El Cromosoma 2, Testigo de Nuestra Evolución

kariograma

Imagínese tener una evidencia de la evolución tan sencilla que todo el mundo la puede entender. Imagínese también que es tan contundente que los que atacan la teoría de la evolución no tienen una explicación satisfactoria desde su punto de vista oscurantista.  Les presento al cromosoma número 2, el segundo más grande en los humanos:

cromosome 2

Imagen en el dominio público de Wikipedia.org

De los cuatro géneros de grandes simios que aún existen (gorilas, orangutanes, chimpancés y humanos), somos los únicos que poseemos 23 pares de cromosomas en nuestras células no sexuales. Los otros tres grupos poseen 24, un par adicional. Esto podría parecer contradictorio dado el hecho de que los chimpancés y humanos compartimos el 98% de nuestro ADN. O sea, sólo un 2% nos hace diferentes. Matt Ridley, en su libro Genome , lo expresó así: “We are, to a ninety-eight per cent approximation, chimpanzees, and they are, with ninety eight per cent confidence limits, human beings“. Compartimos, de forma similar, el 97% de nuestro ADN con los gorilas.

¿Cómo es esto posible? ¿Como podemos tener un 98% de homología o identidad genética con los chimpancés si ellos tienen un par de cromosomas adicional? La respuesta la encontramos al comparar la secuencia de nuestro cromosoma 2 con la del par adicional de los demás simios: son prácticamente idénticas. ¿La razón? Nuestro cromosoma 2 es el resultado de una unión de dos cromosomas que permanecen separados en los demás simios (denominados cromosoma 2A y 2B).

¿Cómo lo sabemos? Aparte de la homología genética, la evolución ha dejado un rastro innegable de esta combinación cromosomal: las puntas de los cromosomas conocidas como telómeros. Éstas son secuencias altamente repetidas de nucleótidos (las unidades moleculares que forman el ADN) que sólo se encuentran en las puntas de los cromosomas. Cuando el ADN se duplica tiende a perder nucleótidos en sus extremos por lo que los telómeros sirven como un resguardo para que las secuencias que se pierdan no sean importantes. Son como las plásticos en los extremos de los cabetes para que no se deshagan.

Las dos barras en la parte izquierda de la siguiente figura representan los dos cromosomas adicionales de los simios, el 2A y 2B. Las cajitas rojas a los extremos son los telómeros.

Chromosome2_merge

Imagen en el dominio público de Wikipedia.org

 

La barra grande de la derecha representa la fusión de ambos para dar lugar a nuestro cromosoma 2. De haber ocurrido una fusión deberíamos encontrar secuencias teloméricas (cajitas rojas) no sólo en los extremos del “nuevo” cromosoma, sino en el lugar de fusión. Y eso es exactamente lo que se ha encontrado. La secuenciación del genoma humano nos revela, de forma inequívoca, que el cromosoma 2 tiene telómeros en las puntas, como deber ser, pero también en su interior, cosa que no debería ser.

Hay algo más. Los cromososomas tienen una región conocida como centrómero (la cajitas azules en la figura). Estas son necesarias para los procesos de división celular pues permiten que los cromosomas duplicados sean distribuidos debidamente a las células hijas. Existe un centrómero por cromosoma. La excepción, nuevamente, es el cromosoma 2. Obviamente si éste es el resultado de otros dos que se fundieron, deberíamos encontrar ahora no uno sin dos centrómeros. Al analizar el ADN humano allí están, efectivamente: dos centrómeros donde debería haber uno. En realidad uno ha acumulado tantas mutaciones que se ha convertido en un vestigio sin función.

La siguiente figura muestra nuestro cromosoma 2 a la izquierda (rotulado Hu, de humano) y los dos correspondientes del chimpancé (rotulados Ch, de chimpancé). Cuando los cromosomas son teñidos con ciertos tintes (y durante cierta fase de la división celular), se obtiene un patrón reproducible de bandas, unas más oscuras que las otras. Tan reproducibles son que se les asignan números y letras para identificarlas (ver la primer figura) y se pueden usar para identificar los cromosomas. Son el equivalente biológico de los códigos de productos que son leídos con los escáners de precio en las tiendas.

mmm.chr.2.H+C.red.cut

http://www.indiana.edu/~ensiweb/images/mmm.chr.2.H+C.red.cut.jpg

 

Banda tras banda, claras y oscuras, son prácticamente idénticas entre humanos y chimpancés, nuestros primos más cercanos en el árbol evolutivo. Más aún, al comparar este cromosoma con los de otros organismos, encontramos fragmentos del mismo regados en el ADN de gatos, ratas y otros evolutivamente más distantes de nosotros. Por supuesto la evolución no depende de esta sola evidencia. El registro fósil, el análisis de ADN, los patrones en el desarrollo de los fetos, y el cúmulo de chatarra genética que tenemos en nuestras células, entre otras cosas, demuestran con contundencia que somos productos del proceso de la evolución a través de la selección natural.

Shirley Rivera nació en Bayamón, Puerto Rico. Estudió Aeronáutica en la escuela de Aviación de la Universidad InterAmericana de Puerto Rico en el programa de Administración de Sistemas de Aviones. Laboró en el periódico El Nacional de Oklahoma, ejerció como reportera ancla del clima en Telemundo Oklahoma City y también trabajó como reportera de noticias para Univisión Tulsa también en el estado de Oklahoma, actualmente trabaja en programas educativos del Departamento de la Defensa de los Estados Unidos. Es presidenta y fundadora de Ateístas de Puerto Rico desde el 2014 y Directora Regional de American Atheists en Puerto Rico.

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