Editorial

EL SER IMAGINARIO – CAPÍTULO 9

By octubre 20, 2015 No Comments

“La ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento, son aquellos que saben poco y no esos que saben más, quienes tan positivamente afirman que este o aquel problema nunca será resuelto por la Ciencia.” – Charles Robert Darwin, naturalista británico. (1809 – 1882)

 

Todos hemos visitado un zoológico en algún momento de nuestra vida. En ellos, es posible apreciar toda clase de animales que normalmente no veríamos, ya que sólo habitan en estado salvaje. Una criatura en particular es la que, a mi entender, debería fascinarnos más profundamente. Me refiero a los simios, en cualquiera de sus variedades.

Su impresionante parecido con nosotros, su comportamiento de tipo social e individual que denota intelecto desarrollado, o el hecho de compartir el 98 por ciento de su información genética con nuestra especie, son algunas de las razones que los hacen especiales. Los simios son, en sí mismos, evidencia viviente. Su lóbulo frontal más desarrollado, el ser bípedos y poseer un dedo pulgar opuesto, entre otras, los transforma en verdaderos vestigios vivientes de la Evolución. (1)

Estos animales son una prueba irrefutable del modo en que las condiciones y necesidades biológicas fuerzan la adaptación de las especies. Por otro lado, también evidencian que no hubo un primer hombre llamado Adán, ni su compañera llamada Eva; nosotros jamás fuimos creados: somos producto de un proceso de transformación llamado Evolución. De todas formas, y a pesar de las innegables evidencias y los constantes hallazgos de fósiles alrededor del mundo, todavía hay quienes creen que la Evolución es sólo una teoría. Se trata de quienes prefieren ignorar, temen a la razón, y se refugian en una fantasía denominada dios.

En el año 1859, Charles Darwin publica El Origen de las Especies, y en ese preciso momento la historia de la Biología cambia para siempre. Darwin fue el primer verdugo de la fe cristiana, revelando nuestro origen a quienes quisieran conocerlo, definiendo el proceso evolutivo y el verdadero motivo por el cual desarrollamos el intelecto: simple necesidad de supervivencia.

Así como el pelícano perfeccionó su pico especializado, o el tiburón su estructura hidrodinámica que le permite cazar de manera única en el reino animal, nosotros desarrollamos el intelecto.

Darwin profundizaría sus estudios para encontrar que la Selección Natural, no sólo favorece mutaciones físicas y distingue a las diferentes especies animales según sus características, también determina las conductas que intervienen en la capacidad de socialización del individuo. Hablamos de un desarrollo social; una característica que permite al ser humano vivir en sociedad, definiendo un nuevo paradigma de perfeccionamiento de una especie a través de la Evolución. Esto ha permitido a nuestra especie el desarrollo de sentimientos como la empatía o la compasión, mismos que suponen el pilar de la sociedad organizada en la actualidad.

La Evolución es tan precisa que no sólo sigue estando vigente, también es la base fundamental de la Biología. La Medicina se basa en ella para confeccionar nuevos fármacos, ya que los virus actuales se saben más adaptados y resistentes.

Las teorías del naturalista británico modificaron grandemente las nociones acerca del origen y la evolución del ser humano. Darwin refutó la arraigada creencia en que los seres humanos tenemos un origen divino y demostró que somos el resultado de un proceso de mutación biológica. Opuso teorías científicas a las explicaciones de carácter teológico, hecho que tuvo un impacto considerable en la mentalidad de la época. Sus teorías provocaron una enorme controversia en la sociedad cristiana de aquel entonces y dieron lugar a intensos debates. La consecuencia directa de esto fue la puesta en duda de nuestra visión antropocentrista. Si el humano no era una creación divina, tal como afirmaban las creencias vigentes hasta el siglo XIX, no había razón alguna para sostener que el mismo ocupaba un lugar central en el orden natural.

