Editorial

EL SER IMAGINARIO – CAPÍTULO 18

By enero 10, 2016 No Comments

“La religión no es otra cosa que el reflejo fantástico que proyectan en la mente de los hombres aquellas fuerzas externas que gobiernan su vida diaria, un reflejo en que las fuerzas terrenales revisten la forma de poderes sobrenaturales.” – Friedrich Engels, filósofo y revolucionario alemán. (1820 – 1895)

 

Existen distintas posturas filosóficas al respecto del conocimiento. Algunas de ellas proponen que es inalcanzable y otras que sólo es posible a través de la imposición. Para el escepticismo, por ejemplo, el conocimiento simplemente no es posible. Para el dogmatismo, en cambio, no solamente el conocimiento es posible, sino que las cosas son conocidas tal como ellas son sin verificación o sustento externo de ningún tipo, es decir, fundamentándose a sí mismas. En mi opinión, la experiencia, sea sensible o no, es el verdadero fundamento del conocimiento. El medio del conocimiento es la razón, misma que no puede ser aplicada sino a través de las evidencias o sensaciones que de la realidad externa percibimos. Considero que la relación entre la razón y la experiencia es la única manera posible de entender el mundo.

Desde pequeños lo que nos rodea va tomando forma de manera paulatina. ¿Cómo podemos conocer sobre nada hasta que accedemos sensorialmente al entorno? Sencillamente, no podemos. Sólo por medio de las experiencias y las evidencias corroboramos los hechos de la vida, sobre todo en la niñez. Básicamente, todo lo que conocemos es gracias a la experiencia y las conclusiones que se obtienen de las mismas. Si la razón se utiliza como herramienta de aprendizaje, los conocimientos son adquiridos de manera efectiva, pero no siempre sucede así. En ocasiones vemos que sujetos de elevado intelecto interpretan el mundo a través de creencias de todo tipo. ¿Cómo es esto posible? Existen diferentes factores que persuaden a las personas para adoptar sistemas de creencias, o bien, que protegen al mito dentro de una suerte de burbuja invisible heredada de las preconcepciones culturales. Es aquí donde entran en juego los comportamientos diferenciados o comportamientos basados en la asimilación cultural.

Comportamientos diferenciados:

Se trata de decisiones basadas en el criterio que define la imposibilidad de aplicar el cuestionamiento a una idea, dependiendo de la manera en que ésta ha sido inculcada o actúa sobre la psiquis del individuo. (1) Sujetos que funcionan de manera racional, que analizan, racionalizan y luego actúan, no se comportan de la misma manera frente a los mitos religiosos. Evidentemente, el origen de esta conducta es cultural. Los mitos religiosos son inculcados como verdades incuestionables, y esto invalida el análisis al respecto. ¿Qué tanto prevalece el propio discernimiento por sobre los lineamientos culturales? Tanto como el individuo se atreva a cruzar esa barrera.

Cualquier construcción fantástica carece de autenticidad en el mundo concreto: no debe ser la creencia lo que defina al ser humano, sino el ser humano quien desmitifique las creencias. No existe mito capaz de invalidar el análisis racional, ya que su naturaleza incomprobable lo excluye como hecho cierto hasta tanto no se corrobore. Hay una diferencia substancial entre suponer y saber. La fe no refiere conocimiento, y podemos inferir incluso que más bien lo impide. (2) Dicho esto, si aceptamos que la fe prescinde del conocimiento para fundamentar una creencia, podemos deducir también que es, implícitamente, una condición que detiene el normal desarrollo de los procesos lógicos del mecanismo racional. (3)

En reglas generales, el conocimiento, el entendimiento y la experiencia generan escepticismo. Ahora bien, el temor a romper la barrera de los estándares socioculturales, así como la incapacidad para separar el mito del resto de las situaciones cotidianas, provoca que muchas personas opten por detener el cuestionamiento y, por ende, sostengan aquellas ideas que la razón les demuestra falaces. La exclusiva dependencia de la fe, acompañada por un consecuente menosprecio de la razón, da como resultado un funcionamiento que protege a las creencias de toda crítica o análisis.

Una creencia no es sino un hábito mental que cobra sentido a través de la adecuación cultural. Dichos hábitos se afianzan alcanzando un estado de certidumbre que a su vez funciona como fundamento de lo que cree verdadero. Entonces, el sujeto elimina cualquier posible contraste entre su creencia y la realidad, ya que la hipotética naturaleza incuestionable de los mitos heredados crea una barrera ante el análisis crítico. Esto funciona de manera tal que la capacidad intelectual del individuo no influye en el modo que las creencias son sostenidas, y los criterios, opiniones y actitudes pasan a ser definidos, al menos en cuanto a lo concerniente a la creencia, por el carácter que al mito se le asigna desde la imposición en la niñez.

