Editorial

Cinco Cosas Que La Evolución Me Enseñó

By julio 17, 2015 No Comments

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Todos los organismos de la Tierra estamos relacionados.

Esto debería parecer obvio al hacer un análisis sencillo del ADN de todos los organismos.  Es la misma molécula, la misma estrutura química, el mismo código genético.  Tan así que podemos tomar la secuencia del gen de insulina humana y combinarla con ADN bacteriano para obtener un ADN recombinante:  bacterias producirán ahora insulina humana (i.e. Humulina®).  Y estamos relacionados porque todos compartimos un ancestro común.  O sea, todos los organismos de la Tierra estamos conectados genéticamente, por lo que somos familia en el mejor sentido de la palabra.

Por eso no debe extrañarnos que en nuestro genoma, el conjunto de nuestra información genética, hay secuencias que les pertenecen a los virus.  O que tengamos genes en común con las ballenas.  O con las aves.  Nuestros 23 pares de cromosomas poseen un registro histórico de nuestra evolución.

No somos mejores que los demás organismos de la Tierra

Somos los organismos más exitosos en la historia natural de este planeta.  De eso no hay duda.  Pero no es porque seamos mejores, necesariamente.  Ese éxito se debe a nuestra plasticidad genética, nuestra capacidad de adaptarnos a ambientes diversos.  Vivimos en el Polo Norte y en el Sahara; en los altos de Bolivia y en los Países Bajos.  Pero en términos de precisión ecológica otros nos ganan.  Hay bacterias que viven en las salidas subterráneas de aguas termales a temperaturas que superan el punto de ebullición.  Los perros escuchan sonidos que escapan a nuestros oídos pobremente desarrollados.  Los murciélagos tienen un sistema de radar que algunos moriríamos por tener para guiarnos en la noche.  La visión de un águila, volando a grandes alturas, le permite ver con precisión a la desafortunada rata que se aventuró a buscar comida sin saber que ella es el alimento.  Nosotros estamos lejos de ver tan bien.  Y hay animales que huelen olores a millas de distancia.

Las religiones nos han hecho creer que somos la maravilla universal.  El centro de todo.  Y no es hasta que entendemos el proceso evolutivo que bajamos la mirada al darnos cuenta de que somos unos más, parte de algo más grande, lo que Darwin llamó una grandiosidad (“grandeur”).  Es entonces que verdaderamente comenzamos a respetar a los demás organismos. Ciertamente no es a través de las religiones.
Los hombres no son mejores que las mujeres

Biológicamente hablando las mujeres son probablemente superiores a los hombres pues la mayor carga reproductiva recae sobre ellas.   El hecho es que la preeminencia de los machos sobre las hembras es una construcción religiosa.  No fue a través de la Naturaleza que los humanos han llegado al estado actual de las cosas, donde la mayoría de los hombres se creen superiores a las mujeres.  Es a través de la religión que esa idea se desarrolló: “Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.” (1Cor 14:34- 35 ).

En la Naturaleza no es así. Al contrario, existen numerosos casos donde el pobre macho ha sido reducido a un mero portador de espermatozoides para fecundar a la hembra.  Por eso es que la próxima vez que vea una araña en una de esas espectaculares telas orbiculares, sepa que es una hembra.  El macho es tan diminuto, escondido en alguna esquina, que apenas alcanzará a verlo.  Y probablemente morirá tras el acto final de sexo arácnido.  Por supuesto me gustaría pensar que, si miro su cadáver bajo una lupa, alcanzaré a detectar una sonrisa en su cuerpo yermo.  Y ni hablar de las especies que han descartado a los machos para la reproducción, como algunos reptiles, peces y aves y que se reproducen por partenogénesis, una forma de reproducción asexual donde solo hace falta la hembra.

Somos seres responsables con la Naturaleza

Una vez entendemos nuestra relación evolutiva con el resto de la Naturaleza, aprendemos a respetarla como parte de nosotros.  No como algo sobre lo que tenemos “señorío”, como nos enseñan las religiones, sino algo de lo que somos parte integral y que tenemos que proteger.  Millones de años de evolución han creado un balance dinámico donde nos hemos adaptado a las idiosincracias naturales de este planeta, y viceversa.  Es cuando lanzamos sustancias químicas creadas por nosotros que causamos desbarajustes para los cuales la Naturaleza no está preparada.  El que entiende la evolución se convierte, inmediatamente, en protector del ambiente.

Somos seres libres

Entender la evolución es liberador.  Nos han metido este sentido de culpa total para mantenernos controlados y a raya.  Sin embargo, el que entiende el proceso evolutivo es, por definición, un ser que respeta a los demás y entiende la necesidad de leyes y normas sociales, siempre y cuando sean justas.  Somos seres libres de las supersticiones que nos sembraron desde que éramos niños; las mismas supersticiones que nos hacían burlarnos de los mayas y su Popol Vuh, pero cuando nos decían que una serpiente le habló a una mujer lo creímos.
Somos seres libres para cuestionarlo todo.  Y he ahí el reto para los que adoptamos esta posición.  Son muchos los que se sienten amenazados cuando sus creencias son cuestionadas por los que pensamos distinto.  Y si este cuestionamiento viene acompañado de un cúmulo de evidencia inequívoca y contundente que prueba que somos producto de un proceso evolutivo, peor aún.  Pero asumimos los riesgos.  Las verdades no se callan, ni se ocultan en cuartos oscuros.  Esta es una vela que hay que poner bien alto para que alumbre el mare magnum de ignorancia que nos arropa.

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Shirley Rivera

Author Shirley Rivera

Shirley Rivera nació en Bayamón, Puerto Rico. Estudió Aeronáutica en la escuela de Aviación de la Universidad InterAmericana de Puerto Rico en el programa de Administración de Sistemas de Aviones. Laboró en el periódico El Nacional de Oklahoma, ejerció como reportera ancla del clima en Telemundo Oklahoma City y también trabajó como reportera de noticias para Univisión Tulsa también en el estado de Oklahoma, actualmente trabaja en programas educativos del Departamento de la Defensa de los Estados Unidos. Es presidenta y fundadora de Ateístas de Puerto Rico desde el 2014 y Directora Regional de American Atheists en Puerto Rico.

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