La obra de Darwin fue el resultado de un trabajo de observación e investigación que comenzó desde muy joven, cuando se dedicó a estudiar Historia Natural. Sin embargo, lo que realmente consagró los años de estudio y reflexión, fue su labor como naturalista en la expedición alrededor del mundo a bordo del Beagle; tal como lo afirma en su autobiografía:

“El viaje en el Beagle ha sido el acontecimiento más importante de mi vida, y el que determinó toda mi carrera.”

El concepto de evolución era ya contemplado y estudiado por los naturalistas antes de Darwin, pero lo que le otorgó a éste el crédito por describir y comprender la Selección Natural, fue la publicación el 24 de noviembre de 1859, de El Origen de las Especies.

A pesar del amplio rechazo de la Iglesia por todo lo referente a sus investigaciones, Charles Darwin no descartó de plano la posibilidad de la existencia de dios. De hecho, era agnóstico; posición que se ha dicho fue determinada por la muerte de Anne, su segunda hija; incluso muchas biografías del naturalista así lo afirman. En lo personal, no comparto esta interpretación; más bien deduzco que la veracidad del sistema evolutivo fue determinante en su negación de la explicación teológica como eje de la existencia. En su diario de viaje escribió algunos párrafos dando a entender que comenzaba a experimentar una descreencia sistemática:

“…casi no puedo comprender cómo haya nadie que pueda desear que la doctrina cristiana sea cierta.”

Y varios años más tarde escribió:

“Considerando la ferocidad con que he sido tratado por los ortodoxos, parece cómico que alguna vez pensara en ser clérigo.”

Darwin nos abrió los ojos sobre el origen de las distintas especies que habitan la Tierra y de nosotros mismos. Aportó datos y fundamentó cómo llegamos a nuestro estado actual de desarrollo evolutivo y quiénes somos en realidad. Hombres como Charles Darwin iluminaron a la humanidad y comenzaron un proceso imposible de detener: el avance del conocimiento humano.

En la actualidad, sólo el Creacionismo presenta objeciones a la Evolución, sustentando su postura en la teoría de la “complejidad irreductible” ideada por el bioquímico Michael Behe. Se trata de un desarrollo teórico que postula, basado en la complejidad de los seres vivos, que anulando cualquiera de las partes de un sistema biológico complejo, es posible deshabilitar el sistema en su totalidad; implicando, por tanto, una absoluta dependencia del sistema en cuestión de todas y cada una de sus partes. Establece también que es imposible obtener patrones bióticos complejos a través de un proceso fortuito. Esta teoría fue desarrollada para apoyar el concepto del Diseño Inteligente, el cual sostiene que cuando algo posee complejidad específica, se puede asumir que fue producido por una causa inteligente, es decir, que fue diseñado en lugar de ser el resultado de un proceso natural. (2)

La idea de la irreductibilidad de los sistemas biológicos, surge como consecuencia de un estudio de Michael Behe en el año 1992, cuando éste revisaba el proceso de coagulación de la sangre y el origen de las proteínas, para el libro Of Pandas and People. En 1996, el bioquímico utilizó por primera vez el término “complejidad irreductible” en su libro La Caja Negra de Darwin, donde propuso que la Ciencia no puede explicar el desarrollo de algunos sistemas biológicos, dado que éstos sólo funcionan en el estado que los conocemos, pero no serían funcionales si faltase alguno de sus componentes; por tanto, sostiene que poseen una complejidad imposible de reducir a un estado más primitivo de desarrollo.

El defecto principal de este planteo es evidente: la complejidad está supeditada a la percepción. Hace ya mucho tiempo sabemos que un sistema extremadamente complejo puede construirse añadiendo partes que, aunque al principio son solamente características o desarrollos básicos y prescindibles, pueden evolucionar hasta volverse indispensables. Por otro lado, afirmar que algo es tan específicamente complejo que las posibilidades de haber evolucionado se reducen a cero, es ilógico. Además, este razonamiento implica una segunda posibilidad basado en la hipotética imposibilidad de su opuesto, lo que no tiene sentido alguno.

