Las enseñanzas éticas del humanismo

soy ateo

Antes que nada, hace falta definir la ética como el arte y ciencia del buen vivir, ya que con frecuencia a causa de la cosmovisión judeo-cristiana-islámica de enfoque punitivo, la ética se ha venido a entender como moral y castigo, y no como un sistema y arte metodológico y científico para cultivar las virtudes que llevan a una vida sana y feliz: un arte de vivir. Todos buscamos la felicidad, pero con frecuencia lo hacemos sin prudencia y terminamos, sin querer, generando sufrimiento a nosotros mismos y a los demás. La necesidad de estudiar la ética estriba en aprender a maximizar los resultados y evitar el generar sufrimiento en nuestra búsqueda de autenticidad y felicidad.

Es mas honesto hablar de muchos humanismos que han evolucionado mas o menos orgánicamente, que de una sola tradición humanista secular. El filósofo Jean-Paul Sartre llamó su doctrina existencialista “un humanismo”. Hay humanismos adaptados a culturas específicas como la filosofía laica de Confucio, que se enfoca en la educación, la formalidad, los buenos modales y el respeto a los mayores.

El humanismo secular chino

Confucio dijo que cuando los líderes son virtuosos, la gente naturalmente siente vergüenza cuando se equivoca mientras que cuando los líderes no son virtuosos, tienden a gobernar por miedo y la gente tiende a obedecer la ley solo por temor al castigo. Esta es una observación interesante, sobre todo si nos fijamos en las sociedades regidas por el miedo religioso o político frente a las sociedades tolerantes, liberales. ¿Qué nos dice esto acerca de los líderes de estas sociedades y su capacidad para ganarse la confianza de las personas por su virtud o por su corrupción? Nos hace pensar que los líderes, en las sociedades autoritarias, tienden a carecer de virtud o que, al menos, no la necesitan.

Debemos destilar otra observación de esta enseñanza de Confucio: las sociedades liberales no son buenas en sí mismas, sino que se requiere de sana asociación y liderazgo virtuoso para que las sociedades sean verdaderamente virtuosas y felices. En otras palabras, no es suficiente que la gente no sea gobernada por el miedo, sino que para evitar la vergüenza de decepcionar el amor y la lealtad de nuestra buenos amigos y mentores, especialmente a los más sabios y virtuosos entre ellos, es necesario que tengamos excelentes amigos y líderes.

La principal insistencia de Confucio fue en la educación. Un pueblo poco educado es sumamente peligroso, y está vulnerable no solo a altos niveles de superstición sino también de pobreza, lucha por recursos y todos los demás problemas asociados a estos. Entonces, los humanistas creemos que debemos remplazar o reformar a nuestros líderes corruptos (sean laicos, políticos, o religiosos) y maximizar nuestras oportunidades educativas.

El humanismo epicúreo

La buena nueva del humanismo es que los occidentales también tenemos nuestras doctrinas de filosofía y ética, unas mas laicas que otras, que no solo son críticas de la superstición y abogan por una educación científica y progresiva, sino que también sirven de fuerzas morales sólidas para evaluar el consumerismo, la amistad, el respeto a los maestros y mayores, al igual que muchas otras áreas de la ética. Las dos tradiciones terapéuticas de filosofía helénica (el estoicismo y el epicureísmo) no solamente son ricos recursos de ética y buen vivir, sino que también disfrutan de un estatus venerado por ser antiguas.

En este artículo me enfocaré en la tradición de Epicuro y sus asociados, que es la que seguimos en la Sociedad de Amigos de Epicuro, que ha sido fundada para continuar la misión de enseñanza de los jardines epicúreos antiguos. Los epicúreos contribuyeron a establecer las fundaciones mismas de la civilización occidental al proponer que las cosas están últimamente compuestas por átomos, que las mujeres deben ser tratadas como iguales intelectuales a los hombres, que el individuo es un agente moral libre, que las relaciones humanas y la justicia deben fundamentarse en pactos sociales entre seres humanos libres e iguales, y que la ciencia y la filosofía deben ser estudiadas para liberar a los mortales de sufrimiento innecesario y miedos irracionales que nos roban la tranquilidad.

