Editorial

El dogmatismo

By enero 2, 2018 No Comments

La racionalidad está ligada a la capacidad de analizar y justificar  de manera coherente nuestras convicciones. Los dogmas, por el contrario, son un tipo de idea preconcebida y generalmente impuesta, que deja de lado la argumentación. Por lo tanto, los dogmáticos funcionan en sentido opuesto a la crítica constructiva y perpetúan ideales no necesariamente útiles. Tal vez el mejor ejemplo de ello sean las religiones, con sus parámetros inamovibles que no permiten la argumentación razonada y premian la parálisis intelectual. Claro que existen creencias dogmáticas tolerantes e intolerantes, así como en ocasiones estas se fusionan con la cultura, por lo que el seguir las pautas que los sistemas dogmáticos promueven puede o no ser parte de un mandato social.

El dogmatismo presenta un obstáculo en varios sentidos. Mientras más dogmáticos somos, más lejos estamos de la racionalidad y, en cierto modo, nos acercamos a un accionar violento, incluso si nuestras causas son nobles. El efecto del dogmatismo en nuestra sociedad que ostenta una identidad religiosa es nefasto, pero también lo es fuera del contexto religioso. Existen, como vemos a diario, formas de pensamiento dogmático no relacionadas con la esfera religiosa.

Ya no es de sorprender que existan quienes mantienen prácticas religiosas heredadas de nuestro más remoto y salvaje pasado. Tristemente, la religión ha institucionalizado el pensamiento supersticioso y sus adeptos han hecho de tales rituales una constante. Sin embargo, y a pesar del acostumbramiento a lo mencionado, sí debemos criticar a quienes imponen sus ideas sin desarrollar el análisis de las mismas y estructuran el rumbo de nuestras sociedades, sean o no religiosos.

Un buen ejemplo de pensamiento dogmático no religioso es el nuevo feminismo, cuyos métodos funcionan de modo que generan cambios, pero no necesariamente los que se supone han dado origen a su gesta. El feminismo actual se ha tornado violento, totalitario e irreflexivo. Con este feminismo no se razona, no se dialoga. Pero no se trata sólo del feminismo, sino de tantos otros sistemas totalitarios, donde la razón ha perecido ante ideales exacerbados. De hecho, el dogmatismo caracterizó a casi todos los movimientos humanistas del siglo XX.

El ser humano tiende a fortalecer los dogmatismos cada vez que acepta algo que ha entendido como guía incuestionable. A fin de cuentas, incluso un ateo puede ser dogmático. Así como la fe se asienta sobre una serie de dogmas o doctrinas, en todo dogmatismo existe una idea primaria, una suerte de norma que se toma como una verdad incuestionable. Y claro, al igual que en el contexto religioso, el dogmático interpreta la negación de esas normas como una herejía, lo que generalmente da lugar a la expulsión de la comunidad  o, en el peor de los casos, a una persecución ideológica.

El dogmático es inflexible y sostiene principios de causas varias como si estos fuesen innegables de por sí, más allá del fundamento. En este punto, la ideología se torna un obstáculo tan grande para el individuo, como su propia negación de toda disidencia. La obediencia irracional y el fanatismo pueden generar daños económicos, físicos y psíquicos, pero el dogmatismo es más peligroso aún, porque nos encamina a la violencia con toda seguridad. El dogmatismo funciona como una suerte de escudo ante las discrepancias y siempre tiende al comportamiento extremo para sostener la convicción que le da origen.

Pablo Naveira

Author Pablo Naveira

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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