Los casos en que objetos naturales de indescriptible complejidad aparecen en la Naturaleza son muchísimos: diamantes, cristales de todo tipo, seres acuáticos de las profundidades cuya complejidad nos asombra; sólo por citar algunos. Por otro lado, Darwin destruyó ya en su obra planteos tales como la complejidad irreductible, describiendo cómo pasos sutiles y progresivos llevan a sistemas extremadamente complejos y perfeccionados. (3)

Es de destacar que ninguna corriente científica sustenta a la complejidad irreductible y, de hecho, existe un consenso sobre que se trata de un planteo ideado para otorgar carácter científico a una idea meramente creacionista.

El Creacionismo no puede ser considerado Ciencia en absoluto, ya que viola los parámetros de la misma. Para que algo sea científicamente viable, debe ser también científicamente falsable, o bien, debemos poder demostrar su posibilidad tanto como su imposibilidad, algo que las teorías creacionistas jamás podrían hacer, ya que sus enunciados son de naturaleza no fáctica. La Evolución de las Especies es uno de los ejes de la Ciencia (4) y la única explicación sensata para la diversidad biológica sobre la Tierra.

El trabajo de Charles Darwin marcó un antes y un después en la historia de la Biología. Hoy sabemos que la lucha por la supervivencia es el principal precursor de cambios en la Naturaleza. La Evolución no es sino el resultado de la adaptación de los seres vivos en función de triunfar como individuos y, consecuentemente, como especie. Es el verdadero sistema de la Naturaleza; el modo en que ésta define la prevalencia de una especie sobre otra y la medida del éxito de las formas de vida.

El intelecto, esa herramienta que nos permitió imponernos sobre las demás criaturas y posibilitó que el destino de cada forma de vida sobre la Tierra esté ligado al nuestro, es también resultado del mismo proceso que Darwin definiera en su obra.

En resumidas cuentas, aquel 24 de Noviembre de 1859, no sólo se publicaba un libro histórico para la Ciencia, uno que marcaría el desarrollo de la Biología desde esa fecha en adelante, también se condenaba a muerte a un ser imaginario, creado por la ignorancia y el miedo, y destruido por la razón y el conocimiento.

 

 

  1. El dedo pulgar opuesto es la base de la manipulación de herramientas, tanto para el ser humano como para el resto de los simios. Es un rasgo evolutivo característico de todos los primates.

 

  1. La Ciencia considera al planteo del Diseño Inteligente como una falacia. La teoría de la complejidad irreductible, ideada por el bioquímico Michael Behe, sostiene que hay sistemas irreducibles en la Naturaleza. En sus palabras:

 

“Una serie de bien planeadas interacciones, que permiten el funcionamiento básico, así que al ser eliminadas ciertas partes del sistema, éste cesa efectivamente de funcionar”.

 

  1. “Generaciones de creacionistas, han intentado contradecir a Darwin, citando el ejemplo del ojo como una estructura que no podría haber evolucionado. La habilidad del ojo para proveer visión, depende del arreglo perfecto de sus partes, dicen los críticos. La Selección Natural nunca podría haber favorecido las formas transicionales necesarias durante la evolución del ojo; ¿Qué tan bueno es medio ojo? Anticipándose a esta crítica, Darwin sugirió que aún un ojo -incompleto- podría conferir beneficios -como ayudar a las criaturas a orientarse hacia la luz- y de ese modo sobrevivirían, permitiendo futuros refinamientos evolutivos. La Biología ha vindicado a Darwin: los investigadores han identificado ojos primitivos y órganos sensibles a la luz a través del reino animal y han ayudado a trazar la historia evolutiva del ojo a través de comparaciones genéticas. Ahora parece que en varias familias de organismos, los ojos han evolucionado independientemente.”

 

– John Renie, “15 respuestas al sin sentido creacionista”. Scientific American, julio de 2002.

 

  1. “La Teoría de la Evolución de Darwin marcó un antes y un después en la historia de la Ciencia.”

– Carolina Nieto, bióloga argentina, entrevistada por La Gaceta en 2009, en un homenaje a Charles Darwin en Naciones Unidas.

Pablo Naveira

Author Pablo Naveira

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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