Editorial

Charles Darwin y la evolución biológica

By febrero 11, 2016 No Comments

Charles Darwin fue un naturalista inglés del siglo XIX, famoso por haber planteado que todas las especies tienen antepasados comunes. Afirmó que las especies no han sido morfológicamente las mismas desde siempre, sino que han cambiado, adaptándose a los climas y el entorno. Esto, en sí, constituye el hecho evolutivo. Sin embargo, Darwin no se limitó a investigar las evidencias de la evolución, sino que presentó una teoría que explicaba qué mecanismo generaba este cambio. Se trata de la Selección Natural. El principal mérito de Darwin fue proporcionar una explicación biológica para las adaptaciones de las especies como alternativa al diseño divino.

Darwin profundizaría sus estudios para encontrar que la Selección Natural, no sólo favorece mutaciones físicas y distingue a las diferentes especies animales según sus características, también determina las conductas que intervienen en la capacidad de socialización del individuo. Hablamos de un desarrollo social; una característica que permite al ser humano vivir en sociedad, definiendo un nuevo paradigma de perfeccionamiento de una especie a través de la Evolución. Esto ha permitido a nuestra especie el desarrollo de sentimientos como la empatía o la compasión, mismos que suponen el pilar de la sociedad organizada en la actualidad.

Las teorías del naturalista británico modificaron grandemente las nociones acerca del origen y la evolución del ser humano. Darwin refutó la arraigada creencia en que los seres humanos tenemos un origen divino y demostró que somos el resultado de un proceso de mutación biológica. Opuso teorías científicas a las explicaciones de carácter teológico, hecho que tuvo un impacto considerable en la mentalidad de la época. Sus teorías provocaron una enorme controversia en la sociedad cristiana de aquel entonces y dieron lugar a intensos debates. La consecuencia directa de esto fue la puesta en duda de nuestra visión antropocentrista. Si el humano no era una creación divina, tal como afirmaban las creencias vigentes hasta el siglo XIX, no había razón alguna para sostener que el mismo ocupaba un lugar central en el orden natural.

La obra de Darwin fue el resultado de un trabajo de observación e investigación que comenzó desde muy joven, cuando se dedicó a estudiar Historia Natural. Sin embargo, lo que realmente consagró los años de estudio y reflexión, fue su labor como naturalista en la expedición alrededor del mundo a bordo del Beagle. Este viaje alrededor del mundo se inició en 1831 y duró casi cinco años. Durante el mismo, él observó la diversidad biológica y la distribución de las especies. También recolectó fósiles e hizo observaciones de tipo geológico. Años después siguió trabajando en el tema hasta publicar su famosa obra El origen de las Especies, en 1859. Pero no sólo eso, también hizo aportes en otros aspectos de la Biología. Estudió la forma en que se fertilizan las orquídeas, las adaptaciones y el crecimiento de las plantas trepadoras, el papel de las lombrices en la formación del suelo fértil y la variación de las plantas y animales bajo domesticación. También incursionó en la geología al estudiar la formación de los arrecifes de coral.

La teoría evolutiva que Darwin plasmó en su obra había sido contemplada ya desde los antiguos griegos. Anaximandro de Mileto fue un filósofo jonio, discípulo de Tales, considerado el primero en utilizar la experimentación como método demostrativo. Él postuló que los primeros seres vivientes nacieron en lo húmedo, rodeados por cortezas espinosas, pero al avanzar en edad se trasladaron a lo más seco. Además, dedujo que el ser humano surgió de animales de otras especies.

Ya en el siglo 16, George Louis Leclerc, famoso por haber descrito los mecanismos de supervivencia de muchas especies vegetales y animales, admitió cierto cambio estructural dentro de las especies, idea que rescataría posteriormente el naturalista francés Jean Baptiste Lamarck, quien propuso que las especies evolucionaban por el uso o desuso de sus órganos.

La publicación de El Origen de las Especies, sacudió el fundamento principal de la teoría de Lamarck, afirmando que la evolución de las especies no se daba por el uso y desuso de determinada característica. Según la teoría de Darwin, algunas pequeñas variaciones en los organismos aparecerían azarosamente y, en caso de que esas variaciones fueran más aptas que otras, las mismas prevalecían transmitiendo sus características a los descendientes.

A pesar del amplio rechazo de la Iglesia por todo lo referente a sus investigaciones, Charles Darwin no descartó de plano la posibilidad de la existencia de dios. De hecho, era agnóstico; posición que se ha dicho fue determinada por la muerte de Anne, su segunda hija; incluso muchas biografías del naturalista así lo afirman. En lo personal, no comparto esta interpretación; más bien deduzco que la veracidad del sistema evolutivo fue determinante en su negación de la explicación teológica como eje de la existencia. En su diario de viaje escribió algunos párrafos dando a entender que comenzaba a experimentar una descreencia sistemática:

“…casi no puedo comprender cómo haya nadie que pueda desear que la doctrina cristiana sea cierta.”

