Jesús no murió por tus pecados

pieta-1864077_1280Los seguidores de Jesús de Nazaret quedaron atónitos con su muerte. Cualquier alegación o pronóstico que Jesús pudo haber hecho en vida se tornó dudosa tras morir. El estado de aprehensión de sus discípulos pudo ser uno de disonancia cognitiva. Según la psicología, esta es la incapacidad de reconciliar hechos recién observados con creencias ya sostenidas. Los discípulos no admitieron el hecho que comprometería la credibilidad del nazareno. Es decir, no admitieron su muerte renunciando a creer en todo lo que Jesús dijo. Entre otras cosas, dijo que se convertiría en rey de Israel (¿?). Ellos optaron por encontrar explicaciones en las “escrituras” del judaísmo. ¿Qué encontraron?

«Miren, mi siervo triunfará;
será exaltado, levantado y muy enaltecido.
Muchos se asombraron de él,
pues tenía desfigurado el semblante;
¡nada de humano tenía su aspecto!
Del mismo modo, muchas naciones se asombrarán,
y en su presencia enmudecerán los reyes,
porque verán lo que no se les había anunciado,
y entenderán lo que no habían oído.
¿Quién ha creído a nuestro mensaje
y a quién se le ha revelado el poder del Señor?
Creció en su presencia como vástago tierno,
como raíz de tierra seca.
No había en él belleza ni majestad alguna;
su aspecto no era atractivo
y nada en su apariencia lo hacía deseable.
Despreciado y rechazado por los hombres,
varón de dolores, hecho para el sufrimiento.
Todos evitaban mirarlo;
fue despreciado, y no lo estimamos.
Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades
y soportó nuestros dolores,
pero nosotros lo consideramos herido,
golpeado por Dios, y humillado.
Él fue traspasado por nuestras rebeliones,
y molido por nuestras iniquidades;
sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz,
y gracias a sus heridas fuimos sanados.
Todos andábamos perdidos, como ovejas;
cada uno seguía su propio camino,
pero el Señor hizo recaer sobre él
la iniquidad de todos nosotros.
Maltratado y humillado,
ni siquiera abrió su boca;
como cordero, fue llevado al matadero;
como oveja, enmudeció ante su trasquilador;
y ni siquiera abrió su boca.
Después de aprehenderlo y juzgarlo, le dieron muerte;
nadie se preocupó de su descendencia.
Fue arrancado de la tierra de los vivientes,
y golpeado por la transgresión de mi pueblo.
Se le asignó un sepulcro con los malvados,
y murió entre los malhechores,
aunque nunca cometió violencia alguna,
ni hubo engaño en su boca.
Pero el Señor quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir,
y, como él ofreció su vida en expiación,
verá su descendencia y prolongará sus días,
y llevará a cabo la voluntad del Señor.
Después de su sufrimiento,
verá la luz y quedará satisfecho;
por su conocimiento
mi siervo justo justificará a muchos,
y cargará con las iniquidades de ellos.
Por lo tanto, le daré un puesto entre los grandes,
y repartirá el botín con los fuertes,
porque derramó su vida hasta la muerte,
y fue contado entre los transgresores.
Cargó con el pecado de muchos,
e intercedió por los pecadores.»

Conmovedor.

La cita proviene de Isaías 52:13-53:12. El “siervo” de Dios no es nombrado. Estamos limitados a entender que muere en un acto expiatorio por “la trangresión” de Israel, el pueblo de Dios. La expiación es el acto de sufrir la condena que le corresponde a otro. Es un tema común en la religión judaica. El sacrificio animal es simbólico como expiación por los pecados del que hace la ofrenda para degollar. En eso consistía el ritual judío.

Hasta ahora el contexto no satisface el entendimiento cristiano de Jesús. Según el cristianismo el nazareno es la encarnación del dios israelita y muere como expiación por los pecados de toda la humanidad. No tan sólo eso. El cristianismo alega que Jesús es el futuro rey de Israel anunciado en el Viejo Testamento. El segmento bíblico que acabamos de leer no identifica al siervo que sufre y muere con un futuro rey de Israel (“Mesías”). Un contexto más amplio es más revelador.

"¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!" Cita de Juan 1:29. Según la narración de los Evangelios canónicos Jesús es el ultimo chivo expiatorio por los pecados de la humanidad y se ofrenda a sí mismo (Crédito: Pixabay)

“¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” Cita de Juan 1:29. Según la narración de los Evangelios canónicos Jesús es el último chivo expiatorio por los pecados de la humanidad y se ofrenda a sí mismo (Crédito: Pixabay)

La cita pasada es un cántico en una serie de cuatro que aparecen a lo largo del libro de Isaías. Los cánticos se centran en la figura de un siervo sufriendo.

