a cuando Dios dividió los cielos, colocando el firmamento entre las aguas del cielo y las aguas de la tierra, y luego “ampliando” los cielos en siete (Corán 41.12 , y según una leyenda judía, por ejemplo, 2 Corintios 12). Al menos éste era el significado en Isaías, sugerido por el hecho de que “cielos” es plural, y por sus otros usos del mismo concepto (véase: Is 40:22, 45:12, 48:13; véase también Job 9:8, Salmo 104: 2), y por la falta de cualquier otro evento de creación al que se podía estar refiriendo.

Ciertamente, nadie lo entendió de otra manera hasta después de que se descubrió la expansión de Hubble. Y ya que, en mi observación, el Corán contradice la cosmología natural en todo otro sentido, no tenemos ninguna razón para creer que estaba diciendo algo milagroso aquí. De la misma manera, el siguiente verso (51:48) dice, en estructura paralela, que el mismo Dios que ‘expande’ los cielos, ‘extiende’ la tierra. Así que para interpretar 51.47 en el sentido de que Dios está incluso ahora expandiendo el universo, implica la interpretación de que ahora mismo está expandiendo la Tierra también, lo cual por supuesto no está ocurriendo (la Tierra, incluso los continentes y las placas continentales siguen siendo, en promedio, del mismo tamaño).

Usando el mismo truco, puedo hacer que casi cualquier texto de gran longitud antiguo prediga algo sorprendente. Michael Corey dijo que estaría “sorprendido” si alguien hace miles de años hubiera predicho hechos científicos que no se han comprobado hasta hoy–lo que implicaría que esto sería evidencia para la inspiración divina. Bueno, vamos a probar este principio. ¿Hay algún texto no-divino en la antigüedad que hace predicciones increíblemente premonitorias de los hechos científicos, hechos que no se pudieron probar hasta la edad moderna? Ciertamente. El mejor ejemplo es un famoso poema latino que resume la filosofía epicúrea, que ahora supera el Corán tanto en claridad como en cantidad de predicciones científicas maravillosas.

Epicuro predijo (según lo informado por Lucrecio en su resumen poético De Rerum Natura) la existencia del átomo y la molécula (la unión de dos átomos para producir un producto químico diferente); la ley de inercia (a menos de que sean retardados por un golpe, los objetos están en movimiento constante-lo cual no fue demostrado sino hasta Galileo); el principio de la ley natural universal (los mismos principios de comportamiento que aplican en la Tierra, aplican en todas partes del universo–una teoría rechazada por Aristóteles y por la Iglesia Cristiana hasta que Galileo desafió la opinión de la Iglesia y Newton le dio la razón); el ciclo de la lluvia, el cual Lucrecio describe en completo detalle (viene del agua que se ha evaporado de los mares y lagos, debido al calor del sol y el movimiento del aire, y que se almacena en las nubes y luego cae cuando esas nubes se calientan o saturan); que el sonido es una onda de presión de las moléculas de aire, cuya forma determina el sonido; los fotones (que la luz está compuesta de partículas); que el sentido del olfato es causado por la forma en que las moléculas se ajustan a los receptores en la nariz; que el rayo es causado por la fricción entre frentes de tormenta y consiste en partículas (que ahora llamamos electrones) que son más pequeñas que los átomos que componen la materia visible en rápido movimiento; que los terremotos son causados por el deslizamiento de las líneas de falla; que el Nilo se eleva cada año a causa del derretimiento de la nieve en su origen; que los animales, incluso los seres humanos, evolucionaron por selección natural; que la materia es mayormente espacio vacío; que el magnetismo es el resultado de una descarga y absorción constante de partículas magnéticas entre los objetos; que el fuego no es un elemento; que no hay centro del universo, sino muchos diferentes sistemas solares con sus propios planetas; y que la velocidad de la luz es finita. También predijo la relatividad, argumentando que el movimiento es relativo y que el tiempo no existe excepto como la relación de unos objetos y eventos a otros, y por lo tanto el tiempo también es relativo al observador (ver Epístola de Epicuro a Herodoto).

Predicción – Mención en De Rerum Natura

(1) El átomo – 1,265-328

(2) La molécula – 2,100-108, 2,581-588

(3) Ley de la inercia – 2,62 a 166, 2,184-332

(4) Principio de la ley natural universal – 2,718-729, 2,1067-1.078

(5) Ciclo de lluvia – 6,495-523

(6) El sonido como una onda de presión de aire – 4,524-614

(7) Luz compuesta por partículas (fotones) – 2,144-156, 4,183-216, 4,364-378, 5,281-305

(8) El sentido del olor causado por la forma del receptor en la nariz – 2,414-417, 2,680-683, 4,673-705

(9) Rayo causado por la fricción entre los frentes de tormenta – 6,160-422

(10) Rayo compuesto de partículas diminutas – 2,384-389

(11) Los sismos causados por el deslizamiento de líneas de fallo – 6,535-551

(12) El Nilo se inunda cuando la nieve en su origen se derrite (a) – 6.712 … 735-737

(13) Los animales y los hombres surgen por la selección natural – 2.1150-1156, 5,790-836

(14) La materia es mayormente espacio vacío – 1,329-397, 6,936-997

(15) Magnetismo causada por intercambio de partículas – 6.998-1089

(16) El fuego no es un elemento – 1,635-829

(17) Sin centro el universo – 1.1052-1082

(18) Otros sistemas planetarios – 2.1048-1089

(19) Velocidad de la luz es finita – 2,144-156, 4,183-216

(20) Teoría de la relatividad (b) – 1,459-463, 2,308-332

(21) El indeterminismo cuántico – 2,216-293

(22) Movimiento browniano (c) – 2,112-141

Lucrecio escribió el poema épico De Rerum Natura (“Sobre la naturaleza de las cosas”) entre 100 y 50 antes de la Era Común, dramatizando las teorías de Epicuro, que escribió cientos de libros sobre filosofía naturalista entre 310 y 270 antes de la Era Común, ninguno de los cuales sobreviven (excepto fragmentos recuperados de las cenizas volcánicas en Herculano). Las referencias anteriores son de uno de los seis libros con número de línea del poema de Lucrecio, el único resumen completo de la filosofía epicúrea que sobrevive.

