La finitud de la vida y la necesidad de dios

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“…la fortuna de los ricos, la gloria de los héroes, la majestad de los reyes, todo acaba en un: Aquí yace.” – Edward Young

Reflexionar sobre la finitud equivale a pensar en los límites de la vida humana. Es a partir de la conciencia de los límites de nuestra existencia que hemos supuesto aquello que nos trasciende.

La finitud de la vida es, probablemente, el mayor motivador de ideas erradas sobre la naturaleza humana y, sin lugar a dudas, define el modo en que concebimos el significado de la existencia. Esta angustia ante el inminente fin influye en nuestra forma de ver el mundo, llegando incluso a transformarse en un pilar fundamental de muchas estructuras mentales. La idea de que dios existe, por ejemplo, se suele utilizar como un atenuante ante el temor a la muerte, otorgando así un significado a la vida en relación a un destino diferente de la mera nada que supone la inexistencia física.

Irónicamente, esto deja en evidencia que dios, el fin último del comportamiento religioso, no es sino una proyección de las necesidades humanas. Es concebido como un ser que cobra sentido a través de su creación: deja de otorgar significado a la humanidad desde el rol de creador, excediéndola o trascendiéndola; transformándose, a fin de cuentas, en el resultado del anhelo humano de inmortalidad. Dios no es en sí mismo, es consecuencia de la esperanza que algunos tienen de su existencia.

“No hay que tener miedo a la muerte, porque cuando estás vivo no está la muerte y cuando está la muerte ya no estás tú” – Epicuro de Samos

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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