El cerdo hedonista y la hipocresía cultural

PigHerculaneum

 

Cuando quiera reírse, entonces visíteme: elegante y gordo, yo soy un cerdo bien cuidado, uno de manada de Epicuro.

– Horacio, Epístolas I.4.16

Las tradiciones religiosas abrahámicas han sido generalmente hostiles a Epicuro. En la tradición talmúdica la palabra apikoros era, de hecho, un término genérico para goy, el término judío para los extrangeros paganos, comparable al kafir islámico, que se traduce como infiel. Las diferencias entre las religiones del desierto y la filosofía del jardín son tan profundas y tantas que no pueden reconciliarse.

Esta intransigencia es simbolizada por la prohibición estricta de comer jamón, tanto en el islam (donde la carne de cerdo es considerada haram, es decir ilegal, sucia) y el judaísmo (donde es trefah, o no-kosher). De hecho, cuando en la ciudad de Herculano, en Italia, se encontraron los restos de casi 2,000 papiros de la librería personal del filósofo hedonista Filodemo de Gadara, entre las esculturas encontradas allí había un cerdo saltando (arriba) que se ha venido a convertir en el símbolo oficial del legado arqueológico de Herculano y en la mascota oficial del epicureísmo (algo que el poeta romano Horacio parece haber confirmado).

El peligroso lechón, al ser considerado el animal más sucio, conlleva tantos tabúes que un adorador del Dios del desierto no lo puede comer, tocar, e incluso los personajes de dibujos animados, si son cerdos, deben ser rebajados y asqueantes y nunca presentados de una manera amigable. Hoy en partes de Europa, se están volviendo tabú adorables personajes occidentales de nuestra niñez como Porky Pig y Miss Piggy para no insultar sensibilidades musulmanas.

Una de las ironías de esto es que la mayoría de los puertorriqueños, aún los que más ostentan ser esclavos del Dios de Medio Oriente, ignoran completamente estos tabúes que son tan importantes para los judíos y musulmanes y se hartan de lechón, sobre todo en la mas sagrada de todas las noches del año: en Noche Buena. Esta es una tradición del solsticio cuyo origen es claramente no-kosher. Así de versados están en cuestiones de tabúes bíblicos.

Ahora, no estoy diciendo que el cerdo no es sucio, que no lleva parásitos y no requiere de un cuidado especial cuando se cocina … pero también se puede decir lo mismo de la carne de res y el pollo.

Además, para ser una criatura tan vilipendiada en una cultura, el cerdo nos parece inocente a nosotros y a los millones de personas que los crían, los aman como mascotas o comen su carne con frecuencia. Los cerdos son tan valorados que se les considera moneda en muchas culturas (sobre todo en Papúa y el resto de Oceanía), y la página web de PETA sostiene que su inteligencia es comparable a la de los perros y gatos.

Hay varias hipocresías relacionadas con la corrupción cultural y percepciones no-analizadas por mucho tiempo que rodean al cerdo. La primera es que, mientras que a su primo mucho más grande el elefante le encanta bañarse en el barro (una práctica que es buena para la piel e incluso los seres humanos se hacen faciales de barro) y nadie considera que el elefante es particularmente más sucio que otros animales, no parece haber nada más repugnante y desagradable para algunas personas que un cerdo fangoso. Es casi el epítome de la suciedad.

Para los epicúreos (y al igual que ellos y su propio ideal de vida), el cerdo es un ser que se da a querer y tiene alegría de vivir, que felizmente come los alimentos más simples. Cuando leemos el poema de Horacio se hace evidente que él está usando el término cerdo como sinónimo de un ser feliz, libre, natural que ama la vida. Horacio juega, payasea, se burla de si mismo e invita a la persona a la que escribe su epístola a imaginarlo como un bien-cuidado cerdo epicúreo cada vez que se quiera reír. Podemos imaginar el círculo de amigos que aman la vida con exhuberante alegría que formaron estos interlocutores.

El mundo musulmán ayuna durante el mes de Ramadán. Comer durante las horas de sol está prohibido en los países musulmanes durante el Ramadán y cualquier persona que sea vista comiendo, ha roto una parte importante del contrato social, un contrato que la mayoría de los musulmanes no firma voluntariamente. La mayoría de los musulmanes lo son por nacimiento, no por elección. El ayuno durante el Ramadán no es opcional en el islam, como tampoco lo es orar cinco veces al día y hacer el peregrinaje a Meca (en meses recientes, ateos de closet del mundo islámico han sacado fotos desde la Kaaba, el lugar mas sagrado del islam, mientras leían libros ateos en lugar del Corán, para demostrar que muchos allí no creen en lo que hacen).

¿Cómo puede alguien saber la sinceridad de la fe de uno cuando un acto no es opcional? Este tipo de comportamiento obligatorio en las sociedades religiosas engendra una cultura de hipocresía y de actitudes punitivas que reemplaza la piedad auténtica con obediencia ciega. Peor aún, cuando confrontamos a los imames y mulahs, rápido se defienden citando el verso del Corán que dice que “no hay compulsión en la religión” … pero si te matan por apostasía, ¿como se llama eso, si no es compulsión?

