El desencuentro entre la razón y la experiencia

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“Toda vida social es esencialmente práctica. Todos los misterios que inducen a la teoría, al misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica.” – Karl Marx

Muchas personas interpretan que las tradiciones son un valor cultural. Todo lo referente a ellas suele funcionar como un excelente legitimador de criterios y costumbres sobre los que no se ejerce el más mínimo cuestionamiento. El verdadero problema con esto, radica en que invalidar el análisis sobre las ideas transmitidas suele no ser beneficioso. Los criterios incorporados por tradición, así como los adoptados por desconocimiento, tornan a las personas vulnerables frente a situaciones de evidente fraude, como es, entre otros, el caso de las ideas religiosas. La tradición, el desinterés y la ignorancia siempre han sido factores que facilitan la permanencia de las nociones erradas.

Karl Marx pensaba que los seres humanos no entendemos lo que nos rodea a través de una relación teórica con las cosas, sino que, como todo animal, comenzamos por experimentar el entono. Luego, como seres racionales, asignamos un valor a todo cuanto hemos experimentado. Él sostenía que nuestro desarrollo como especie se fundamenta en la praxis humana, o acción del ser humano sobre la Naturaleza. Esto se basa en que no es el medio o el Universo lo que nos define, sino que nosotros definimos nuestro mundo desde la práctica. Todo es interpretado a partir de nuestra percepción. Somos seres sensoriales, inquisitivos, y precisamos de la experiencia como puente para el conocimiento.

Sin embargo, esto no necesariamente significa que nuestra meta es siempre el conocimiento. La negación de los mismos resultados a los que la experiencia nos pareciera llevar, no sólo resta objetividad a las ideas que se generan sobre los fenómenos a que estamos expuestos, también favorece que muchos enunciados sean entendidos como ciertos indistintamente de su veracidad. Efectivamente, los seres humanos definimos el mundo a través de nuestra existencia y el ejercicio de la misma, aunque no siempre lo hacemos de un modo que se fundamenta en la racionalidad y el buen juicio.

Somos los únicos seres capaces de crear intrincados mundos imaginarios gestados en medio del desconocimiento y la locura. También somos los únicos que, habiendo sido testigos de innumerables atrocidades en nombre de criterios absurdos que alguna vez creímos sensatos, seguimos adelante y evitamos reconsiderarlos. Incluso hemos establecido sistemas de valores construidos a partir de los mismos conceptos que esas ideas ayudaron a cimentar. Pero quizá la más evidente muestra de esa contradicción que el desencuentro de la razón con la experiencia nos depara, sea el modo en que hemos imaginado supuestas esferas y seres ajenos a nuestra realidad, equiparándolos con el único mundo que somos y seremos capaces de experimentar.
 

 

 

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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