La meta del método terapéutico epicureano–que explico en detalle en mi libro Cultivando el jardín epicúreo–es la ataraxia, que se traduce como imperturbabilidad. La doctrina ética epicúrea se fundamenta en el Tetrafármaco, es decir, los Cuatro Remedios:

No tememos a los dioses

No tememos a la muerte

Lo bueno (placentero) es fácil de conseguir

Lo malo (desagradable, doloroso) es fácil de soportar

Al igual que con las cuatro nobles verdades del budismo, toda la enseñanza ética y todas las consolaciones de la tradición se desprenden de estas cuatro curas, que fueron organizadas para fines didácticos por el maestro Filodemo en el primer siglo. Epicuro enseñó un hedonismo, o una filosofía que hace del placer la meta de la vida, pero no como se entiende hoy vulgarmente (ya que hoy se confunde con gratificación instantánea) sino entendido como falta de dolor en cuerpo y mente. Esto parecería no ser placer, pero los pensadores naturalistas antiguos adoptaron el hedonismo para asegurarse de que cuando se hablara de felicidad, se hablara en términos concretos y reales, y no con los juegos de palabras que usaban los sofistas y las otras escuelas.

Epicuro enseñó una versión precoz de la selección natural según la cual debido a que la naturaleza ha hecho placentero aquello que es necesario para que sobrevivamos, y nos ha dado aversión por lo que es detrimental a la vida, hace sentido seguir la guía de la naturaleza. En el epicureísmo, la naturaleza no existe para ser dominada y explotada, sino que el ser humano existe dentro de ella como su contexto y debe ser guiado por la naturaleza, que nos dirige en el tono del hedonismo.

Sin los puntos de referencia de placer y dolor, la gente inventa normas imaginarias y abstractas de ética que están divorciadas de la realidad y generan grandes cantidades de sufrimiento innecesario. Los epicúreos creemos que el placer y la aversión son una guía ética real. Devuelven nuestras conversaciones sobre la ética al contexto natural donde estas conversaciones pertenecen: el bienestar de los seres sufrientes. Epicuro enseñó que la verdadera ética debe ser compasiva y terapéutica, que filosofía que no cura los males del alma no es mejor que medicina que no cura los males del cuerpo.

Una de las críticas de las escuelas filosóficas de la polis (doctrinas que han servido históricamente los intereses del estado y de las religiones establecidas, sobre todo la platónica y la estoica) es que dicen que los epicúreos no podrían ser buenos ciudadanos porque basan su telos (meta) en algo que ellos llaman subjetivo y personal. Los asociados de Epicuro elaboraron una teoría de justicia social conocida como el contrato social, que no requiere ni de la intervención del estado ni del miedo a los dioses, y que es una de las fundaciones de nuestro sistema de justicia moderno, apropiado para una civilización de hombres y mujeres libres.

El contrato social es la versión laica de la regla dorada que existe en todas las culturas y que en los evangelios es descrita como “haz con los otros como quieras que hagan contigo”. La idea del contrato social es que debe ser un acuerdo de no herir ni ser herido, de modo que los vecinos puedan compartir recursos como gente civilizada en lugar de competir y pelear por ellos como bestias, y como extensión del pacto social se recurren a métodos no-violentos para resolver conflictos.

El epicureísmo es una filosofía de amistad, que es un modelo egalitario de relaciones humanas, pero esta amistad idealmente requiere de lo que los epicúreos llamamos autarquía, que es auto-suficiencia y auto-gobierno. De lo contrario, puede resultar en dependencia y relaciones basadas en la dominación. Tanto entre los chimpancés y bonobos como en las sociedades humanas, se ha observado que la escasez (pobreza) produce hacinamiento y conflictos por acceso a los recursos mientras que la opulencia produce un convivir amigable y pacífico entre la gente. Por lo tanto, sin llenar las necesidades básicas y sin auto-suficiencia, es posible pero difícil que una sociedad egalitaria y no-violenta pueda florecer.

La franca expresión es otro valor cardinal epicúreo. La amistad entre hombres y mujeres libres también requiere de parrhesia, que se traduce como franqueza. Un verdadero amigo está en libertad de decir la verdad para contribuir a la mejora moral de otro amigo, y un pensador filántropico (o amigo de la humanidad) también dice la verdad al público y a la sociedad para contribuir a su progreso.

El renacimiento epicúreo contemporáneo sucede en el marco de una amplia resurgencia global del minimalismo existencial a principios del Siglo XXI, en parte como resultado de las crisis económicas recientes y en parte de la insatisfacción profunda del ser humano moderno ante las convenciones sociales caducas que hemos heredado. En fin, el filósofo epicúreo, siendo amo de su destino, planifica sus proyectos existenciales a largo plano alrededor de estos sanos valores humanos y busca vivir una vida simple e imperturbable de auto-suficiencia en compañía de sus mejores amigos.

