Editorial

Sobre el cerdo hedónico y la hipocresía religiosa

By marzo 5, 2019 No Comments

En días recientes, la ciudad de Birmingham en Inglaterra–donde vive una enorme comunidad musulmana–ha mostrado síntomas de que deteriora en una teocracia islámica. Luego de que 400 familias musulmanas sacaran de la escuela a sus hijos porque no querían que fueran expuestos a la educación sexual (y que se enteraran de la existencia de los gays), la ciudad removió la educación sexual del currículo. Generaciones de lucha de la comunidad LGBT fueron reversadas por fanáticos importados en un santiamén. Que esto está sucediendo en el corazón de Europa es muy preocupante. Pero la hipocresía de todo esto es lo que da más que decir. La homosexualidad es considerada escandalosa por estos inmigrantes recientes, pero no se les ocurre a estos nuevos ingleses que es escandalosa la relación que su profeta Mahoma tuvo con Aisha, que fue consumada sexualmente cuando ella solo tenía nueve años. Este ensayo es una consideración de esta hipocresía que se me ocurrió ante un plato que contenía jamón.

Cuando quieras sonreír, entonces visítame: elegante y gordo, soy un cerdo bien cuidado del rebaño de Epicuro. – Horacio, Epístolas I.4.16.

No photo description available.Las tradiciones religiosas abrahámicas en general han sido hostiles a Epicuro. La palabra apikoros es, de hecho, un término genérico judío para goy o gentil, comparable al kafir islámico, que se traduce como infiel.

Las diferencias entre las religiones del desierto y la filosofía del jardín son tan profundas y tantas que no se pueden reconciliar. Esta irreconciliabilidad está simbolizada por la estricta prohibición del jamón tanto en el islam (donde la carne de cerdo se considera haram o ilegal) como en el judaísmo (donde es trefá, o no-kosher). El peligroso cerdo, considerado el animal más sucio, lleva tantos tabúes contra él que no puede ser comido o tocado, e incluso los personajes de cerdo en dibujos animados deben ser degradados y nunca presentados de manera afable en el mundo musulmán.

Ahora, no estoy diciendo que el cerdo no sea sucio, que no tenga parásitos y que no requiera un cuidado especial al cocinar … pero eso también aplica a la carne de res y al pollo. Además, para una criatura tan vilipendiada en una cultura, el cerdo me parece inocente, al igual que a los millones que los crían, los aman como mascotas o comen su carne con frecuencia. Los cerdos son tan valorados que se consideran una moneda en muchas culturas (especialmente en Papua y el resto de Oceanía), y la página web de PETA sostiene que su inteligencia es comparable a la de los perros y gatos.

Existen varias hipocresías relacionadas a la corrupción cultural alrededor del cerdo. La primera es que, si bien a su primo mucho más grande (el elefante) le encanta bañarse en lodo (una práctica que es buena para la piel e incluso los humanos se dan tratamientos faciales de lodo) y nadie considera que el elefante sea particularmente más sucio que otras bestias, no hay nada más abominable y desagradable para algunas personas que un cerdo fangoso. Consideremos, incluso en el idioma español, la carga pesada que atribuímos a la palabra “puerco”. Es casi el epítome de la inmundicia.

Para los epicúreos, el cerdo es un ser alegre, que vive feliz de comer los alimentos más simples. Decoraciones de cerdos se han encontrado en las ruinas de la ciudad de Herculano, donde Filodemo enseñaba filosofía. Cuando leemos el poema de Horacio arriba citado, queda claro que está usando el término cerdo como sinónimo de un ser feliz, libre y natural que ama la vida. La persona a quien escribe está invitada a imaginarse a Horacio como un cerdo epicúreo bien cuidado cada vez que quiera animarse, reírse.

Comer durante las horas de luz solar está prohibido en los países musulmanes durante el mes de Ramadán y se piensa que cualquier persona que come, ha roto una parte importante del contrato social, un contrato que la mayoría de los musulmanes no firmaron voluntariamente. La mayoría de los musulmanes lo son por nacimiento, no por elección. El ayuno durante el Ramadán no es opcional en el Islam. ¿Cómo puede alguien saber la sinceridad de la fe de alguien cuando la práctica no es opcional? Este tipo de comportamiento obligatorio en las sociedades religiosas engendra una cultura de hipocresía y de actitudes punitivas que reemplaza la piedad auténtica con la obediencia ciega.

Pero las actitudes religiosas alcanzan el vértice de la hipocresía en lo que concierne al sexo. El islam propone que los hombres pueden tener tantas esposas como puedan pagar y, en los países donde el islam es la base de la ley, la poligamia a menudo todavía se practica como en los tiempos de Mahoma, que tenía un harén de esposas y concubinas. Una de sus esposas fue “tomada” de una tribu judía conquistada después de que todos los hombres fueron asesinados (las mujeres fueron obligadas a tener relaciones sexuales con hombres que habían matado a sus esposos y padres); otra esposa de Mahoma había estado casada con su hijo adoptivo, quien generosamente (o quizá temerosamente) la abandonó después de darse cuenta de las miradas lascivas del profeta.

