EL SER IMAGINARIO – CAPÍTULO 3

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“¿Cuál es la probabilidad de tal complejidad? ¿Cómo sabemos que algo es demasiado complejo para haber surgido espontáneamente? ¿Cuál es el origen de dicha complejidad? Los creacionistas explican la complejidad de las formas vivas, que contemplan como absurdamente improbable, y postulan por ello un creador. Que este creador tenga que ser de una complejidad enormemente mayor y mucho más improbable que las formas de vida que creó no parece preocuparles. Pero es de lo más natural preguntarse lo mismo del creador que de sus presuntas creaciones. Poniendo sobre la mesa una carta recursiva similar a la jugada contra el argumento de la causa primera, preguntémonos sobre el origen de la complejidad del creador. ¿Cómo surgió? ¿Existe toda una jerarquía de creadores, cada uno creado por un creador de orden superior, y todos ellos, excepto los más inferiores (nosotros), creadores a su vez de otros creadores de orden inferior?” – John Allen Paulos, profesor de matemáticas y escritor estadounidense. (4 de Julio de 1945)

Las investigaciones actuales nos indican que hace catorce mil millones de años un suceso puso el Universo en marcha. Se trata de la gran expansión de materia: el Big Bang. Técnicamente, hablamos de la conformación del Universo desde una singularidad primigenia. Fue el nacimiento de cada estrella, planeta y galaxia. No obstante, para el cristianismo, al igual que para tantos otros cultos religiosos, la existencia de nuestro universo se debe a la voluntad de una entidad sobrenatural. Esta idea, a diferencia de la explicación científica, no posee fundamento alguno, y a pesar de ello sigue tan vigente en la mente del creyente como en los tiempos del oscurantismo.

Como sabemos, el pensamiento intuitivo equivale a una respuesta no razonada. El acto de pensar debe tener un carácter reflexivo si se pretende dar una respuesta acorde a las interrogantes de la vida. Dicho esto, podemos entender que el explicar todo por medio de mitos, como sucede con nuestra existencia y la de nuestro universo, responde únicamente a la tergiversación de las ideas propia del pensamiento rudimentario al que los sistemas religiosos nos han acostumbrado.

Me pregunto: ¿Debe el ser humano conformarse con explicaciones tales que ridiculizan su intelecto? Increíblemente, muchos así lo hacen; basan sus vidas en toda clase de fantasías mitológicas. (1)

Las respuestas que la humanidad necesita no se encuentran en la religión; es más, ésta no brinda respuestas en absoluto, sólo actúa como muleta imaginaria para personas intelectualmente rezagadas o emocionalmente vulnerables.

Nuestro desarrollo como especie se fundamenta en la praxis humana, o acción del ser humano sobre la Naturaleza. (2) No es el medio o el Universo lo que nos define, sino nosotros quienes definimos nuestro entorno desde la práctica. Todo es interpretado a partir de nuestra percepción. Somos seres sensoriales, inquisitivos, y precisamos la evidencia como puente para el conocimiento. Uno de los más graves errores de la humanidad es intentar explicar su propia existencia por medio de supuestos, en lugar de buscar verdaderas respuestas, de basarse en criterios de verdad obtenidos a través de un proceso racional. Y uno de los más notorios intentos por explicar la existencia del Universo de manera no científica es, sin lugar a dudas, el Creacionismo.

El principal argumento creacionista al respecto, es que la complejidad del Universo sólo puede ser explicada por medio de un creador y que la altísima improbabilidad de que las condiciones ideales para que surgiera la vida se dieran por sí solas da cuenta de la existencia del mismo.

Los creacionistas interpretan que la complejidad es una característica que se aprecia en todas las entidades biológicas sin consideraciones de cambios, mutaciones o situaciones particulares del entorno. Es decir que no diferencian los sistemas biológicos entre sí, porque entienden que todos poseen una complejidad específica irreductible. Por su parte, los evolucionistas interpretan que los organismos son consecuencia de un proceso de transformación y adaptación paulatino, que es también el motivo de dicha complejidad.

Podemos decir que para definir la complejidad de cualquier entidad biológica, ésta debe ser susceptible de un análisis absolutamente objetivo, ya que si un sistema es intrínsecamente complejo, y tal condición no deviene de un estado anterior, la misma sólo puede deducirse por medio de la comparación del sistema en cuestión con otro similar. En este punto debemos preguntarnos: ¿Cómo se aparta el Creacionismo de toda subjetividad para atribuir complejidad a las entidades biológicas, afirmando incluso que las mismas no pueden ser producto de un estado más precario en sus etapas iniciales? ¿Qué criterio totalmente despojado de características interpretativas puede objetivamente determinar que algo es complejo de por sí, mas no como una impresión subjetiva basada en preconceptos?

Si la complejidad del Universo y de las entidades biológicas es prueba de la existencia de dios y, consecuentemente, de que éste es su creador, deberíamos entonces especificar qué entendemos por complejidad. Nuestro planeta, y antes que él, nuestro Universo, han existido y evolucionado hasta transformarse en lo que hoy conocemos, por miles de millones de años luego del Big Bang. Al principio los organismos eran más sencillos, luego se tornaron complejos y adaptados a su entorno. Sí, la vida es compleja, y también nuestro Universo, pero existe una explicación lógica para ello: Evolución.

