Editorial

EL SER IMAGINARIO – CAPÍTULO 13

By noviembre 19, 2015 No Comments

“Dios quería que el hombre, privado de toda conciencia de sí mismo, permaneciese como un eterno animal, siempre en cuatro patas ante el dios eterno, su creador, su amo. Pero he aquí que llega Satanás, el rebelde, el primer librepensador y el emancipador de los mundos. Avergüenza al hombre de su ignorancia, de su obediencia animal; lo emancipa e imprime sobre su frente el sello de la libertad y de la humanidad.” -Mijaíl Alexándrovich Bakunin, pensador revolucionario ruso. (1814 – 1876)

Lucifer – (del latín lux “luz” y fero “llevar”; de lo que se construye “portador de luz”) En la mitología cristiana, se trata del “ángel caído”, aquel que perdió su condición de querubín celestial luego de rebelarse contra dios y ser denigrado y expulsado del Cielo.

El cristianismo es contradictorio en muchísimos sentidos, y varias de estas contradicciones han sido ya tratadas en capítulos anteriores. Sin embargo, tal vez lo más destacable en este sentido tiene que ver con el relato bíblico en sí y el modo en que los personajes son presentados.

Sería sensato suponer que el protagonista principal de cualquier fábula es el héroe, mientras que su antítesis, es el villano; pero en el caso de la Biblia dicha regla no se aplica. El verdadero protagonista de esta fábula es, con toda seguridad, el villano. El texto nos describe a Jehová como el autor y mentor de los más atroces actos: el dios cristiano comete crímenes y permite la violencia de las más variadas formas. Guerras y calamidades de todo tipo son el sello de un dios vengativo y enajenado. Por su parte, Lucifer, su adversario, es un rebelde que se independiza del tiránico Jehová, su creador.

¿Quién es Lucifer en el mito cristiano?

Según la Biblia, Jehová creó a Lucifer para que ocupara una posición de privilegio en el Cielo. Lucifer declaró su rebeldía y el mensaje de independencia fue oído por otros ángeles. Como consecuencia, él y todos sus seguidores fueron desterrados y condenados a morar eternamente en el Infierno.

Los cristianos ven al personaje de Lucifer como un ser malvado, como el ángel rebelde que inició una revolución contra dios en aras de negar su autoridad y derrocarlo. Lucifer es, para todo cristiano, la personificación de la maldad, el origen de todo mal. (1) Pero, me pregunto: ¿Es maligno Lucifer en algún sentido, habiendo pretendido únicamente emanciparse de un creador totalitario? ¿No fue acaso su destierro la consecuencia de un motín justificado?

Lucifer desafió a Dios y eso no fue tolerado. El mensaje de Jehová es claro: “A mí no se me cuestiona.”

Si analizamos las Escrituras de manera objetiva, vemos que Lucifer es el rebelde de un reino gobernado con tiranía. Jehová es un dios que actúa de manera arbitraria e impone su voluntad. Pero, irónicamente, lo que en términos humanos se entiende como arbitrariedad, en términos del cristianismo pasa a ser justicia divina. No hay motivo, a primera vista, para deducir que Lucifer es un personaje maligno y Jehová es misericordioso. Hay sobrados ejemplos en el relato bíblico de los crímenes cometidos por Jehová, así como de los perpetrados en su nombre. El dios cristiano desencadena toda su ira contra la humanidad y exige lealtad a través de la fuerza. Lucifer, por su parte, rechaza este mandato nefasto y se rebela contra el dios tirano y sus representantes; reclama la misma libertad que él mismo otorgó a Adán y Eva en el Jardín del Edén.

La Biblia, como todo relato fabulesco, retrata sitios y personajes absolutamente fantásticos: Jehová, Jesús, el Jardín del Edén y Lucifer. El escaso juicio crítico que se ejerce sobre este tipo de textos denota el modo en que la herencia cultural ha impreso tales ideas en nuestra mente. La historia de Lucifer es significativa, ya que nos ilustra al respecto de la interpretación cristiana del mundo, una que invierte los valores, que enaltece el actuar de un ser despiadado y demoniza al emancipador. Lucifer es, en definitiva, nada más que un chivo expiatorio, un personaje al cual culpar por las penurias de la humanidad.

El pensamiento supersticioso deriva del desconocimiento sobre la Naturaleza y su funcionamiento, sus procesos. De ese desconocimiento y de un limitado interés por alcanzar la verdad surgen las explicaciones sobrenaturales. Despojado de toda lógica, imposibilitado de racionalizar lo que percibe, el supersticioso utiliza el mito para explicar el mundo en su totalidad, adjudicando incluso los fenómenos naturales a entidades inverosímiles y carentes de todo fundamento.

¿Cómo se explica que no se cuestione al dios tirano, egocéntrico y vengativo; y sí al rebelde desterrado?

Varios factores posibilitan la aceptación de un ser tirano y autoritario como dios. En primer lugar, debemos tener en cuenta el contexto en que el mito fue gestado. En aquel entonces, el Imperio Romano y sus esclavos convivían de manera tensa, sobre todo en la zona en cuestión, la actual Palestina. Otro punto relevante, tiene que ver con quiénes escribieron la historia. Ésta fue ideada por los judíos; de hecho, ellos son los protagonistas: el personaje de Jesús es judío y El Pueblo de Dios son los judíos.

Estos puntos tienen mucha importancia, ya que hablamos de un pueblo esclavizado, de personas que anhelaban un salvador: algo poderoso que los alejara de su penar constante en manos del Imperio Romano. Adaptar viejos mitos para construir una nueva creencia podía ser la manera de crear un aliado celestial imaginario que los resguardase de quienes los esclavizaban. Pero esta nueva creencia tendría como personaje principal a un dios que los eligiera como protagonistas y los liberase de la opresión, reinando con mano de hierro e imponiendo por la fuerza su voluntad. Considero que para los judíos, acostumbrados a ser vapuleados y menospreciados, un dios tirano no era un problema, era más bien un argumento de fuerza en una situación de opresión.

Debemos recordar que la Biblia es finalizada más de cien años después de la época en que los hechos supuestamente ocurren, por lo tanto, podía funcionar perfectamente como catalizador y registro de los anhelos y padecimientos de un pueblo sufriente, llegando éstos incluso a pretender que su dios, quien suponían los eligió, en algún momento los liberaría del peso de la esclavitud.

En resumidas cuentas, el relato bíblico presenta a Jehová comportándose como un tirano y castigando a su creación sin piedad, mientras que Lucifer concede a la humanidad el conocimiento de sí misma, emancipando a seres cuyo destino era la obediencia ciega, rompiendo con el orden establecido y haciendo prevalecer el libre albedrio por sobre la autoridad irracional. El cristianismo halló en él, no sólo un chivo expiatorio para los males propios de la existencia, sino también al responsable de una confianza en la humanidad que este dios, de existir, jamás podría brindar.
 

  1. Para el Judaísmo, Lucifer, Satán y Belcebú, son tres entidades diferentes. Lucifer es un término metafórico para referirse al Rey de Babilonia. Satanás es un miembro de la Corte Celestial que ejerce como Procurador o Fiscal del Cielo y asesora a Dios como una especie de acusador. Belcebú es un ídolo que se adoraba en la ciudad filistea de Ecrón.
Pablo Naveira

Author Pablo Naveira

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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