Cambiemos las tablas, a modo de ejercicio intelectual. Uno se pregunta cómo reaccionaría la sociedad, en particular la sociedad religiosa, ante una comunidad epicúrea que vive un estilo de vida comparable al de Mahoma o el profeta mormón Joseph Smith, que tenía más de 30 esposas, dos de las cuales tenían 14 años y algunas de las cuales ya estaban casadas con los seguidores de Smith antes de “tomarlas” como esposas. Abraham, el gran patriarca de la tradición bíblica, tenía al menos dos esposas, y en Génesis 30, Jacob tiene relaciones sexuales con cuatro mujeres: dos esposas-hermanas y dos concubinas-esclavas.

¿Qué dirían los piadosos cristianos o musulmanes de un filósofo epicúreo o un ateo que vive en un harén con 30 esposas? ¿Y si algunas de esas esposas hubieran sido “tomadas” de otros hombres a través de la guerra y el asesinato?

Una de las esposas de Mahoma, Aisha, tenía seis años cuando se casó y nueve cuando tuvo relaciones sexuales con él. El tenía 60 años. ¿Qué dirían los piadosos cristianos o musulmanes si Epicuro hubiera tenido una esposa niña?

Para ilustrar el doble estándar, ¿qué dirían si viviera con 30 jóvenes varones, en lugar de un harén de mujeres como Mahoma y Joseph Smith?

Notemos que, a diferencia de los profetas que ostentan piedad y santidad como excusa para sus estilos de vida, el epicúreo admite que hace lo que le place porque le da placer. Nunca sabremos si le hubiera molestado a los judíos, cristianos, musulmanes o mormones si sus profetas hubieran admitido que habían elegido múltiples parejas sexuales porque simplemente buscaban placer, porque esas cosas nunca se admitieron públicamente. No: Dios les dijo que lo hicieran. Y por lo tanto, están más allá de reproche y la cuestión del placer no es un problema, y ​​eso es todo. Es altísimo el pedestal que le tienen los piadosos a la hipocresía.

¿Cómo es posible que los epicúreos virtuosos, que nunca han sido conocidos por tener harenes o tratar a las mujeres como esclavas sexuales, simplemente por admitir que consideran el placer como algo bueno, son considerados escandalosos … mientras que los escandalosos comienzos de las religiones del desierto son laudados como virtuosos por tanta gente? ¿Debería permitirse que esta audacia persista sin ser cuestionada?

La filosofía naturalista, al dejar de lado la creencia de que los dioses están complacidos o disgustados con los actos morales o inmorales de los mortales, coloca la ética en un plano que evita una opinión falsa del tipo que legitima cosas como el abuso sexual de menores, el tratar a las mujeres como ganado, los dobles estándares homofóbicos y la vilificación de una criatura tan inocente como el cerdo.

Es curioso que nuestra sociedad, tan hostil a las tradiciones de poliamor, afirme que tenga sus raíces en las tradiciones abrahámicas, todas ellas basadas en estilos de vida poliamor que modelan valores familiares bastante cuestionables. Abraham, por ejemplo, echó a su segunda esposa Agar y su primer hijo Ismael al desierto bajo los susurros de Sara, su primera esposa … y todos hemos oído hablar de cuánto sufrimiento le causaron al hijo de Isaac, José, sus medio-hermanos por celos. Fue vendido como esclavo. ¿Son las raíces de la civilización occidental realmente abrahámicas? Y si reconocemos que no lo son, ¿sería realmente deseable que lo fueran? Si consideramos los eventos que dieron nacimiento al festival de Jánuca–donde los judíos dicen que sobrevivieron gracias a que no se helenizaron–veremos que Medio Oriente y sus religiones no son ni originarios de, ni compatibles con, la cultura occidental, y que Jerusalén no tiene nada que ver con Atenas.

La próxima vez que comas tocino o jamón con tus amigos, recuerda estos razonamientos. De todos los alimentos que tenemos disponibles, la carne del cerdo lleva consigo un conjunto de tabúes y controversias religiosas, junto con preguntas filosóficas y tradiciones que subrayan y hacen evidente la clara distinción entre la ética verdadera del humanismo y la moral cuestionable y supersticiosa de los religiosos.

Este artículo ha sido adaptado de un ensayo de Society of Epicurus.

Hiram Crespo

Author Hiram Crespo

Hiram Crespo es autor y blogger puertorriqueño residente en Chicago, fundador de societyofepicurus.com y autor de Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014) y de Cultivando el jardín epicúreo y el autor/traductor de Varios días en Atenas y Epítome. Ha contribuído artículos a The New Humanism (una publicación de The Humanist Chaplaincy at Harvard), The Humanist (una publicación del American Humanist Association), El Nuevo Día, Humanist Life y muchos otros. Se graduó con altos honores de un Bachillerato en Estudios Interdisciplinarios en Northeastern Illinois University y además del español e inglés, conoce el francés y el idioma universal, esperanto.

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