Feliz Dia de la Felicidad

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Es preciso que nos ejercitemos en aquello que produce felicidad ya que cuando la poseemos, lo tenemos todo y cuando nos falta, hacemos todo por tenerla. – Epicuro de Samos

Hoy, el 20 de marzo, es el Día Internacional de la Felicidad, una celebración relativamente nueva que fue instituída por las Naciones Unidas y que se ha venido a convertir en una ocasión importante para la comunidad epicúrea internacional. Los epicúreos de Grecia (jardines de Tesalónico y Atenas) han publicado la Declaración de Palini, expresando su iniciativa de lograr que la Unión Europea reconozca oficialmente el derecho a la felicidad como hizo Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia de EU.

Similares iniciativas se han dado en otros países: Brasil ha añadido la búsqueda de la felicidad a su constitución y otros países sudamericanos como Bolivia y Ecuador ya la reconocen como parte de su filosofía indigenista de sumak kawsay (buen vivir), también incorporada a sus leyes. Muchos países budistas como Tailandia y Cambodia tienen hasta índices nacionales de felicidad e incorporan estas ideas a sus cálculos de bienestar mientras que acá en las democracias neoliberales solo se mide lo económico (pruducto nacional bruto). Estos índices reflejan un concepto distorsionado que nos habla mas del lucro de los inversionistas en Wall Street y menos de la calidad de vida, bienestar y placer verdaderos que se viven a diario en una sociedad.

En el laicismo, no debemos subestimar la importancia de estas iniciativas. Con frecuencia los ataques de la religión a las libertades civiles constituyen de alguna manera u otra, en efecto, ataques a nuestro derecho a ser felices. Durante la controversia de Proposición 8 en California, cuando los mormones organizaron y financiaron una campaña de difamación contra los gays para negarles el matrimonio, uno de los comentarios que recuerdo haber escuchado de una líder mormona tenía que ver con que Dios “no nos puso en el mundo para ser felices, sino para obedecerle”. Y es precisamente en contradicción a esto que concluye Frances Wright en su obra Varios días en Atenas:

“¡Escuchen, pues, mis hijos! … Sea un dios o un filósofo quien hable, el mandato es el mismo: ¡Disfruten y sean felices! ¿La vida es corta? Eso es un mal: pero hagan la vida feliz, y así su brevedad es el único mal. Yo les hago a ustedes el mismo llamado que Dios, si existe, debe darles desde el cielo: ¡Gocen y sean felices! ¿Dudan en el camino? Dejen que Epicuro sea su guía. La fuente de todo placer está dentro de ustedes mismos. El bien y el mal se encuentran ante ustedes. El bien es todo lo que puede dar placer: el mal, lo que trae dolor. Aquí no hay paradoja, ni refrán oscuro, ni moral escondida en las fábulas.

Un Dios, si existe, nos va a querer felices del mismo modo que cualquier persona virtuosa y bienaventurada nos va a querer felices. Sería blásfemo imaginar otra cosa. Solo los enemigos de nuestras almas nos van a convencer de lo contrario.

El Día Internacional de la Felicidad coincide con el día 20, que es el momento en el mes en que los epicúreos llevan a cabo sus actividades mensuales. New Epicurean hoy publicó su mensaje del 20 contra los que tergiversan el sentido de la verdadera felicidad: hay personas que la interpretan como falta de dolor, otros como virtud. Generalmente son los filósofos profesionales académicos quienes equiparan felicidad con falta de dolor, en gran parte porque están influenciados por los estoicos, que suelen mal interpretar el epicureísmo. El autor se mofa de esto citando un poema de Lucrecio donde remplaza el nombre de Venus y las referencias al placer con “painlessness“, produciendo un absurdo.

Los que equiparan felicidad con virtud, con frecuencia también bajo la influencia de los estoicos, son quienes peor confunden nuestra búsqueda de la felicidad. Para muchos, virtud se equipara con negarse a si mismo, con abnegación. Para otros, como los católicos, solo de la cruz, del sufrimiento se puede derivar virtud … y para otros, como los musulmanes, ser virtuoso significa pelear por Alá en guerras santas y pegarle a una esposa desobediente. La virtud es un concepto que significa distintas cosas para distintas personas y muchos han usado este concepto para confundir a la gente, con frecuencia adelantando agendas que benefician a ciertas clases dominantes. Por eso los maestros de la tradición epicúrea insisten que el fin establecido por la naturaleza es el placer (el cual nuestras facultades están perfectamente programadas para reconocer), y no la virtud como dicen los estoicos.

Para nosotros, el ser natural experimenta la felicidad tangiblemente en su cuerpo y mente como placer. Esta felicidad es real, vivida directamente. No es imaginada, como la aversión y el dolor tampoco lo son. De hecho, muchos naturalistas vemos las facultades del placer y de la aversión como fundamentales e indispensables para nuestra felicidad y esenciales para nuestro compás moral.

Tampoco hay que pedir disculpas por buscar una vida placentera para nosotros, nuestros amigos y seres queridos. Los enemigos de la felicidad humana nos han tratado de convencer que es señal de egoísmo, de narcisismo, de degradación, buscar la felicidad. Es completamente natural que seamos bienquerientes, tanto para nosotros mismos como para nuestros seres queridos, y alegrarse por el placer ajeno y propio es además señal de que hemos asumido una ética humanista que muestra compasión.

Resistan en todo a los odiadores del placer y del bienestar humano. En una ética antropocéntrica humanista, el propósito de las leyes, e incluso el propósito de la religión y de toda expresión e institución cultural, debe coincidir de algún modo con la maximización de la felicidad y el placer junto con la disminución del sufrimiento humano.

¡Esperamos que tengan un placentero y auspicioso Día Internacional de la Felicidad!

Hiram Crespo es autor y blogger puertorriqueño residente en Chicago, fundador de societyofepicurus.com y autor de Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014) y de Cultivando el jardín epicúreo y el autor/traductor de Varios días en Atenas y Epítome. Ha contribuído artículos a The New Humanism (una publicación de The Humanist Chaplaincy at Harvard), The Humanist (una publicación del American Humanist Association), El Nuevo Día, Humanist Life y muchos otros. Se graduó con altos honores de un Bachillerato en Estudios Interdisciplinarios en Northeastern Illinois University y además del español e inglés, conoce el francés y el idioma universal, esperanto.

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