Editorial

Celibato aberrante

Jesús, el predicador que inició el cristianismo, se enfrentó al  judaísmo  por diferentes motivos.  Esta religión desconocía el celibato, e imperaba en su  comunidad y época. Jesús, el rebelde, proclamaba el amor a su padre que, según sostenía, reinaba en otro mundo, pero nunca  indicó a sus seguidores no desposarse, solo exigía que le dediquen mayor tiempo.

Pablo, nacido en tarso en el siglo I y llamado luego San Pablo, no fue apóstol, sino judío fariseo, que persiguió y asesino a los cristianos. En una de sus travesías, dicen se le apareció Jesús y luego se convirtió al cristianismo. Inició los escritos que gestaron el cristianismo paulino. En ellos propugna el no matrimonio de los sacerdotes cristianos. Por otro lado, hay indicios de que fue homosexual, lo que posiblemente sea detonante de su misoginia y frustración sexual en el contexto de la época y algo que lo llevó a iniciar el celibato sacerdotal.

En el siglo II, con Tertuliano, la idea de castidad se instaura con fuerza. Ya en el siglo IV impusieron  el celibato y prohibieron a las mujeres sacerdotisas. Hasta el siglo IX existieron papas que fueron hijos de papas anteriores, y en el siglo XI El Papa Urbano II obligaba a vender a las esposas de los sacerdotes como esclavas y sus hijos eran abandonados.

En la Iglesia Anglicana, por ejemplo, el celibato es opcional. La iglesia Católica Apostólica Romana reconoce claramente que el celibato no es una práctica impuesta por los apóstoles ni por Cristo, sino que es netamente de la Iglesia o del clero. Por lo tanto, corresponde a intereses del clero, fundamentalmente  económicos, ya que promueve que la Iglesia acapare las riquezas de los sacerdotes y el producto de sus labores.

En la serranía central del Perú, usualmente los sacerdotes tienen hijos. Un secreto a voces, pero la población aceptaba  este hecho porque al progenitor se le reputa representante de Dios, y si sus seguidores lo reprueban, él no los bendice, por lo que sus almas, según creen, irán  directo  al Infierno. “Los hijos de  cura”, como son llamados despectivamente porque  fueron hijos extra-matrimoniales,  no pueden  aspirar a, por ejemplo, estudiar en un colegio religioso.

Silpusanto, un pueblo con su clásica iglesia, en la que  habita el sacerdote Emiliano, de unos 55 años, rodeado de las señoras que lo asisten  en las misas, novenas y otros menesteres;  algunas solteronas y una la preferida del buen padrecito, pero el clérigo tiene dos vástagos, que gozan de  todo tipo de comodidades, ya que la parroquia tiene ingresos producto del usufructo de las grandes extensiones de  tierras. Lo consiguieron como caritativas donaciones de personas fallecidas, quienes, moribundos, tenían que escoger el Infierno o donar voluntariamente sus tierras, los pagos por misas y las limosnas en las misas dominicales.

Cambios en Silpusanto… Emiliano es ascendido por buen comportamiento y enviado a otro pueblo. Llega entonces el religioso Felicio, muchachón de unos 30 años. Las señoras asistentes de la iglesia son expectoradas. El recién llegado las prefería  jóvenes, veinteañeras, y lleva  hombres jóvenes de otro lugar que vivían en la parroquia- Son de su  confianza, pero estos  se emparejan con las muchachas del lugar. Previamente Felicio escogía una y todos felices. En una ocasión, el buen sacerdote fue  a otra localidad a la una de la madrugada  y llego a la casa  de un amigo suyo, acompañado de dos jóvenes mujeres, y después de beber, fumar, bailes sensuales y la orgia sexual, se retiraron a las  cinco de la madrugada. Las andanzas del cura fueron conocidas, pero no lo denunciaron.

Cuentan que en una ocasión lo vieron  forzar a una niña de unos  diez años para subirla a su carro, y aseveran que este comportamiento era usual. Una mañana no fue como las usuales, la población  despertó y  los comentarios corrían como reguero de pólvora. Unos decían que a Felicio que ya era obeso, lo habían asesinado  por sacarle la grasa y comercializarla, otros que Satanás la había hecho pagar sus  pecados y se persignaban. La Policía encontró al cura pecador en el interior de su automóvil,  con veinte puñaladas en el cuerpo y el puñal inserto en su corazón. Murió  en manos de un padre vengador.

La castidad  sacerdotal, un mandato del clero para salvaguardar su riqueza, es un atentado contra el ser humano; inhibe el deseo sexual, innato en los seres humanos. Los indicados para aceptarlo, son los individuos asexuados, que son minoría, la mayoría de los sacerdotes no la  cumplen,  y cuando  la represión sexual aflora  es peligrosa, lo que demuestra claramente que el celibato es aberrante.

 

Abraham Guillermo Aguilar Villanueva

Author Abraham Guillermo Aguilar Villanueva

Nací el 16 de enero de 1952,en el Perú, departamento Junín, provincia de Huancayo enclavada en la serranía peruana, mi padre librepensador asiduo lector, de él aprendí a leer constantemente, me impactaron entre otros el escritor colombiano José María Vargas Vila, el peruano Manuel Gonzales Prada, los franceses Víctor Hugo y Julio Verne. Estudié mi educación primaria y parte de secundaria en escuelas públicas de Sicaya distrito de mis amores, siendo el mejor estudiante todos los años, termine mi secundaría en Huancayo, e hice un curso de reemplazos en ejército peruano, en el que me especialice en el manejo de ametralladoras.. En la década de los setenta, me fui al departamento de Cerro de Pasco, postule a la universidad ocupando el segundo lugar en el cómputo general, por falta de oportunidades tuve que trasladarme a Lima ciudad capital, con la ayuda de un primo comencé a trabajar y estudiar Economía en la universidad privada Inca Garcilaso de la Vega, en medio de las grandes polémicas entre los propulsores de la guerra popular y sus detractores. En los años ochenta, en el fragor de la guerra interna peruana, escribí un ensayo de opinión la revista fue intervenida quince días antes de su publicación y confiscaron todo, a raíz de ello tuve algunos dolores de cabeza; por un tiempo me dedique a la asesoría de tesis a egresados de Economía, luego ingrese a la Universidad Nacional de Marcos para estudiar Contabilidad, momentos difíciles hasta que fue ocupada por las fuerzas armadas. Últimos años del siglo veinte comienzo a estudiar Derecho en la universidad privada San Juan Bautista, ya no trabajaba para una sola empresa, cumplí mi deseo de asesorar a varias, sigo en esa labor. Soy casado, separado de hecho, lo hice a los cuarenta años, le llevo dieciocho años , pero después de reflexionar, considero que en mis relaciones sentimentales me deje llevar por la confianza y el corazón, pero debí considerar que las parejas son personas extrañas, y hay que investigarlas, porque muchas quieren salir de situaciones embarazosas o tienen su meta preestablecida, el dinero, y para lograr su cometido a todos consideran sus peldaños y los pisotean sin consideración. El año 2002 nace mi octavo hijo, el 2008 me cubre desgracia por un lado, por el otro la alegría nace mi nietita que es mi sol personal, pero son seis en total, dos mujercitas y cuatro hombres, adorables.

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