Mi opinión sobre la eutanasia

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Podemos decir que los seres humanos nos diferenciamos de los otros animales en que, partiendo de nuestras impresiones del mundo, construimos una serie de conceptos que utilizamos para vivir en sociedad. Sin embargo, ni siquiera estas convenciones sociales nos permiten unificar criterios sobre determinados temas que suponen profundos dilemas. Lo que hoy se considera un signo de barbarie, fue práctica socialmente legitimada en otros tiempos. El sacrificio selectivo, por ejemplo, era común en aquellas sociedades en que se aceptaba la eliminación de individuos considerados inútiles. Se practicaba a los recién nacidos con malformaciones, que se suponía no serían idóneos como soldados, o a los ancianos. Hoy en día, esto sería impensable, ya que no se corresponde con la cosmovisión actual y sufriría la condena socia. La eutanasia entra en esta categoría, siendo una de las nociones más controvertidas de nuestros tiempos y enfrentando las más diversas posturas.

Sus defensores sostienen que quienes sufren una enfermedad incurable con padecimiento permanente, o aquellos que están sujetos a la prolongación artificial de la vida, deberían poder decidir cuándo morir. Por otro lado, sus detractores religiosos argumentan que la vida es un don de dios, y que el ser humano no debe decidir sobre la misma. Los detractores no religiosos sostienen que la eutanasia es incompatible con el juramento hipocrático, y que siendo la Medicina capaz de controlar el sufrimiento más efectivamente con cada avance, es innecesario recurrir a medidas tan drásticas.

Pero, me pregunto: ¿Cuál es el verdadero dilema ético que la eutanasia supone?

En el año 1623, ya superada la óptica medieval que otorgaba a dios la potestad sobre la vida de los seres humanos, Francis Bacon afirma que la muerte asistida no constituye un problema religioso, ya que es al médico y, en última instancia, al propio individuo, a quien corresponde decidir si prolongar o extinguir su vida. Así, Bacon retoma las ideas de la Antigüedad Clásica (1) y define que éste no es terreno religioso, sino sólo una decisión personal, cuyo fin último es el de ejercer el legítimo derecho a morir con dignidad.

Prolongar la vida en condiciones indignas o ponerle fin para terminar con un sufrimiento innecesario, es tan sólo una cuestión del criterio individual (2) y debe ser entendido como un derecho inalienable del ser humano. Por lo tanto, no existen, a mi entender, implicaciones éticas en la práctica de la eutanasia, ni creo que represente una circunstancia que justifique un juicio moral sobre quienes la promueven.

Tal vez el verdadero dilema no es el dejar o no morir a una persona, sino el permitir que se la mantenga viva en contra de su voluntad y a sabiendas que no podemos ayudarle.

 

  1. “En la Grecia Antigua se consideraba que una mala vida no era digna de ser vivida, por ello la eutanasia no representaba un dilema moral. Cicerón le da significado a la palabra como muerte digna, honesta y gloriosa. Platón dice: “Se dejará morir a quienes no sean sanos de cuerpo.” Ref. Dilema ético de la eutanasia, por Lic. Mabel Creagh Peña.
  1. “La eutanasia descansa sobre un principio ético básico: el derecho a la privacidad. Este tiene su raíz en la idea de libertad personal. Adquiere mayor significado en las sociedades abiertas, pluralistas y democráticas, donde coexisten posturas, creencias religiosas y sistemas de valores contrapuestos, y donde tenemos la obligación de ser tolerantes con las diferentes convicciones éticas.” Ref. La eutanasia y el derecho a la privacidad, por Paul Kurtz.

 

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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