«Este es mi siervo, a quien sostengo,
mi escogido, en quien me deleito;
sobre él he puesto mi Espíritu,
y llevará justicia a las naciones.
No clamará, ni gritará,
ni alzará su voz por las calles.
No acabará de romper la caña quebrada,
ni apagará la mecha que apenas arde.
Con fidelidad hará justicia;
no vacilará ni se desanimará
hasta implantar la justicia en la tierra.
Las costas lejanas esperan su ley» (Isaías 42:1-4, NVI).

Escúchenme, costas lejanas,
oigan esto, naciones distantes:
El Señor me llamó antes de que yo naciera,
en el vientre de mi madre pronunció mi nombre.
Hizo de mi boca una espada afilada,
y me escondió en la sombra de su mano;
me convirtió en una flecha pulida,
y me escondió en su aljaba.
Me dijo: «Israel, tú eres mi siervo;
en ti seré glorificado».
Y respondí: «En vano he trabajado;
he gastado mis fuerzas sin provecho alguno.
Pero mi justicia está en manos del Señor;
mi recompensa está con mi Dios».
Y ahora dice el Señor,
que desde el seno materno me formó
para que fuera yo su siervo,
para hacer que Jacob se vuelva a él,
que Israel se reúna a su alrededor;
porque a los ojos del Señor soy digno de honra,
y mi Dios ha sido mi fortaleza:
«No es gran cosa que seas mi siervo,
ni que restaures a las tribus de Jacob,
ni que hagas volver a los de Israel,
a quienes he preservado.
Yo te pongo ahora como luz para las naciones,
a fin de que lleves mi salvación
hasta los confines de la tierra.

Así dice el Señor,
el Redentor y Santo de Israel,
al despreciado y aborrecido por las naciones,
al siervo de los gobernantes:
«Los reyes te verán y se pondrán de pie,
los príncipes te verán y se inclinarán,
por causa del Señor, el Santo de Israel,
que es fiel y te ha escogido».
Así dice el Señor:«En el momento propicio te respondí,
y en el día de salvación te ayudé.
Ahora te guardaré, y haré de ti
un pacto para el pueblo,
para que restaures el país
y repartas las propiedades asoladas;
para que digas a los cautivos:
“¡Salgan!”,
y a los que viven en tinieblas:
“¡Están en libertad!”» (Isaías 49:1-9, NVI).

El Señor omnipotente me ha concedido
tener una lengua instruida,
para sostener con mi palabra al fatigado.
Todas las mañanas me despierta,
y también me despierta el oído,
para que escuche como los discípulos.
El Señor omnipotente me ha abierto los oídos,
y no he sido rebelde ni me he vuelto atrás.
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban,
mis mejillas a los que me arrancaban la barba;
ante las burlas y los escupitajos
no escondí mi rostro.
Por cuanto el Señor omnipotente me ayuda,
no seré humillado.
Por eso endurecí mi rostro como el pedernal,
y sé que no seré avergonzado.
Cercano está el que me justifica;
¿quién entonces contenderá conmigo?
¡Comparezcamos juntos!
¿Quién es mi acusador?
¡Que se me enfrente!
¡El Señor omnipotente es quien me ayuda!
¿Quién me condenará?
Todos ellos se gastarán;
como a la ropa, la polilla se los comerá (Isaías 50:4-9, NVI).

El siervo es mencionado en varias ocasiones a lo largo de Isaías 40-54 (segunda redacción del libro).

«Pero tú, Israel, mi siervo,
tú, Jacob, a quien he escogido,
simiente de Abraham, mi amigo…» (Isaías 41:8, NVI).

 

«¿Quién es más ciego que mi siervo,
y más sordo que mi mensajero?
¿Quién es más ciego que mi enviado,
y más ciego que el siervo del Señor?» (Isaías 42:19, NVI).

 

Pero ahora, así dice el Señor,
el que te creó, Jacob,
el que te formó, Israel:
«No temas, que yo te he redimido;
te he llamado por tu nombre; tú eres mío.» (Isaías 43:1, NVI).

 

«Ustedes son mis testigos —afirma el Señor—,
son mis siervos escogidos,
para que me conozcan y crean en mí,
y entiendan que yo soy.
Antes de mí no hubo ningún otro dios,
ni habrá ninguno después de mí.» (Isaías 43:10, NVI).

