Ser Irracional

seres irracionales 7

¿Es Real-Mente el humano un ser racional?

¿Qué parámetros aplica quien lo cataloga como tal; con quien lo equipara?

Sería ya adormeciente e insensible afirmar que el humano es un ser racional si se lo contrasta con las demás especies vivientes de este planeta.

Sería ya adormeciente e insensible afirmar que el humano es un ser racional si se lo contrasta con las demás especies vivientes de este planeta.

El hábitat le permitió la posibilidad espontánea de ser racional: dicho evento evolutivo complejo no es aprovechado por la enorme mayoría.

La evaluación comparativa se tendría que hacer entonces entre los mismos humanos.

Plantearse quiénes podrían ser racionales en base a lo que piensen y plasmen de manera independiente mediante búsquedas de conocimientos, dilucidaciones, experiencias y aportes productivos.

Por otro lado, aquellos que obtienen de sus instintos estimulados por su entorno, las guías por donde inerte despliegan lo que deben hacer, creer y repetir.

¿Se es conciente que el desarrollo cognitivo-conductual del prototipo humano es movilizado, habitual, preferente y concluyentemente por la imaginación?

Pero por una imaginación irreflexa, iterativa, irrisoria, producto básico de su residuo cultural absorbido y de manera paralela, de su progresiva ineptitud para reciclarlo, imposibilitándose contemplarse y distinguirse dentro de alguna elegida elevación.

Pasividad huidiza tan transparentada, advertida en cualquier análisis coherente sencillo referido a lo nada que la aglomeración humana forja por alterar su indigente patrimonio, al cual incluso incrementa sus gravámenes al no intentar mejorar ni los condicionamientos más retrógrados, más primitivos que emanan de su imaginación, siendo por consiguiente el de índole religioso, quien prevalece en esta conservación lisiada.

Se esgrime barbáricamente en lo intelectual, con un deslucimiento y una inquietante inapetencia en lo que a aumento y expansión de erudiciones trascendentes y florecimiento evolucionado de su mente concierne.

Entumecidamente perturbado e insensato; hallándose paralizado de manera negligente, apoyándose y delegándole sus responsabilidades y su juicio moral domesticado a supersticiones avaladas por su pedestre entorno, no haciendo otra cosa que enajenarse, prendarse y excluirse aún más de lo existente.

El hombre es aún un niño en lento y torpe crecimiento dentro de un ya desenrollado planeta y un espacio en pleno apogeo en cuanto a descubrimientos de su verdadera génesis, análisis de sus revelaciones y las deducciones de su apocalipsis.

 No fascinándose y familiarizándose aún con efigies impregnadas de moho interno, apreciará con muchas más posibilidades y enfoques de comprensión, aprendizaje, pericias y difusiones, las facultades que le permitan renovarse y crecer junto a las siluetas reales de la naturaleza.

 No inclinándose por rutas ficticias que conducen a veneraciones esculpidas o deseos vaporosos, donde ni siquiera las recorre sino resbala a la deriva, se asentará y se fertilizará íntimamente en novedosas capas, dentro de un medio integral al que todavía no se aprecia en movimiento, por temores de los más prístinos.

 Prefiere ser una especie en extinción vegetante dentro de la fragosidad neurálgicamente confundida, que fertilizarse en sabias para resembrarse y rehabilitarse.

Negándose a reconocer los verdaderos suelos donde se componen y los cielos que lo sustentan en cuanto a plasmación espontánea y persistente posibilidad de labrar una determinada aspiración creativa.

El desconocimiento, una mente que no hace mucho por modificar su condición de inculta, por lo tanto abatida y disponible para ser conquistada aceptando aquello que le van imponiendo ya desde las primeras culturas organizadas, solo con graduales reformadas bizantinas acomodaticias en cuanto a instrucciones milenarias de sumisión doctrinaria aun imperantes, hacen creer a las personas que eligen, manteniéndolas así, proyectadas, con una perspectiva dirigida a la estupefacción sugestionada, entumecidas como sus credos, boquiabiertas como abandonados buzones aprovechados para depositar los temores vertidos con un despotismo solapado desde los albores de señoríos confabulados, cuyo esfuerzo artero y método predilecto es el incremento excesivo y la aglutinación disciplinada de supersticiosos.

 Códigos integrales de procedimientos que implícitamente establecen la abolición del discernimiento conexo y erudiciones verdaderas; atributos que tendrían que ser propios y propicios a un ser.

Verdades éstas, con las cuales se alimenta el que duda, y cuyos nutrientes incorporados para no permitirse vivir perplejo, lo hace fuerte y asombroso: un árbol que se puede ramificar hasta donde quiere, creándose una coraza que de lejos neutraliza instantáneamente los deshechos que obstruirían su médula, su esencia fecunda que intenta ser dañada por la maleza voraz.

Estos seres impiden que apergaminadas hojas tapen su pradera global, siendo partícipes cardinales de ésta.

Aboliciones aquellas que son aceptadas e incluso solicitadas por el individuo anodino que engañado, las considera optadas y expuestas como protección, pasando el potencial ser, a bautizarse como signo y confirmarse como entelequia, legalizando así su doctrinal máscara, donde no aceptan improvisaciones y observan febriles, con recelo y animadversión dentro de su mundo de disfraces carnavalescos y simulaciones de rapsodias, a quienes se topan (ya que nunca transitan por sus trayectorias) vestidos de sí mismos y vocalizan por sus exclusivos medios, composiciones hilvanadas a través de laboriosas cuerdas concertadas y afinadas mediante fabricación y selección distintiva, liberados de los sonidos preestablecidos.

