Editorial

La media-disculpa del Papa Francis

By junio 27, 2016 No Comments

Con vuestros hijos, habéis de hacer las paces por ser los hijos de vuestros padres: ¡así, todo el pasado redimiréis! – Así Habló Zaratustra

Nuestros ancestros se convirtieron al cristianismo, muchos por fuerza, otros porque en momentos de vulnerabilidad sucumbieron a las promesas de vida de ultratumba y otros cuentos, pero la vasta mayoría por haber sido hijos de los hijos de estos.

Un porcentaje–quizá hasta el 10%–de los herederos de esa tradición tenían que ser miembros de la comunidad LGBT, y a la larga era inevitable que esta decisión de nuestros ancestros iba a tener repercusiones funestas para la gente de hoy, sobre todo en vista de que los cristianos siguen usando una Biblia de la era de bronce que incluye el verso Levítico 20:13, al igual que Romanos 1–donde Saúl de Tarso termina el capítulo repitiendo que los gays merecen la muerte–y otras porciones ignobles.

El papa Francis no ha solicitado disculpas a la comunidad LGBT por los crímenes históricos de la religión como tal, pero sí ha dicho que debería haber lugar para estas disculpas. Esto es un cambio de paradigma. A paso de tortuga–como siempre sucede con la iglesia–pero es un cambio de paradigma. Fiel a su evangelio, comparó la lucha LGBT con las de los pobres y otras minorías, pero no propuso un plan de enmiendas para arreglar el problema de la homofobia.

No ha sido el único cristiano en disculparse públicamente con las minorías sexuales, y por esto creo que sí debe existir esperanza de que el mundo va a ir mejorando. También creo que son sinceras las disculpas de muchos de estos cristianos, aunque seguramente en algunos casos o en alguna medida hay sin duda un proceso de lo que los profesionales de relaciones públicas llaman “manejo de crisis” luego del ataque en Orlando, y teniendo en mente las obvias raíces religiosas del odio homofóbico y el montón de fundamentalistas que se han alegrado públicamente de que las víctimas eran LGBT.

Con todo esto, no debemos descartar la sinceridad y la importancia histórica de estos actos de contrición y de solidaridad cristiana con la gente LGBT. Sin embargo, la historia no se puede borrar. La religión sigue destruyendo vidas y envenenando la felicidad de muchos, y mientras los cristianos sigan venerando un libro que contenga versos homicidas, mientras la iglesia persista en enseñar una doctrina oficial según la cual los gays son “llamados a la abstinencia”, no se redime la carne, no se redime la humanidad, no se redime la necesidad de afecto y amor erótico de los miembros de la comunidad LGBT, y en realidad peligran ser palabras vacías las del papa.

Gracias, pero no gracias. No queremos la abstinencia, Francis. Queremos vivir y ser felices, amar, tener sexo, disfrutar de nuestras juventudes y de nuestras vidas, de nuestras carnes, y tener a nuestros amigos vivos y sanos.

Nadie cuestiona el derecho del papa Francis a creer lo que quiera, pero es innegable que las falsas creencias que enseña su iglesia son dañinas, producen auto-odio, violencia, marginación, y que sin enmiendas a los documentos fundacionales y la doctrina oficial de su iglesia, su intento de disculpas podría no ser mas que otro ejemplo de la hipocresía de los que oran en público que Jesús nombra con tanto desprecio en Mateo 6.

No necesitamos que oren por la gente LGBT ni queremos ser parte de una campaña eclesiástica de relaciones públicas. Como dijo Nietzsche en labios de Zaratustra: hacen falta nuevas tablas, y estas nuevas tablas de la moral deben afirmar el cuerpo. Necesitamos que respeten la naturaleza de nuestras carnes repletas de deseos y de ganas de vivir. Que desistan de querernos vírgenes e invisibles, sin carne, sin contexto. Muertos. Porque estar vivo es desear, ser sexual, necesitar ser tocado. Ese es el verdadero pecado de la iglesia: persistir en predicar una abstinencia que ellos mismos no saben llevar porque no es natural.

Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. – Mateo 23:4

La hipocresía del catolicismo y la sexualidad ya está tan expuesta bajo el sol que tiene la piel quemada. Y creo que con quien tiene la iglesia que reconciliarse es con la sagrada carne, con el sexo, con el placer, con la vida, con la piel, con el libido y el deseo, y con todos los gritos, gemidos y plácemes que salen de ellos. Porque sin eso, no es que no seamos LGBT o heterosexuales, es que no somos humanos, somos caricaturas en blanco y negro de nuestros verdaderos colores. Sí, el gesto del pontífice es un intento de buena voluntad, no cabe duda. Pero hay que tener la madurez para dejar atrás, no solo la homofobia, sino todos los complejos.

Hiram Crespo

Author Hiram Crespo

Hiram Crespo es autor y blogger puertorriqueño residente en Chicago, fundador de societyofepicurus.com y autor de Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014) y de Cultivando el jardín epicúreo y el autor/traductor de Varios días en Atenas y Epítome. Ha contribuído artículos a The New Humanism (una publicación de The Humanist Chaplaincy at Harvard), The Humanist (una publicación del American Humanist Association), El Nuevo Día, Humanist Life y muchos otros. Se graduó con altos honores de un Bachillerato en Estudios Interdisciplinarios en Northeastern Illinois University y además del español e inglés, conoce el francés y el idioma universal, esperanto.

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