Otra víctima inocente del culto al sufrimiento

Su incapacidad de reconocer distintamente que el placer es el fin que nuestra naturaleza misma persigue, y por cuales medios este fin se realiza naturalmente … la ignorancia de estas cosas es la causa primera de todos los males.Polístrato

Hay ideas y creencias que son simplemente vacías, inútiles, pérdidas de tiempo. Otras que son malas, peligrosas. Y hay creencias que son, o pueden ser, letales. En las llamadas “guerras culturales” entre el laicismo y la religiosidad, con frecuencia los que abogamos por el laicismo le decimos a la gente que podemos cuidar de nuestra salud existencial usando la filosofía y desechando la superstición. Pero no es podemos: es DEBEMOS. Es nuestra responsabilidad y de mas nadie.

Como preámbulo debo decir que perder un hijo es una desgracia y que nadie debe jamás alegrarse de la pérdida de un ser amado de otra persona. Es, en parte, como acto de condolencia y simpatía, que tenemos que considerar la pérdida de la hija del rapero Wisin, que solo vivió un mes luego de haber sido diagnosticada temprano durante el embarazo con una enfermedad de la que los medicos sabían no había recuperación. Los médicos recomendaron un aborto.

Inmediatamente, la indoctrinación anti-aborto a la que se sometió la madre de la creatura desde su niñez, seguramente por alguna iglesia cristiana, tomó las riendas del proceso de tomar decisiones  y omisiones. Lo cierto es que no es fácil llegar a la resignación cuando se enferma letalmente un ser amado, pero en este caso, todos los antecedentes postulaban que la creatura no iba a llegar a la adolescencia y seguramente iba a morir en la infancia. De modo que en el cálculo del sufrimiento versus la felicidad que iba a producir la decisión de abortar o no, había que incluir una infancia vivida en hospitales y en condiciones moribundas y de agonía para la creatura, junto a la constante preocupación de todos los familiares (que solo iban a vivir esperando “la hora de la noticia”), la escala en constante incremento de gastos médicos y, sobre todo, al final la ausencia de toda esperanza de que la creatura pueda llegar a la adultez y tener una vida normal. Porque nadie en el pasado ha nacido con esa condición y logrado vivir una vida normal ni larga.

Haga cada cual el cálculo. Yo, por mi parte, no entiendo como se puede excusar el no abortar con palabras vacías como “Dios sabe lo que hace” y “Dios tiene un plan”. ¿Que plan? ¡Seamos responsables y grandecitos! Ni los padres y familiares pudieron disfrutar la alegría normal que trae un hijo, ni la creatura pudo disfrutar siquiera los mas simples placeres que la vida ofrece.

Y es este mismo culto a la agonía, a la cruz, al sufrimiento, lo que mantiene mujeres católicas que creen que divorciarse es pecado casadas con hombres que les pegan y las abusan por décadas. Es este mismo idealizar al que sufre, lo que mantuvo legiones de monges durante la edad media encerrados en monasterios flagelándose y torturándose a si mismos–y unos a otros–inspirados en el “misterio” del sufrimiento de Jesús, muchos de ellos para luego ser canonizados por su amor al dolor. Al igual que los seguidores de Mahoma que matan infieles y casan viejos con niñas para imitar a su profeta idealizado, los cristianos han hecho un culto del martirio y el sadismo para imitar a su maestro sufriente, en ambos casos con nefastas consecuencias por siglos. Ambos cultos produjeron una inconcebiblemente enorme cantidad de sufrimiento innecesario.

Cachorro felizEn cambio, la filosofía humanista y hedonista que postulamos muchos en el laicismo es verdaderamente compasiva: nos enseña a llamar el dolor y el placer por sus nombres propios, a evitar el dolor y a buscar el placer, que es lo que nuestra propia naturaleza y nuestras propias facultades buscan. Incluso los infantes, nos decía Epicuro, desde que nacen exhiben la facultad de placer y aversion. Incluso los perros y gatos recién nacidos. Esto es observable en toda la naturaleza.

¿Porqué negarlo y echárnolas de ser moralmente superiores o virtuosos, cuando en realidad estamos envenenando las felicidades humanas y remplazando la sazón que da gusto a la vida con ingredients insípidos?

Es triste que la vida es corta, pero los escritos epicúreos antiguos dicen que si vivimos buenas vidas rodeados de gente querida y llenamos nuestras vidas de placeres fáciles, necesarios y naturales, el único mal que la vida habrá tenido es que es corta. La mejor manera de morir es sabiendo que hemos vivido bien.

Nuestras condolencias hacia todos los que han perdido un hijo, o algún otro ser amado. Sinceramente les aconsejamos que no pospongan su felicidad.

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Hiram Crespo es autor y blogger puertorriqueño residente en Chicago, fundador de societyofepicurus.com y autor de Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014) y de Cultivando el jardín epicúreo y el autor/traductor de Varios días en Atenas y Epítome. Ha contribuído artículos a The New Humanism (una publicación de The Humanist Chaplaincy at Harvard), The Humanist (una publicación del American Humanist Association), Greenewave, Humanist Life y muchos otros. Se graduó con altos honores de un Bachillerato en Estudios Interdisciplinarios en Northeastern Illinois University y además del español e inglés, conoce el francés y el idioma universal, esperanto.

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