Otro proceso que, paralelamente a los comportamientos diferenciados da como resultado la incorporación no razonada de creencias, es el paso o mutación de ideas en creencias, es decir, la inferencia de una creencia basada en una idea primigenia que la origina indirectamente. Ejemplo:

La suposición de la existencia de extraterrestres que visitan la Tierra, bien puede transformarse en la creencia de que tales seres han visitado o visitarán la Tierra; sólo es necesario que la idea primera sea entendida como algo incuestionable, y que el sujeto la relacione indirecta o inconscientemente con la cualidad que se asigna a toda creencia y evite cualquier análisis al respecto.

También debemos tener en cuenta que la incorporación de creencias y el modo en que éstas suelen ser perpetuadas, incluso en casos de individuos con una preparación que, sin lugar a dudas, pondría en jaque la validez de las mismas, tiene que ver con el reconfortante sentimiento de comodidad que la aceptación social genera en las personas.

Retrocedamos hasta el Capítulo Quince:

Como seres sociales, formamos grupos e interactuamos con nuestros congéneres, tal es nuestra naturaleza. Cada grupo humano se adapta a roles asignados dentro de la estructura social. El entorno familiar es el responsable de moldear la personalidad, así como de fomentar o desalentar la credulidad de los niños.”

Es obvio que no podemos funcionar solos; necesitamos del grupo, del sustento emocional y moral que brinda la identidad social. Podríamos incluso pensar que la valoración de los mitos no sería, salvo excepciones, un dato que deba interferir en el vínculo social. Pero cuando los mismos nos llegan de nuestro entorno afectivo, el carácter reflexivo propio del pensamiento crítico se ve comprometido y nos tornamos menos analíticos, ya que priorizamos las coincidencias con nuestros afectos por sobre la legitimidad de las ideas transmitidas. Muchas personas prefieren permanecer en un estado de conformismo autoimpuesto a declararse escépticos, ya que la posible exclusión del entorno social es un atenuante al momento de adoptar tales posturas. Como sabemos, el supersticioso es socialmente más aceptado que el escéptico, dada la profunda asimilación que los mitos han sufrido en todos los ámbitos. (4)

La religiosidad ha sido y es para muchos hombres y mujeres un elemento fundamental en la configuración de grupos de pertenencia, y se ha transformado en una característica que define la aceptación o rechazo del individuo en el medio social. La gran mayoría de usos y costumbres devienen de ritos religiosos, del pensar religioso, o de una interpretación supersticiosa del mundo. Es muy probable que grandes grupos de personas, instruidas y en condiciones de superioridad intelectual sobre la masa adoctrinada, deban dejar de lado su escepticismo, tan sólo por sostener una socialización condicionada, participando de ritos que, en última instancia, ellos mismos contribuyen a perpetuar.

 

  1. Las ideas sobre las cuales el comportamiento diferenciado actúa, son siempre de origen externo, dado que ésa es una condición necesaria para las mismas sean entendidas como mito o idea divinizada. Se trata de aquello que, por ser considerado incuestionable, no es analizado de manera objetiva.
  2. Individuos cuyo funcionamiento mental no ha sido afectado por causas biológicas, suelen presentar secuelas neurológicas y psiquiátricas, debido a que el ejercicio de obstrucción intencional de las facultades críticas que el pensamiento religioso fundamentalistas supone, condiciona en gran medida sus respuestas mentales. Este condicionamiento del proceso cognitivo, ocasiona alteraciones del pensamiento, las emociones y el comportamiento. Patologías tales como el delirio religioso, o la simple utilización de la palabra “dios” para responder a cada situación aparentemente insalvable desde la razón, son sólo algunos de los síntomas que suelen presentar los sujetos expuestos a sistemas de base dogmática fundamentalista.
  3. Es imposible conocer aquello que no ha sido experimentado y/o analizado. No se aprende a partir de la aceptación prematura. En tal caso, se estaría aceptando de manera arbitraria, algo que la razón no puede sustentar como verdad objetiva.
  4. La consciencia volitiva del ser humano permite que la razón pueda ser reemplazada por mecanismos accesorios, o bien, que ésta no sea sino una opción, en lugar de la pauta para cualquier análisis crítico.
Pablo Naveira

Author Pablo Naveira

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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