 

»Pero ahora, Jacob, mi siervo,
Israel, a quien he escogido, ¡escucha!
Así dice el Señor, el que te hizo,
el que te formó en el seno materno
y te brinda su ayuda:
“No temas, Jacob, mi siervo,
Jesurún, a quien he escogido…» (Isaías 44:1-2, NVI).

 

«Recuerda estas cosas, Jacob,
porque tú eres mi siervo, Israel.
Yo te formé, tú eres mi siervo;
Israel, yo no te olvidaré» (Isaías 44:21, NVI).

 

«Yo confirmo la palabra de mis siervos
y cumplo el consejo de mis mensajeros.
Yo digo que Jerusalén será habitada,
que los pueblos de Judá serán reconstruidos;
y sus ruinas las restauraré» (Isaías 44:26, NVI).

 

«Por causa de Jacob mi siervo,
de Israel mi escogido,
te llamo por tu nombre
y te confiero un título de honor,
aunque tú no me conoces» (Isaías 45:4, NVI).

 

¡Salgan de Babilonia!
¡Huyan de los caldeos!
Anuncien esto con gritos de alegría
y háganlo saber.
Publíquenlo hasta en los confines de la tierra;
digan: «El Señor ha redimido a su siervo Jacob» (Isaías 48:20, NVI).

 

«¿Quién entre ustedes teme al Señor
y obedece la voz de su siervo?
Aunque camine en la oscuridad,
y sin un rayo de luz,
que confíe en el nombre del Señor
y dependa de su Dios.
Pero ustedes que encienden fuegos
y preparan antorchas encendidas,
caminen a la luz de su propio fuego
y de las antorchas que han encendido.
Esto es lo que ustedes recibirán de mi mano:
en medio de tormentos quedarán tendidos» (Isaías 50:10-11, NVI).

Una exégesis honesta no admite ambigüedad alguna: el siervo es proclamado enfáticamente como Israel (conocido también como Jacob o Jesurún). Se trata, en efecto, de una personificación de Israel. El autor descuida la claridad conceptual en torno a la figura al distinguirla del pueblo israelita (Isaías 49:5-6, 49:8, 53:8). Como ejemplo muy concreto de personificación observemos la Estatua de la Libertad. La Libertad es personificada como una mujer en esta magnífica escultura.

Conocemos que Jesús no es el “siervo” mencionado a lo largo del libro de Isaías. Si lo identificamos de tal manera, tenemos que admitir que personifica a Israel, no a Dios. En ese caso se limita a morir como acto expiatorio por “la transgresión” del pueblo israelita exclusivamente. No muere por nuestros pecados gentiles.

La mal-interpretación de las “escrituras” siempre ha sido común en el cristianismo. De hecho, la mal-interpretación cristiana del Viejo Testamento inspira el Nuevo Testamento. Los primeros cristianos extraen profecías fuera de contexto en el Viejo Testamento. Luego las acomodan en la historia de Jesús. La intención es de inspirar la creencia en Jesús como el rey que Dios promete a Israel.

Es sensato que lleguemos a esta conclusión. De lo contrario corresponde conformarnos con una cita que prediga la Expiación en semejante forma: “Yo, dios de Israel, me manifestaré en el cuerpo de un hombre llamado Jesús. Moriré en un acto simbólico que ha de redimir la humanidad de la maldad que yo permití en ella. Luego de morir resucitaré. Y me iré por un tiempo indefinido; luego del cual prometo regresar. Seré ungido como rey de mi pueblo.” Tal segmento bíblico no existe. No le debemos nuestra vida a un judío del primer siglo llamado Jesús.

María sostiene el cadáver de su hijo abatido, Jesús, venerado en el cristianismo como rey de Israel e hijo de Dios (Crédito: Pixabay)

María sostiene el cadáver de su hijo abatido, Jesús, venerado en el cristianismo como rey de Israel e hijo de Dios (Crédito: Pixabay)

Richard Santiago Sierra es un ex-cristiano pentecostal y librepensador ateo puertorriqueño. Su apostasía de la fe cristiana se origina en experiencias traumáticas y decepcionantes con el cristianismo e investigaciones en torno a la veracidad de las alegaciones del judaísmo, cristianismo y el islam. Hoy se esmera en apoyar el ateísmo militante respecto al dios de Israel y el descubrimiento de la verdad por medio de las ciencias. En pos de esta causa ha sido miembro de diversas organizaciones incluyendo The American Association for the Advancement of Science, American Atheists, Ateístas de Puerto Rico, The Richard Dawkins Foundation for Reason & Science por medio de Center for Inquiry, Freedom from Religion Foundation y Humanistas Seculares de Puerto Rico.

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