Por otro lado, si la intención es sostener que la vida es improbable por sí misma, sin la intervención de una entidad sobrenatural, como el Creacionismo lo hace, se debería entonces poseer un mapa preciso de todo el Universo, para así poder calificar de estadísticamente improbable la vida en nuestro mundo. No tenemos idea de cuántos planetas existen, y sólo podemos conjeturar; éste es simplemente un dato desconocido. En tales condiciones, no tenemos una idea concreta de qué tan improbable es la vida en el Universo, ya que desconocemos si en otros planetas también surgió. A grandes rasgos, podemos decir que lo único altamente improbable es la existencia del hipotético ente creador al que hacen referencia. Tengamos en cuenta lo siguiente:

No existen pruebas objetivas de ninguna clase que demuestren su existencia. No hay testimonios al respecto, nadie jamás lo vio. No pertenece a ninguna especie diferente de las conocidas por la Ciencia. De hecho, no nos consta que exista nada diferente de los seres biológicamente clasificables; por lo tanto, de existir, debería pertenecer a una categoría diferente, y no podríamos siquiera saberlo, ya que no hay elementos sobre los cuales investigar.

Podemos concluir que hablamos de un ser incomprobable, y atribuirle actos como haber creado cualquier cosa es, sencillamente, en vano. No existe lineamiento argumental razonable para sostener que una entidad sobrenatural haya creado nada jamás. Los únicos indicios de vida sobre la Tierra son de origen biótico y, consecuentemente, de procesos evolutivos que llevaron a cada ser vivo sobre la misma hasta su estado actual. Cualquier hipótesis basada en mitos resulta descabellada dado nuestro conocimiento científico actual. Además, si algún dios nos hubiera creado, significaría que jamás evolucionamos; hubiésemos aparecido en la Tierra por obra suya sin haber sufrido cambio alguno desde el momento de nuestra creación. Pero la realidad es que existen innumerables fósiles de primates altamente emparentados con nosotros, así como también de humanos primitivos menos evolucionados; y si eso no es suficiente evidencia, tenemos ejemplos de evolución y/o adaptación a nuestro alrededor por doquier.

Si los creacionistas estuvieran en lo cierto, los perros domésticos no deberían existir, ya que no son sino el producto de la domesticación del lobo salvaje. El ser humano los ha cruzado y adaptado a diferentes ambientes a través de la Historia para obtener lo que hoy en día se ha transformado en cientos de razas de diferentes contexturas, pelajes, colores y costumbres de acuerdo a su función. La adaptación se evidencia también en la obtención de animales híbridos, un proceso forzado por el ser humano que es el mejor ejemplo de adaptación selectiva. Lo mismo sucede con las aves de corral y muchos otros animales que se han adaptado para la función, alterando casi en su totalidad la forma física original hasta convertirse en animales totalmente diferentes. Otro ejemplo de esto se da en la producción de animales estandarizados o definidos con características genéticas y sanitarias específicas, criados en ambientes controlados para experimentación, en su gran mayoría roedores. Incluso los reptiles y aves actuales son evidencia viviente del legado de los dinosaurios, su similitud física y genética son prueba indiscutible de un proceso evolutivo.

¿Cómo explican los creacionistas el constante descubrimiento de restos fósiles de dinosaurios? Simplemente, no lo hacen. ¿Acaso los dinosaurios no existieron? Y si es así, ¿qué hacen todos esos fósiles esparcidos por el planeta?

La evidencia evolutiva es prueba incuestionable de nuestros inicios en la Tierra. No somos más que entidades biológicas que habitan un planeta donde las condiciones ideales para la vida se dieron. La Evolución no es una mera especulación infundada, existen pilares reales sobre los cuales ha erigido sus cimientos. Se confirma a través de pruebas aportadas por diferentes disciplinas científicas; de ellas se deduce que todos los organismos vivientes actuales son el resultado de un proceso de transformación paulatina. Paleontología, Biogeografía, Anatomía, Embriología, Bioquímica, Genética y Biología Molecular, son algunas de estas disciplinas.

El proceso evolutivo consiste en la transformación de los seres vivos. La Biología Molecular, por ejemplo, permite reconocer las relaciones de parentesco entre especies descendientes de un mismo antepasado. A medida que transcurre el tiempo, las semejanzas anatómicas se van diluyendo, y pueden llegar a ser irreconocibles. Sin embargo, a nivel molecular, las semejanzas persisten, aunque hayan transcurrido millones de años.

La Taxonomía, o clasificación de los seres vivos a través de sus características físicas, es un sistema que surgió incluso antes que se desarrollara la Teoría de la Evolución de las Especies, y ha sido también de utilidad en cuanto a la verificabilidad de ésta. (3)

Somos, en resumidas cuentas, el resultado de varios sucesos a escala cósmica; seres producto de procesos químicos aleatorios. No hay nada sobrenatural en nuestra composición o en la de nuestro planeta.

 

 

  1. Se debe rechazar cualquier idea que se intente sostener en ausencia de pruebas. La razón y la percepción sensorial son los únicos medios de conocimiento que poseemos.
  1. Karl Marx pensaba que es el ser humano quien define el mundo a través de su existencia y el ejercicio de la misma, decía: “Toda vida social es esencialmente práctica. Todos los misterios que inducen a la teoría, al misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica.”
  1. La taxonomía o sistema para la designación de los organismos, es un sistema clasificatorio que establece grupos denominados taxones, dentro de otros grupos mayores llamados categorías. Su función es definir el árbol filogenético de los organismos, para así establecer parentescos y relaciones entre especímenes.

 

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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