Sobre la idea de dios y su extrapolación a la realidad concreta

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Ser significa ser percibido. Así lo definió Berkeley en su obra Tratado Sobre los Principios del Conocimiento Humano, al afirmar que la existencia es el estado de ser percibido por un cognoscente. (1) Según él, sostener que algo existe equivale a decir que el objeto en cuestión es percibido por los sentidos. Pero, aunque el conocimiento a través de los sentidos nos permite definir aquello que percibimos, nada nos dice sobre lo no percibido. ¿Y qué implica esto? ¿Es posible que nos equivoquemos al afirmar que lo no percibido, en efecto, no existe? Lo cierto es que la mente no puede concebir ideas abstractas que sean equivalentes a objetos particulares en el mundo concreto; y si sucede, es pura coincidencia. ¿Qué probabilidad hay de que la idea de un dios coincida con su equivalente en la realidad?

No podemos afirmar que haya un dios porque no lo hemos percibido de modo alguno y la idea que del mismo hemos construido nada nos dice sobre su existencia; sólo se trata de una concepción arbitraria que deviene de imágenes mentales sin un referente en la realidad. De hecho, una idea abstracta resulta insuficiente para extrapolar cualquier cualidad de la misma en términos concretos, ya que la afirmación de existencia requiere, indefectiblemente, que los sentidos y la mente estén en conciencia de ella. Sin embargo, ha habido quienes restaron importancia a la percepción sensorial e idearon sistemas para fundamentar la existencia de dios, únicamente basados en la idea del mismo. Tomemos, por ejemplo, al autor del argumento ontológico, Anselmo de Canterbury. (2)

Él interpretó que la idea de un ser sumamente perfecto deriva necesariamente de su esencia, ya que el tener la capacidad de imaginarlo implica que el mismo existe. Además supuso que la existencia es una condición necesaria para alcanzar la perfección y, por lo tanto, que sólo es posible concebir dicha perfección a través de un ser existente. Pero, en definitiva, este no es más que un razonamiento hueco. El sólo hecho de concebir al ser más perfecto que se pueda imaginar no implica que el mismo exista fuera del entendimiento. (3)

Pero la existencia no es una cualidad que pueda añadirse a cualquier concepto. Una idea sostenida como cierta no es más relevante que una idea simplemente pensada. Las afirmaciones deben probarse, no simplemente sostenerse. (4) Por ello, el enunciado “dios existe” debe considerarse irrelevante, hasta tanto no sea demostrado empíricamente.

 

Referencias:

 

1. George Berkeley (1685 – 1753), también conocido como el obispo Berkeley, fue un filósofo irlandés muy influyente cuyo principal logro fue el desarrollo de la filosofía conocida como idealismo subjetivo. Su doctrina también se conoce como inmaterialismo, dado que negaba la realidad de abstracciones como la materia extensa.

 

2. San Anselmo de Canterbury (1033 – 1109) fue un monje benedictino que fungió como arzobispo de Canterbury durante el periodo 1093-1109. Destacó como teólogo y filósofo escolástico.

 

3. “Para Tomás de Aquino, el supuesto de que todos conciban a dios como el ser más perfecto que se pueda pensar, no implica que lo sea en la realidad. Debe haber conformidad con el nombre de la cosa y la cosa nombrada. Y de que concibamos intelectualmente el significado del término dios, no se sigue que dios sea sino en el entendimiento. Extracto de la obra Suma Contra Gentiles, por Clemente Fernández, libro I, cap. XI

 

4. “Cien táleros en el bolsillo valen lo mismo que cien táleros pensados; pero éstos no existen, aquéllos si, aunque que existan debe probarse, no simplemente pensándolos, sino a través de la experiencia.” Extracto de la obra Crítica de la Razón Pura, por Immanuel Kant.

 

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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