Editorial

El alma

By febrero 10, 2016 No Comments

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” (Génesis 2:7)

La mortalidad es una preocupación puramente humana que responde al deseo de trascender. Una consecuencia de esa búsqueda tan propia de nuestra especie, ha sido la idea de que el ser humano está constituido por el cuerpo y también por su esencia no física: el alma. Y se ha supuesto que el alma no sólo es intangible, sino que además no nace ni muere: es eterna. (1)

Los griegos, que se cree tomaron este concepto de los egipcios para luego depurarlo, distinguían tres clases de alma: la espiritual, la sensitiva y aquello que definieron como el alma que nos otorga la inteligencia. La primera de ellas sería el soplo que nos da la vida, la segunda nos permitiría sentir sensaciones y emociones, y la tercera representaría el origen de nuestra inteligencia. Luego Tomás de Aquino reinterpretó estas nociones especificando en qué parte del cuerpo se encontraba cada una de ellas y sentando las bases de la visión cristiana al respecto. (2) La tradición cristiana ha tomado muchos elementos del pensamiento griego sobre el alma. Ha reinterpretado algo del dualismo platónico, al formular filosóficamente la idea de alma en sí misma. Y a través de Tomás de Aquino, se ha basado en Aristóteles y su fórmula hilemórfica para deducir la relación del alma con el cuerpo. (3)

Según la Enciclopedia Católica, el alma corresponde al principio interno último por el cual pensamos, sentimos y tenemos voluntad. La enciclopedia también afirma que es de constitución única para cada persona, indivisible, indestructible e integradora de todas las experiencias mentales como la conciencia, la inteligencia, los sentimientos y la voluntad. Gracias a la injerencia del lenguaje religioso en los usos y costumbres, esta hipótesis ha sido asimilada por millones de personas alrededor del mundo. Sin embargo, entre los filósofos y científicos, la relevancia de tales ideas es prácticamente nula. El principal motivo para ello, es que si el alma funciona como una explicación de nuestro comportamiento, al ser la causa de los actos intencionados y las disposiciones, debería existir un fundamento científico para ello, algo que, como sabemos, no ocurre.

Hoy estamos más cerca que nunca de entender mediante qué procesos sentimos y pensamos, así como muchas otras cuestiones que antiguamente fueron atribuidas a potencias sobrenaturales. Y a pesar de ello, no tenemos evidencias de nada fuera del mundo físico que pudiésemos identificar como alma. Esas elucubraciones de los egipcios y los griegos, que luego Tomás de Aquino adaptó, básicamente siguen siendo tan endebles hoy como entonces.

El alma no pasa de ser un concepto contradictorio con cualquier noción que tengamos de los principios naturales. La arbitrariedad de afirmar su existencia denota que seguimos anclados a la necedad.  Nos empeñamos en atribuir nuestra facultad de sentir y pensar a una construcción fantástica. De hecho, hablamos del alma tal como los invidentes hablan del amanecer: sin tener la más mínima idea de qué es, pero con la noción indeleble de aquello en lo profundo de nuestra mente. La persistencia de este tipo de ideas, despojadas de todo significado, es otra prueba más del contundente sometimiento intelectual de la humanidad.

 

  1. Según Voltaire, el imaginario egipcio concibió que el alma es algo intangible y eterno. Ref. “Encuentro entre el niño y el perro muchos más puntos de contacto que entre el hombre de talento y el absolutamente imbécil. ¿Qué opinión tendré, pues, de esa naturaleza’? La que todos los pueblos tuvieron antes que la ciencia egipcia ideara la espiritualidad, la inmortalidad del alma.” Voltaire, Diccionario filosófico.

 

  1. Tomás de Aquino dice sobre el alma: “El alma es una forma que subsiste per se, que está toda en todo, que su esencia difiere de su poder, que existen tres almas vegetativas: la nutritiva, la aumentativa y la generativa; que la memoria de las cosas espirituales es espiritual, y la memoria de las corporales corporal; que el alma razonable es una forma inmaterial en cuanto a las operaciones, y material en cuanto al ser.”

 

  1. La teoría hilemórfica, también llamada “hilemorfismo” (del griego hyle = materia; y morphé = forma), fue concebida por Aristóteles para explicar la realidad física. Dicha teoría sostiene que todas las cosas físicas se componen de materia y de forma. Según Aristóteles, materia y forma son eternas, pero no existen independientemente la una de la otra, sino unidas: o se dan juntas o no se dan.
Pablo Naveira

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Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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