Una mujer varonil y su labor incansable por la justicia racial

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Me atrevo a decir que usted se maravillará a veces de mi manera independiente de caminar por el mundo como si la naturaleza me hubiera hecho de su sexo en lugar del pobre sexo de Eva. Confíe en mí, mi querido amigo, la mente no tiene sexo otro que el que la costumbre y la educación le dan, y yo que fui lanzada durante la infancia al mundo como una náufraga en las aguas, he aprendido así a luchar con los elementos como cualquier hijo varón de Adán. – Frances Wright, en una carta a Lafayette

A la luz de los recientes incidentes persistentes de violencia por parte de las autoridades contra los negros en Estados Unidos y el reciente crimen de odio en Carolina del Sur, he decidido sacar a la luz a la mujer epicúrea y activista secular que mas trabajo ha hecho por los afroamericanos: Frances Wright.

La autora de Varios días en Atenas una y otra vez fue descrita en términos que delinean claramente una mujer varonil. Dondequiera que iba, su masculinidad rubia y de alta estatura era la primera cosa que la gente notaba y comentaba. En Monticello, incomodaba a las mujeres y al parecer, las descartaba un poco igual que hacían los hombres. Casi todos sus amigos eran hombres, entre los que se movía como un igual intelectual.

Los líderes de las iglesias odiaban sus creencias liberales y la llamaban ramera. Casi 200 años antes de Ayaan Hirsi Ali, Wright necesitaba guardaespaldas en América por razones de su aguda crítica de la religión y por hablar abierta y apasionadamente sobre cuestiones controvertidas, incluyendo la justicia racial.

No sabemos si ella era lesbiana, heterosexual, o bisexual. Sabemos que en 1831, a los 36 años, se casó con un médico francés de quien finalmente se divorció después de un matrimonio inestable. Tuvo una sola hija, Sylva, que permaneció bajo custodia de su padre después del divorcio. Sobre el tema del matrimonio, no creía en el y prefería contratos. Si era gay, su decisión de casarse puede haber sido inspirada por el deseo de concebir un hijo.

Independientemente de su orientación sexual, es claro que dejaba una gran impresión en la gente como una mujer varonil, porque todos lo comentaban. En su carta a su otro mentor Lafayette, citada arriba, ella misma muestra que estaba muy conciente de como la gente reaccionaba a su porte masculino y era muy abierta al respecto.

Demos un paso atrás por un momento y consideremos la dimensión social de ser una mujer con un comportamiento masculino. Cualquier persona que tiene que vivir en nuestra sociedad hoy en día como gay o lesbiana, ha tenido que enfrentar la reacción de una sociedad ignorante, lo cual produce casi inevitablemente un determinado color político en la opinión de uno, sobre todo si uno es muy inteligente como lo era Wright. Cuando uno es gay, uno aprende que las iglesias perpetúan la intolerancia y el abuso, porque esto se experimenta en la propia piel. Cuando uno es gay, uno aprende que la sociedad puede estar profundamente equivocada en muchas cosas. Las premisas intelectuales e ideológicas de Frances Wright pueden haber sido, en gran medida, producto de la experiencia de ser muy visiblemente viril en la América de los años 1800. Ella no era negra, sin embargo su profunda e implacable solidaridad apasionada con los negros y con la justicia racial posiblemente indica una sensibilidad e identidad minoritaria.

Su trabajo a favor del empoderamiento de las mujeres y los negros con el fin de materializar una sociedad más igualitaria puede, en parte, haber sido inspirado–como vemos también en Marx–por su temprana adopción de la filosofía materialista, que no admite consuelos imaginarios como los que las religiones intentan proporcionar, prefiriendo en su lugar el ejercicio de nuestro poder creativo sobre la dura realidad.

En 1825, Wright estuvo profundamente involucrada en el activismo por la abolición de la esclavitud. Propuso que el gobierno diera tierra donde los esclavos fueran capaces de adquirir aptitudes importantes, y que con el tiempo fueran emancipados y capaces de funcionar como ciudadanos libres y productivos. Incluso donó 640 acres de tierra en Tennessee, donde se fundó un asentamiento conocido como Nashoba. Los residentes eran esclavos quien compró con la promesa de una eventual libertad.

Aparte de la pérdida de cosechas y otros problemas en Nashoba, el supervisor James Richardson publicó extractos del jornal de la plantación que mencionaban su relación con una mujer esclava, una indiscreción que escandalizó al público. Wright respondió alegando que el mestizaje podría ser una solución viable para la desigualdad racial. Sin embargo, la mezcla racial demostró ser profundamente polémica en su día y ella finalmente renunció a su proyecto de emancipación de esclavos. En sus 53 años, su idealización de América-que había nutrido como una joven igualitaria en la aristocrática Gran Bretaña–había desaparecido y publicó Inglaterra, el Civilizador. Escribiría más tarde:

El prejuicio, ya sea absurdo o al contrario, frente a la mezcla de los dos colores está tan profundamente arraigado en la mente americana que la emancipación sin expatriación … parece imposible.

La perspectiva del linaje negro de Jefferson debe considerarse. Thomas Jefferson, que era uno de los mentores de Wright y murió en 1826 poco después de su año más dinámico como activista por la igualdad racial, tenía una amante esclava y algunos hijos mestizos. Su alianza con Fanny Wright pudo haber sido inspirada, en parte, por su sentido de compromiso con el futuro de su descendencia de color, y tal vez–¿por qué no?–por su amor por estos hijos. Tal vez una parte de él esperaba que fueran capaces de tener una vida mejor en una América multirracial o mestiza. Sin embargo, esto era demasiado controvertido y escandaloso en el momento y ciertos segmentos de la sociedad norteamericana no estaban dispuestos a aceptar las relaciones interraciales.

Tal vez si Fanny Wright hubiera logrado sus metas, no habríamos tenido los tiroteos de Carolina del Sur y la reciente ola de violencia contra los negros. Tal vez una gran proporción de los estadounidenses sería mestiza y basaría sus identidades menos en color y más en nación, región, u otros criterios, y la alienante convivencia entre negros y blancos no sería vista por muchos como una píldora tan difícil de tragar.

Frances Wright mandó a sus esclavos emancipados a Haití en 1830 y murió a los 57 años. Su cuerpo está enterrado en Cincinnatti, Ohio.

Hiram Crespo es autor y blogger puertorriqueño residente en Chicago, fundador de societyofepicurus.com y autor de Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014) y de Cultivando el jardín epicúreo y el autor/traductor de Varios días en Atenas y Epítome. Ha contribuído artículos a The New Humanism (una publicación de The Humanist Chaplaincy at Harvard), The Humanist (una publicación del American Humanist Association), Greenewave, Humanist Life y muchos otros. Se graduó con altos honores de un Bachillerato en Estudios Interdisciplinarios en Northeastern Illinois University y además del español e inglés, conoce el francés y el idioma universal, esperanto.

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