 Lo distinto, percibido como grandeza y superación, incomoda al que sostiene lo inexistente, ya que sus siluetas ilusorias no son más que una exteriorización de su desidia, orfandad, desvarío, renuncia, ceguera e idolatría.

Fervores y conmemoraciones que solo estremecen los vacíos de su cavidad craneal y no los espacios acústicos armoniosos de sus sentidos intactos, aunque indemnidad motivada y fundada por su inutilización.

Escenarios de emociones deterioradas por los sonidos susurrantes e impuestos que le retumban y ensordecen.

Un tributo a la rendición.

Estado de insensibilidad conmovedora que consecuentemente, no lleva a los vulnerables religiosos a búsquedas de propiedades sólidas a través de novedades tangibles gratificantes, por discordancias con lo mundano sombrío que lo debería inquietar, sino que prefieren aprisionadas conformaciones reiteradas donde están confortables con el intercambio donativo persistente de fabulosos ensueños con los cuales se cotejan laureados, la distribución unificada de su mercado y la condición jerarquizada de mendigo.

El temor a emanciparse del abastecimiento cosechero de despojos que los depositan en la misma colectora cardinal que lo ultrajan y donde solo se soportan y encubren por indigna utilidad, va obstruyendo sus comprensiones cada vez más acostumbradas en lo que a cobardía se relaciona.

No oxigenándose puramente debido a la presencia de espectros que obstruyen su puerto rico.

Y cuando el individuo se halla ante circunstancias que lo necesitan enérgico e ingenioso como ser, está a las claras que solo sobrelleva sufridamente lo que su peso neuronal soporta endeble por falta de actividad competente, atrofiándose al punto de desquiciarse, manteniendo consternadamente ese estado adquirido y no modificado desde su ingenuidad infante, donde para trascendentalidades, conserva su mismo sistema nervioso, ya comprimido y acorralado por las señalizaciones de su medio.

Un peso que no puede equilibrar ni sustentar el apabullado prosélito (aun de inclinación pagana) por encontrarse vaciado y sumiso, sin plataformas consistentes y menos pilares tangibles, donde hasta sus utópicas creencias lactadas le provocan irresoluciones fatales.

Solo arraigado en suelos desérticos a los que debe sus turbios sedimentos en climas áridos predestinados, se la pasa sembrando pétalos por los alrededores de los oasis que alucina en su languidez e inconexión con lo real.

Cielo creacionista presagiado como mecenas de la genialidad milagrera de estas alucinaciones divinas donde el crédulo desorientado atestigua hidratar su cerebro, exponiéndolo a una asidua contaminación radiactiva que lo va fundiendo hasta disolverlo.

Ejecuciones todas, que evangelizan al temor glorificado como su eje regente.

Conmociones generadoras de presunciones, sostenimientos ficticios y subsistencias épicas en su imaginación conquistada. Por consecuencia, una imaginación regida por la inseguridad, almacenante de una ignorancia devastadora, conducente y desembocante en la timadora comodidad de optar por un Inspirado Designio Superior Protector: ¿moviliza?

Sí, lo hace, pero por lodazales enlutados.

El sustento de la imaginación primitiva, retarda al punto de producir un prematuro ocaso de la mielina, que libera una cuadriplejia neuronal deteriorante, promoviendo el entorpecimiento de la persona, si la pretensión, como ideal prioritario, es la evolución mental, íntima y axiomáticamente colectiva mediante su progresivo acoplamiento.

Una proyección hacia lo inteligente.

Lento proceso por hallarse indefensos los núcleos neuronales debido a la falta de protección real, reemplazada por el aislante construido más inconexo: sus creaciones propulsoras de religio-sismos.

Este temor aprendido y de una práctica tan perseverante que se torna involuntaria, se hace más enfermizo cuando se lo perfecciona, despliega y exige como una normativa para tutelar, consolidar y vitorear sus credos, supeditando sus acciones al Temor Magnánimo, exaltado como un don sublime: el don del servilismo que el limosnero alienado lo plasma como la obtención del entendimiento.

Incomunicándose de esta forma con lo existente mediante una abstracción que lo une y condena a adorar su propia indignidad al no distinguir su condición de dúctil cautivo.

Se siente más cómodo siendo un prisionero condicionado, privado de toda correspondencia verdadera, que un ser con libertad perpétua donde se permita plasmar honradamente.

Logrando vivir sin utopías místicas poli ancestrales, donde así solo pasa a resumirse como un fachoso relleno de obras dramáticas extraídas de testamentos en los que todavía se dona rendido, accederá a requerirse a sí mismo, distinguiendo continuas creaciones sostenibles, siendo en principio, con solo esta decisión, selecto partícipe de la evolución, reestableciéndose; presidiendo de trastornos supersticiosos que deprimen y devastan al sistema inmuno-racional.

Escritor Argentino, autor del libro “El dios Creado”, patrocinador del librepensamiento, favorecedor del laicismo, militante por un ateísmo positivo funcional y propulsor de un racionalismo existencial o raciocracia atea.

Obra que hace hincapié en mentes aptas mediante el conocimiento discernido, el juicio argumentado, la ciencia y las por el momento omitidas sintomatologías anómalas que posee el crédulo y su religiosidad por parte de la psiquiatría a través de su todavía vigente mitología constitutiva, que por consiguiente irá siendo legalmente restricta y ajustada hasta su progresiva e ineludible extinción natural producto del uso de la razón consciente.

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