Contra las palabras vacías

Raphael_SchoolOfAthens

A través de las eras la filosofía ha hecho mas para confundir a los mortales, y a veces para avanzar agendas de los poderosos, que para liberarnos de los males del alma. El problema es doble: por un lado, están los malabares intelectuales de muchos filósofos y del otro lado, no lo dudemos, están los mortales ansiosos por escuchar disparates que reivindiquen sus esperanzas vanas. La filósofa Frances Wright elabora un poco este último asunto en Varios días en Atenas por medio de la cita conocida como “De la pedantería de Aristóteles“, que dice así:

Puede parecer extraño,” dijo Metrodoro, “que la pedantería de Aristóteles encuentre tantos imitadores y sus dichos oscuros tantos creyentes en una ciudad también ahora adornada e iluminada por el lenguaje sencillo y doctrinas simples de un Epicuro. Sin embargo, el lenguaje de la verdad es demasiado simple para los oídos inexpertos. Partimos en busca de conocimiento como los semidioses de antaño en busca de aventuras, preparados para encontrar gigantes, escalar montañas, perforar los golfos de Tártaro y llevarnos nuestro premio de las garras de algún hechicero oscuro, invulnerables a todo menos las armas encantadas y los asaltantes que los dioses han bendecido. Encontrar ninguna de estas cosas y en su lugar, un camino suave a través de un país agradable con un guía familiar para dirigir nuestra curiosidad y señalar las bellezas del paisaje, nos decepciona de toda hazaña y toda notoriedad; y nuestra vanidad se aleja con demasiada frecuencia de la campiña bonita y abierta hacia oscuros laberintos de error donde confundimos misterio por sabiduría, pedantería por conocimiento y prejuicio por virtud.” – Frances Wright, en Varios días en Atenas

En el tao de la ateología, argumento que en gran parte la creencia en dioses y el intento ansioso de llenar nuestros vacíos con fábulas y agentes sobrenaturales representa una rebelión contra la naturaleza, mientras que el naturalismo nos confiere una tranquila aceptación de la naturaleza de las cosas que representa un tipo de calma de la tormenta de nuestras ansiedades existenciales vanas.

La filosofía puede ser simple, sobria, clara y placentera … pero los fanáticos de palabrería florida y acertijos oscuros nos lo impiden. Epicuro y sus asociados se rebelaron contra ambas tendencias (la de los filósofos pedantes y la de los mortales que corren tras ideas vanas), fundamentando el proceso de filosofar de manera firme sobre la evidencia empírica y el estudio de la naturaleza de las cosas, lo cual mejoró un poco el asunto.

Uno debe apoyarse en la agudeza de percepción para separar las nociones que son de la naturaleza de aquellas que se han concebido con dificultad u oscuridad … Presta atención por completo a la facultad del razonamiento empírico. – Epicuro, en De la Naturaleza, Libro 18

La idea es que toda palabra que se emplea debe tener una correspondencia clara en la naturaleza, en la realidad, tal y como se hace evidente a nuestras facultades. Y la razón por la cual los fundadores del epicureísmo establecieron estas reglas era por la tendencia en otras escuelas filosóficas a inventarse palabras vacías.

El resultado de esta doctrina es que los primeros epicúreos con frecuencia cambiaron los nombres de muchas cosas con justificación empírica, de manera que las palabras estuvieran en acorde con las cosas significadas y sus descripciones propias. La práctica de establecer claramente el sentido de las cosas referidas y las definiciones, antes de comenzar un debate o discurso filosófico también se origina en este concepto.

Para demostrar un ejemplo moderno del problema, debo citar un debate reciente que tuve en youtube con un predicador cristiano que había hecho un video (demasiado largo) de propaganda religiosa en la que criticaba algunas de las cosas que ha dicho Shirley, y en el cual el hizo frecuente referencia a un ideal arbitrario: la moral objetiva.

Muchos cristianos usan este supuesto argumento para justificar la necesidad (aunque no necesariamente para probar la existencia) de Dios, pero incluso Sam Harris, en su libro The Moral Landscape, se ha ido corriendo tras este fantasma inventado por teólogos platonistas para confundir a la gente.