No creo que el Corán se acerca en lo absoluto a una lista tan larga de predicciones exactas de este modo. Se podría elaborar listas más largas de las predicciones mucho más vagas o más dudosas en el Corán. Pero nada como esto, ya que Epicuro declaró todos estos hechos en términos mucho menos ambiguos que nada supuestamente profético en el Corán. Así que la conclusión debe ser que la mera razón humana (aplicada a la evidencia) es mejor que la inspiración divina en la predicción de la verdad sobre el mundo. Epicuro le ganó a Mahoma. El hombre le ganó a dios. Epicuro no fue inspirado por Dios. No era más que un hombre inteligente. Después de todo, al igual que el Corán, también se equivocó en mucho. Pero él acertó en muchísimas mas ocasiones–en parte, utilizando el mismo truco: si haces suficientes conjeturas, algunos salen bien simplemente por casualidad, y si se ignora todas las faltas, se puede hacer ver a Epicuro como milagrosamente premonitorio. Del mismo modo, al igual que hacen los defensores del Corán, puede que estemos liberalmente “interpretando” cosas que dijo de una manera más acorde con los hechos modernos, que lo que Epicuro pudo haber previsto. Pero en general, no necesitamos trucos: Epicuro realmente acertó en mucho, haciendo algunos cálculos inteligentes y razonando a partir de ellas. Muy distinto del Corán.

Vamos a dar otro ejemplo como nuestro punto de conclusión. Epicuro predijo el indeterminismo cuántico: dijo que los átomos a veces se desvían al azar, lo que es lo mismo que decir que a veces cambian aleatoriamente su momento o lugar, lo cual ha sido confirmado. Por lo tanto, ¿fue Epicuro inspirado por dios (o dioses)? No. Él sólo tuvo suerte. No sabía nada de la mecánica ondulatoria, el radio de Compton, o la incertidumbre de Heisenberg. Él simplemente estaba tratando de resolver lo que él percibía como el problema del libre albedrío, basándose en la observación empírica de que las partículas en suspensión en un medio parecen moverse al azar (lo cual también se haría más tarde una teoría científica probada llamada “movimiento browniano”). Así, también, Isaías simplemente estaba tratando de expresar lo que era obvio para él: que Dios es el que hizo la tierra y los cielos tan vastos, y los separó el uno del otro, y solo El los mantiene así.

Esto quizá se debe a que ni Isaías ni Mahoma sabían nada acerca de la diferencia entre las estrellas y las galaxias, por ejemplo, y sin embargo, sólo estas últimas están expandiendo la distancia unas de otras. Las estrellas dentro de nuestra galaxia, que comprendían la mayor parte de lo que Mahoma e Isaías habrían imaginado como los “cielos” visibles  (y por lo tanto lo que hubieran entendido por esa palabra), no están en expansión, sino que se mantienen en su lugar por la gravedad.

Imaginen la oportunidad perdida aquí: Alá pudo haber dado a Mahoma la más increíble prueba de presciencia científica haciéndole describir la diferencia entre los sistemas estelares y las galaxias, o incluso declarar la ley de la expansión de Hubble, tal vez con cifras exactas, o al menos explicar que este ritmo de expansión se está acelerando. Pero no, todo lo que le dio fue la muy vaga “que hacen las cosas amplias.” No hay nada científico al respecto.

Notas del traductor:

a. En la antigüedad se creía que el Nilo era un dios llamado Hapy y que la inundación era parte del ciclo de guerra eterna entre Osiris (el dios verde de la vegetación) y su hermano malvado Set (el dios rojo del desierto). También se creía que las sequías se podían resolver con sacrificios humanos que propiciaban a Hapy. Para tiempos del emperador Adriano, estos sacrificios habían sido hechos ilegales.

b. Hacia el final de la Epístola a Herodoto, Epicuro explica sin mucho esfuerzo la relatividad del tiempo.

c. El clínamen, traducido como “swerve” en inglés, introduce caos y movimiento abrupto a las partículas.

Otras lecturas:

Versión original de este artículo en Infidels.org

Epístola de Epicuro a Herodoto (Versión Amigos de Epicuro)

De la naturaleza de las cosas

Hiram Crespo es autor y blogger puertorriqueño residente en Chicago, fundador de societyofepicurus.com y autor de Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014) y de Cultivando el jardín epicúreo y el autor/traductor de Varios días en Atenas y Epítome. Ha contribuído artículos a The New Humanism (una publicación de The Humanist Chaplaincy at Harvard), The Humanist (una publicación del American Humanist Association), Greenewave, Humanist Life y muchos otros. Se graduó con altos honores de un Bachillerato en Estudios Interdisciplinarios en Northeastern Illinois University y además del español e inglés, conoce el francés y el idioma universal, esperanto.

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