Estas actitudes culturales alcanzan el ápice de la hipocresía con todo lo que concierne al sexo. El islam propone que los hombres pueden tener tantas esposas como puedan mantener (algunos imames lo limitan a cuatro esposas) y, en países donde el islam es la base de la ley, la poligamia con frecuencia todavía se practica como en los tiempos de Mahoma, que tenía un harén extendido de esposas y concubinas. Una de sus esposas fue “tomada” de una tribu judía conquistada después de que todos los hombres habían sido sacrificados (las mujeres fueron obligadas a mantener relaciones sexuales con hombres que habían matado a sus maridos y padres), iniciando una tradición de tráfico humano que hoy ISIS se enorgullece de continuar porque, si Mahoma lo hizo, ¿como va a ser inmoral? Otra de las esposas de Mahoma había estado casada con su hijo adoptivo, que gentilmente se la dio luego de notar las miradas lascivas que tiraba el profeta en su dirección y para evitar … digamos, conflictos.

Vamos a cambiar las mesas. Hagamos un ejercicio intelectual. Uno se pregunta cómo la sociedad, en particular la sociedad religiosa, reaccionaría a una comunidad epicúrea que vive un estilo de vida comparable al de Mahoma o el profeta mormón Joseph Smith, que tenía más de 30 mujeres, dos de los cuales tenían 14 años cuando el empezó a tener sexo con ellas, y algunas de los cuales ya estaban casadas con los seguidores de Smith antes de tomarlas como esposas. Abraham, el gran patriarca de la tradición bíblica, tuvo al menos dos esposas, y en Génesis 30, Jacob tiene relaciones sexuales con cuatro mujeres: dos hermanas-esposas y dos esclavas-concubinas.

¿Qué dirían los cristianos o musulmanes piadosos si existiera un filósofo epicúreo con un harén de 30 esposas? Una de las esposas de Mahoma, Aisha, tenía seis años cuando se casó, nueve años cuando tuvo relaciones sexuales con él, que tenía 60 años. ¿Que dirían los partidos de Dios si algunas de las mujeres en el hipotético harén epicúreo son “tomadas” a través de la guerra y el genocidio, o son niñas?

Para ilustrar la doble moral, ¿qué dirían si nuestro hipotético filósofo epicúreo fuera gay y viviera con 30 hombres jóvenes, en lugar de un harén de mujeres como hicieron Mahoma y José Smith?

Los religiosos nunca admiten o hablan en público sobre la posibilidad de que sus profetas eligieron múltiples parejas sexuales porque buscaban placer, y no por obediencia a su Dios. No, para ellos Dios quizo que tuvieran muchas esposas. Y así, es irreprochable la poligamia (solo si es religiosa) y la cuestión del placer no se habla, y ​​eso es todo.

¿Cómo es que los epicúreos virtuosos (que nunca han sido conocidos por tener harenes o tratar a las mujeres como ganado) escandalizaron a tanta gente religiosa simplemente por admitir que consideraban el placer valioso?

¿Y como es posible que estas comunidades que dicen estar escandalizadas por asuntos como el matrimonio gay, que después de todo pretende ser monogámico, hayan surgido de unos orígenes tan escandalosos? ¿Debería permitirse que esta audacia persista sin ser cuestionada … como los mormones que luchan contra el matrimonio gay mientras que vienen de ancestros polígamos en tiempos bastante recientes?

La filosofía naturalista, al deshacerse de la creencia de que los dioses se contentan o descontentan con nuestros actos morales o inmorales, sitúa la ética en un plano que se aleja de esta clase de falsa opinión y falsos juicios. Evita legitimar injusticias arbitrarias como el tráfico de mujeres como si fueran ganado, como el uso y abuso sexual de menores de edad, la homofobia y la denigración de una criatura tan inocente como el cerdo.

Es curioso que nuestra sociedad, aún siendo tan hostil hacia el poliamor, afirma que tiene sus raíces en las tradiciones abrahámicas, todas los cuales tuvieron su cuna en estilos de vida de poliamor que modelaron valores familiares cuestionables. Abraham, por ejemplo, lanzó su segunda esposa Agar y su primer hijo Ismael al desierto bajo los susurros de Sara, su primera esposa … y todos hemos oído hablar de cuánto sufrimiento fue causado a José, el hijo de Isaac, por sus medio-hermanos celosos cuando fue vendido como esclavo. ¿Son las raíces de la civilización occidental realmente abrahámicas? Y si aceptamos que no lo son, ¿sería realmente deseable que lo fueran? Cuando se formaron las tradiciones judía e islámica, era claro que nosotros los occidentales estábamos entre los apikoros y los kafir a los que se referían y contra los que declararon perpetua hostilidad.

La próxima vez que usted coma tocino o jamón con sus amigos, recuerde estos razonamientos. De todos los alimentos disponibles a los seres humanos, la carne del cerdo lleva consigo una serie de tabúes religiosos y controversias, junto con cuestiones filosóficas y tradiciones que subrayan y hacen evidente la clara distinción entre la verdadera ética y la cuestionable moral supersticiosa y repleta de dobles estándares.

Originalmente escrito en inglés para societyofepicurus.com.

Hiram Crespo es autor y blogger puertorriqueño residente en Chicago, fundador de societyofepicurus.com y autor de Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014) y de Cultivando el jardín epicúreo y el autor/traductor de Varios días en Atenas y Epítome. Ha contribuído artículos a The New Humanism (una publicación de The Humanist Chaplaincy at Harvard), The Humanist (una publicación del American Humanist Association), El Nuevo Día, Humanist Life y muchos otros. Se graduó con altos honores de un Bachillerato en Estudios Interdisciplinarios en Northeastern Illinois University y además del español e inglés, conoce el francés y el idioma universal, esperanto.

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