Y varios años más tarde escribió:

“Considerando la ferocidad con que he sido tratado por los ortodoxos, parece cómico que alguna vez pensara en ser clérigo.”

En la actualidad, sólo el Creacionismo presenta objeciones a la Evolución, sustentando su postura en la teoría de la “complejidad irreductible” ideada por el bioquímico Michael Behe. Se trata de un desarrollo teórico que postula, basado en la complejidad de los seres vivos, que anulando cualquiera de las partes de un sistema biológico complejo, es posible deshabilitar el sistema en su totalidad; implicando, por tanto, una absoluta dependencia del sistema en cuestión de todas y cada una de sus partes. Establece también que es imposible obtener patrones bióticos complejos a través de un proceso fortuito. Esta teoría fue desarrollada para apoyar el concepto del Diseño Inteligente, el cual sostiene que cuando algo posee complejidad específica, se puede asumir que fue producido por una causa inteligente, es decir, que fue diseñado en lugar de ser el resultado de un proceso natural.

La idea de la irreductibilidad de los sistemas biológicos, surge como consecuencia de un estudio de Michael Behe en el año 1992, cuando éste revisaba el proceso de coagulación de la sangre y el origen de las proteínas, para el libro Of Pandas and People. En 1996, el bioquímico utilizó por primera vez el término “complejidad irreductible” en su libro La Caja Negra de Darwin, donde propuso que la Ciencia no puede explicar el desarrollo de algunos sistemas biológicos, dado que éstos sólo funcionan en el estado que los conocemos, pero no serían funcionales si faltase alguno de sus componentes; por tanto, sostiene que poseen una complejidad imposible de reducir a un estado más primitivo de desarrollo.

Los creacionistas afirman que al no haber sido observado el proceso evolutivo, no puede considerarse como un hecho científico. Sin embargo, este enfoque es erróneo. Es el creacionismo el que carece de posibilidad de falsearse, y al no poderse poner a prueba, no puede ser considerado como Ciencia. De hecho, podemos decir que las teorías de Origen Común y Selección Natural han recibido confirmación adicional con el trabajo de los paleontólogos, bioquímicos y genetistas que vivieron después del naturalista británico. La evolución biológica podría ser cuestionada si se encontrase, por ejemplo, un fósil humano en estratos geológicos incorrectos. Pero lo cierto es que la sucesión de fauna y flora en la columna geológica está ampliamente documentada y, en su conjunto, es testimonio de la Evolución.

Existen pilares reales sobre los cuales la teoría darwiniana erige sus cimientos. Se confirma a través de pruebas aportadas por diferentes disciplinas científicas; de ellas se deduce que todos los organismos vivientes actuales son el resultado de un proceso de transformación paulatina. Paleontología, Biogeografía, Anatomía, Embriología, Bioquímica, Genética y Biología Molecular, son algunas de estas disciplinas.

El proceso evolutivo consiste en la transformación de los seres vivos. La Biología Molecular, por ejemplo, permite reconocer las relaciones de parentesco entre especies descendientes de un mismo antepasado. A medida que transcurre el tiempo, las semejanzas anatómicas se van diluyendo, y pueden llegar a ser irreconocibles. Sin embargo, a nivel molecular, las semejanzas persisten, aunque hayan transcurrido millones de años. La Taxonomía, o clasificación de los seres vivos a través de sus características físicas, es un sistema que surgió incluso antes que se desarrollara la Teoría de la Evolución de las Especies, y ha sido también de utilidad en cuanto a la verificabilidad de ésta.

El trabajo de Charles Darwin marcó un antes y un después en la historia de la Biología. Hoy sabemos que la lucha por la supervivencia es el principal precursor de cambios en la Naturaleza. La evolución no es sino el resultado de la adaptación de los seres vivos en función de triunfar como individuos y, consecuentemente, como especie. Es el modo en que ésta define la prevalencia de una especie sobre otra y la medida del éxito de las formas de vida. Y el intelecto, esa herramienta que nos permitió imponernos sobre las demás criaturas y posibilitó que el destino de cada forma de vida sobre la Tierra esté ligado al nuestro, es también resultado del mismo proceso que Darwin definiera en su obra.

 

Nota: La Taxonomía o sistema para la designación de los organismos, es un sistema clasificatorio que establece grupos denominados taxones, dentro de otros grupos mayores llamados categorías. Su función es definir el árbol filogenético de los organismos, para así establecer parentescos y relaciones entre especímenes.

 

 

 

 

 

 

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Pablo Naveira

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Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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