Sobre la concepción de realidades más allá del mundo concreto

945013_444503908974075_820412488_n

“Nuestra sabiduría consiste en seguir la Naturaleza y obedecerle como a nuestro dios.”

– Cicerón, De Senect. Liber II, 5. N. T.

Los seres humanos, como las criaturas pensantes que somos, no podemos valernos sólo de los datos que obtenemos a partir de la percepción de nuestros sentidos, debemos también interpretarlos. Si bien no podemos conocer lo que no percibimos, tampoco podemos dar por sentado que todas nuestras percepciones sean garantes de la objetividad más absoluta. Existen verdades, criterios objetivos evidentes por sí mismos, que son irrefutables y absolutos, pero también existen las percepciones, los supuestos, las interpretaciones, los conflictos con la razón, las pasiones. En palabras de Diógenes Laercio:

“Tampoco admitían los sentidos, porque no nos dan seguro conocimiento de las cosas, sino que debemos obrar aquello que nos parezca conforme a la razón.” Extracto del texto Aristipo de Cirene y los Cirenaicos.

Curiosamente dios –o más bien, la noción de éste- no es sino una idea más de las tantas concepciones posibles, y no tiene mayor sustento que la certeza expresada en los argumentos de sus ideólogos. Sin embargo, ha sido tomado como el epítome de lo inobjetable. La humanidad ha entendido este concepto como la verdad revelada y no ha reparado en la probabilidad de su existencia.

Es asombroso que esta construcción abstracta llegara hasta nuestros días. Ya desde la Grecia Clásica el ser humano ideó fórmulas de pensamiento en pos de dilucidar la verificabilidad de los supuestos, incluidos los así llamados dioses. El Estoicismo, por ejemplo, tal vez la más conservadora de todas las escuelas helenísticas, negaba la verdadera existencia de las formas suprasensibles e incorpóreas que se pudiesen equiparar a lo real. Los estoicos pensaban que las realidades deben estar al alcance de la percepción, criterio que se graficaba en la fórmula expuesta a continuación:

Cualquier cosa que existe actúa o recibe acción, asimismo nada puede actuar o recibir acción sin cuerpo, en consecuencia, sólo los cuerpos -físicos- existen.

Epicuro propuso también que la experiencia sensible es el criterio de verdad más razonable. Él postuló que los sentidos son el medio más fiable para la adquisición de conocimientos. Epicuro sólo considera reales las cosas que pueden ser captadas por los sentidos. De allí se desprenden sus tres criterios de verdad: la sensación, la anticipación y la afección.

Dios es sólo el producto de la educación recibida, de una interpretación inducida por medio de procesos de asimilación no razonados; y las ideas adquiridas por medio de tales procesos dan como resultado la aceptación de las mismas con escasa o nula posibilidad de futuro cuestionamiento. Toda idea inculcada durante la etapa más moldeable de la mente será tomada como una pauta objetiva; no será cuestionada ni analizada por su contenido, ya que la misma sólo es entendible desde los parámetros que se poseen hasta el momento. He aquí que no se recurre a la experiencia, sino a parámetros de imposición, para definir la idea de dios en la mente de un infante.

Cualquiera puede simplemente afirmar que no puede ver a dios, oír a dios, o simplemente no posee evidencias de la manera en que éste actúa sobre su vida. Entonces, la hipótesis más natural, al menos en lo que se refiere a lo sensorial, sería afirmar que, a primera vista, éste no existe. Basado en tal análisis, sería lo más lógico; después de todo, ¿por qué debemos creer que dios existe si no podemos verlo, oírlo ni percibirlo de manera alguna? En palabras de Plutarco:

“Cuando se asocian muchas sensaciones semejantes, resulta y se constituye la experiencia, según los estoicos, en fuerza y por virtud de esta asociación; porque la experiencia no es más que el resultado de cierto número de sensaciones homogéneas. Ya hemos dicho de qué manera se verifica la percepción de las nociones naturales -sensaciones, representaciones sensibles-, sin auxilio extraño. Las otras son fruto de la instrucción y del trabajo propio, razón por la cual, son las únicas que merecen apellidarse nociones -conocimientos racionales-, pues las primeras son meras prenociones o anticipaciones.” Extracto del texto De placit. philosoph., lib. IV, cap. XI.

Ilustración de la publicación: Truth and Falsehood (Verdad y falsedad), por Alfred Stevens.

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

©2017 Ateístas de Puerto Rico - Privacy Policy - Return Policy - Term of Use

PO Box 362575 San Juan P.R, 00936-2575

informacion@ateistaspr.org

o

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?