El humanismo indigenista americano

En este milenio es imposible cerrar esta conversación sobre el humanismo post-colonial sin hacer un muy merecido aparte para honrar la tradición inca que hace resurgencia hoy en la región andina del continente americano. El sumak kawsay de los quechúas se traduce al castellano como el buen vivir, o la buena vida, y es la tradición de ética colectivista, indigenista y ecofilosófica de los antepasados de este continente muy parecida a la ética que bien pudo haber inspirado a nuestros ancestros taínos y jíbaros.

En el despertar indigenista reciente en países como Ecuador y Bolivia, los modelos sustantables de progreso y desarrollo ligados al sumak kawsay se han vuelto tan importantes que fueron añadidos a las constituciones de ambos países.

Muchos de los principios incluídos suenan tanto al epicureísmo que podría ser redundante mencionarlos todos, pero la filosofía del sumak kawsay enseña que el ser humano necesita tiempo para el ocio, para amar y para estar con sus seres amados; al igual tiempo para divertirse, para el arte y la recreación cultural; que todo el mundo debe tener derecho a comida sin intoxicantes, a respirar aire puro y a beber agua potable limpia, a una educación y al desarrollo pleno de sus facultades; que la naturaleza no pertenece al hombre sino que tiene sus propios derechos y que sin ella no podemos vivir aunque sin nosotros ella continuaría existiendo. También, cónsono con los valores ecológicos, el sumak kawsay incluye la afirmación de la pluralidad y multi-nacionalidad, ya que en Bolivia se hablan múltiples idiomas indígenas.

Gracias a la sabiduría de los mayores, y sobre todo gracias a que esta tradición de sabiduría ahora está siendo celebrada, recordada y honrada por las nuevas generaciones, las constituciones de Bolivia y Ecuador ambas garantizan todos estos derechos humanos arriba mencionados, y hasta (por primera vez en la historia) se reconocen derechos a la naturaleza misma.

Conclusión

El humanismo ético es una serie de filosofías que enfatizan lo sano, la auto-suficiencia, los buenos modales, el respeto a los mayores y los líderes virtuosos, la educación, la libertad y la sana amistad. Estas doctrinas además suelen poseer una sensibilidad ecológica e impetuosas tendencias progresivas.

El epicureísmo y las tradiciones indigenistas, además, incorporan un discurso anti-consumerismo que propone modelos antropocéntricos de progreso en los cuales el ser humano es una meta en sí mismo en lugar de ser un medio o utensilio en servicio del mercado libre (como propone el capitalismo neoliberal) o del colectivismo y la dictadura del proletariado (como propone el socialismo marxista). Mucho menos dese el ser humano ser esclavo de la credulidad y las supersticiones y creencias de las religiones del hombre, que todas se contradicen mutuamente. Reconocemos la libertad religiosa, pero también reconocemos que esa libertad encuentra su límite donde empiezan los derechos del vecino.

Los filósofos materialistas creemos que todos estos idealismos no deben ser fines a los cuales servimos sino que deben ser siempre y solamente medios para el fin del bienestar real y orgánico de los seres humanos. Esto es el humanismo secular.

Hiram Crespo es un autor y blogger Puertorriqueño residente en Chicago, fundador de societyofepicurus.com y autor de Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014) y de Cultivando el jardín epicúreo. Ha contribuído artículos a The New Humanism (una publicación de The Humanist Chaplaincy at Harvard), The Humanist (una publicación del American Humanist Association), Greenewave, The NEIU Independent, Humanist Life.

 http://www.amazon.com/Cultivando-el-jard%C3%ADn-epic%C3%…/…/

publicación del British Humanist Association), Om Times y otras publicaciones.

Hiram Crespo es autor y blogger puertorriqueño residente en Chicago, fundador de societyofepicurus.com y autor de Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014) y de Cultivando el jardín epicúreo y el autor/traductor de Varios días en Atenas y Epítome. Ha contribuído artículos a The New Humanism (una publicación de The Humanist Chaplaincy at Harvard), The Humanist (una publicación del American Humanist Association), Greenewave, Humanist Life y muchos otros. Se graduó con altos honores de un Bachillerato en Estudios Interdisciplinarios en Northeastern Illinois University y además del español e inglés, conoce el francés y el idioma universal, esperanto.

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