La Religiosidad en América Latina y la Situación Particular de Panamá

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Siempre he pensado que la religiosidad es un buen parámetro para medir la salud intelectual de una sociedad, ya que podemos valernos de ella para obtener un registro de qué tan dogmática es esa cultura. El apego a lo religioso, como una respuesta a los parámetros que la sociedad ha impuesto para sí, pero que paradójicamente no le permiten superarse a sí misma, termina por ser justamente el motivo primero de un estancamiento muy terrenal, pero proyectado en ideales imaginarios. Las cifras en Panamá son alarmantes. Con apenas un 3 % de no creyentes según los últimos registros, el panorama es muy desalentador.

Si bien no es el país más afectado por las supersticiones de Centroamérica, tampoco ha escapado a esa asimilación destructiva y a la inoculación cultural que ha calado tan hondo en el ideario de la región. Al igual que sucede en gran parte de Latinoamérica, la conformación de la cultura religiosa de la población panameña se evidencia la impronta de la colonización fusionada con toda clase de supersticiones populares. Podemos decir que el país está severamente afectado por el pensamiento mágico-religioso y sus nefastas consecuencias.

En Panamá existen restricciones y normas de vestimenta que solamente afectan a las mujeres, una clara muestra de incorporación en el contexto cultural de pautas engendradas en el patriarcado. La dirigencia política está declaradamente inoculada por el discurso religioso, lo que no hace más que obstaculizar el Desarrollo Humano. Esto es una clara muestra de sumisión ante los dictámenes religiosos y la mayor evidencia de lo que sucede cuando la superstición menoscaba la dignidad humana. Los problemas consecuencia de la inoculación cultural son evidentes, y también lo es la exacerbación de las creencias. Aquí vemos como no se aprueba una Ley de Salud Sexual y Reproductiva, pero se reza para que no haya tantas menores de edad embarazadas.

En Latinoamérica toda vivimos bajo un sistema de totalitarismo cultural, donde se fomenta la anulación de la dignidad humana a través de las ideologías. Nuestra cultura ama tanto a los pobres que los multiplica y hace de ellos la masa crítica a través de la cual estas ideologías se instalan. Es un rasgo característico de los pueblos incultos y el medio de diseminación más efectivo de las supersticiones. Ya sea que hablemos de cristianismo, ritos populares o videntes en la vía pública, todos y cada uno de nuestros usos y costumbres están contaminados por la superstición. Tristemente no se vislumbra un cambio a corto plazo y los sectores más críticos de la sociedad no tienen incidencia en una cultura que segrega al progresista y acoge al mediocre.

Debemos hacer hincapié en la educación con criterio científico e impulsar campañas para circunscribir lo religioso y todas las expresiones supersticiosas al ámbito privado, emprender otras en favor de los Estados laicos, informar y educar a las poblaciones más afectadas por la precariedad para no seguir acrecentando la brecha entre quienes pueden acceder al conocimiento y los que sustentan la base de la pirámide electoral. Si bien no es tan sencillo como decirlo, las propuestas están planteadas y sólo resta actuar en consecuencia de ellas.

Considero que se debe incitar el deseo de autonomía intelectual y el reconocer a la realidad como único parámetro humano. Para ello, es necesario rechazar todo ideal que no se apegue estrictamente a la razón o promueva una disociación del mundo concreto. Quienes vemos en este paradigma un camino de mejoramiento, pensamos que la libertad intelectual consiste en ver al ser humano como un fin en sí mismo, como el único artífice y creador de su propio destino; no como la marioneta inanimada de seres sobrenaturales de dudosa existencia.

Es absolutamente necesario tomar conciencia de nuestras capacidades y, sencillamente, ponerlas en práctica para obtener los mayores beneficios, así como un futuro próspero y realista para nuestra especie. Podemos decir que esta batalla incesante entre la razón y los sistemas que promueven el estancamiento intelectual se ha transformado en una constante histórica, pero también sabemos que ya debe llegar a su fin.

 

 

 

 

 

 

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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