La idea es que, según los teólogos cristianos y de otras tradiciones teístas que proponen este argumento, existe “el bien y el mal objetivos” (conceptos platónicos, cuya definición no está en lo absoluto clara) y que, para que existan, tiene que existir un Dios. Ya, eso es todo. taráaaaa. Ese es el argumento de la moral objetiva. Estas son algunas de mis respuestas al hermano cristiano que propone esta falacia:

… genera problemas que hables del “bien y el mal” como conceptos platónicos sin contextualizarlos. Eso NO SIGNIFICA ABSOLUTAMENTE NADA claro. Puede ser cualquier cosa … Podria hacer sentido hablar de “los bienes y los males” de una manera concreta, no-platónica, no-conceptual, pero todavia deberia ser descrito en detalle en que consisten estos bienes y males. Cuando estudiamos la naturaleza lo que si vemos es el placer y la aversión: un bebé nace y antes de haber sido corrupto por la cultura, instintivamente busca el placer y trata de evitar el dolor. Estas son experiencias REALES para las entidades vivientes. ¿Porque entonces no hablar de los placeres y los dolores, para que se sepa claramente lo que se significa cuando se habla de la “moral” sin malabares de palabras y sin autoritarianismos arbitrarios? … porque una moralidad que necesita de lo sobrenatural no puede incluir a todo el mundo y por lo tanto no puede ser util. Las personas que no creen en las creencias religiosas particulares de otras personas no van a poder coincidir en nada. Una moralidad objetiva SOLO puede ser cientifica, o basada en la observacion de la naturaleza.

y luego persistí,

… nunca explicaste de donde sacaste este criterio arbitrario de “moralidad objetiva”, y luego dijiste que no es de la religion sino de Dios que viene esta “moralidad objetiva” pero nunca confrontaste los versos de la Biblia que muestran a Dios como un monstruo grotesco, y los efectos deshumanizantes y dañinos que estas defensas de la moralidad religiosa tienen hoy.

En ningún lugar en nuestras observaciones de la naturaleza, nada da indicio de que exista una “moral objetiva”: el hedonismo, el placer y la aversión, sin embargo parecen ser lo mas cercano, parecen ser (el mismo debatiente lo admitió) componentes esenciales de lo que podríamos llamar nuestro compás moral, y son observables y reales en la naturaleza, percepciones directas de la experiencia. El debatidor cristiano los descarta diciendo que son subjetivos, sin explicar más, pero esto simplemente indica que es imposible discernir lo que produce felicidad y sufrimiento sin tomar en cuenta cosas que llamaríamos subjetivas.

Pero observen como los teólogos y sus portavoces usan términos arbitrarios (como “moral objetiva”), nunca se molestan en definirlos, mucho menos con claridad, y salen corriendo con estos conceptos y construyen castillos en el aire y cuando uno viene a ver tienen a la gente viviendo en Narnia, o en un paraíso islámico con 72 vírgenes, o en el mundo de Lord of the Rings, o en alguna otra fantasía religiosa (¡o a veces laica!) divorciados por completo del contexto, de la realidad, de la materia, del mundo.

Así no se filosofa. Pongamos los pies en la tierra. Eso de inventarse palabras que nada significan para hablar de cosas que no son observables en la naturaleza, amigos, se llama charlatanería, y a los epicúreos siempre nos van a repudiar por rehusarnos a llamarle por otro nombre. Filosofemos, mejor, de manera sobria, clara y placentera, basándonos siempre en el estudio de la naturaleza de las cosas.

Hiram Crespo es autor y blogger puertorriqueño residente en Chicago, fundador de societyofepicurus.com y autor de Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014) y de Cultivando el jardín epicúreo y el autor/traductor de Varios días en Atenas y Epítome. Ha contribuído artículos a The New Humanism (una publicación de The Humanist Chaplaincy at Harvard), The Humanist (una publicación del American Humanist Association), El Nuevo Día, Humanist Life y muchos otros. Se graduó con altos honores de un Bachillerato en Estudios Interdisciplinarios en Northeastern Illinois University y además del español e inglés, conoce el francés y el idioma universal, esperanto.

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