Mi experiencia en ISKCON

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Para hablar de la filosofía Hare Krishna, en primer lugar deberíamos llamarle por su verdadero nombre. El movimiento Hare Krishna, en realidad es la Asociación Internacional para la Conciencia de Krishna (ISKCON), tal como su mentor Abby Charan De, más conocido como A. C. Bhakivedanta Swami Prabhupada, la nombrara al fundarla en el año 1966.

Abby Charan De fue un monje hindú nacido en Calcuta en el seno de una familia de devotos de Krishna. Tras completar su educación universitaria, Abby conoció a quien se convertiría en su maestro espiritual, Srila Bhaktisiddhanta Sarasvati Gosvami, fundador de una congregación espiritual con 64 templos en la India. Fue entonces cuando recibió de éste la misión de dar a conocer en Occidente la filosofía del Bhagavad-Gita, texto que hoy en día es reconocido como la fuente ideológica principal del movimiento. Se trata de uno de los libros religiosos más relevantes de la cultura hinduista, y relata la conversación entre Krisna y su primo Aryuna en el campo de batalla de Kurukshetra instantes previos al combate. Durante el relato, Krishna revela su identidad como el dios verdadero, clarifica todas las dudas Aryuna, y le otorga una visión de lo que se trata la doctrina que debe seguir. El Bhagavad-Gita también ofrece respuestas desde una concepción puramente hinduista a cuestiones tales como qué es el ser humano, qué es dios y cuál es el significado de la vida. Podemos decir que el libro ocupa en la historia de la India el mismo lugar que el Nuevo Testamento en los países cristianos.

Básicamente, la doctrina Hare Krishna se articula sobre tres pilares fundamentales que son comunes a prácticamente todas las doctrinas religiosas hinduistas:
 

El concepto del alma:

Es descrita en el Bhagavad-gita como una partícula atómica y antimaterial. Se supone que es la fuerza vital de todos los seres vivientes y la fuente energética que mantiene a todas las entidades vivas, además de ser la causa de nuestra sensación de placer y dolor. Los Hare Krishna creen que, aun cuando no podamos ver al alma, su presencia se manifiesta por medio de nuestra conciencia de las cosas que nos rodean. Según el Bhagavad-gita, el alma es inmutable, indestructible, insoluble e invisible.
 

La ley del Karma:

El concepto de karma establece que para cada acción hay una reacción. Se basa en el principio de reencarnación: el alma habita nuevos cuerpos y transmigra de uno al otro después de la muerte. Según esto, dos personas que nacen paralelamente pueden ser uno inteligente y saludable, mientras que el otro limitado y tener afecciones congénitas, todo en función de qué hicieron en sus vidas anteriores. Pero los Hare Krishna también creen que el ser humano puede trascender al karma, evolucionando espiritualmente al punto de estar paulatinamente liberado de ese ciclo a través de un estado de espiritualidad tal que el devoto simplemente pasa a transformarse en lo que denominan un cuerpo espiritual.
 

La reencarnación:

Según el concepto de reencarnación, el alma sobrevive a la muerte del cuerpo y luego renace en un nuevo cuerpo. En El Bhagavad-gita se afirma que cualquier estado de existencia que uno recuerde cuando abandona el cuerpo será el que obtenga en su vida siguiente. Sin embargo, se supone que a pesar de estos cambios corporales, el yo consciente dentro del cuerpo permanece siendo siempre el mismo.

En resumidas cuentas, la filosofía Hare Krishna define que no somos el cuerpo físico, ya que funcionamos como almas espirituales o partes integrales de dios. Por otro lado, sostiene que existe un único dios con muchos nombres, de los cuales Krishna es la personificación suprema. De esto último deducen que deberíamos tener una relación natural con él, la que se traduciría en un servicio devocional amoroso. Pero más allá de la evidente ausencia de fundamentos para sostener que Krishna es la suprema personalidad de dios, algo que suele hacerse tan arbitrariamente como lo haría un cristiano, un musulmán o cualquier otro creyente del culto que podamos imaginar, la propuesta espiritual del movimiento falla, y lo hace en diferentes niveles.

Como un asiduo participante en sus ceremonias de adolescente, noté que la comunidad Hare Krishna en realidad no es para nada efectiva como un movimiento espiritual. Uno de los principales motivos por los que digo esto, es que sus prácticas son indiscutiblemente opuestas a las inclinaciones naturales humanas, factor que termina por decidir la ruptura de muchos practicantes con el grupo. Casi todos sus integrantes llegaban al movimiento llevado por la necesidad de saber y experimentar la verdad, la iluminación, la paz y la dicha. Yo jamás tuve esas inquietudes, ya que mi motivación era simplemente conocer y experimentar sus costumbres, al menos por un breve período, además de sentirme cómodo por tener muchos amigos allí que como yo escuchaban Hardcore y eran vegetarianos.

La realidad es que todas esas expresiones de amor a Krishna que se manifiestan en los mantras y supuestamente repercuten en la esfera espiritual de los devotos, difícilmente pueden sosegar los impulsos sexuales o reconfigurar de manera permanente las estructuras afectivas de decenas de jóvenes que se incorporan al movimiento por diferentes circunstancias, entre ellas frustraciones personales a nivel familiar y amoroso. El celibato que se exige a los devotos y el desconcierto que representa dedicar más tiempo al servicio devocional que a la propia familia siendo un adolescente, termina casi siempre por llevar a esos adeptos entusiastas al fracaso y la frustración. Por esto y otras tantas cosas, gran parte de los devotos no se mostraban contentos viviendo en el templo, aunque solían permanecer allí por miedo a ese contexto demoniaco que se supone el mundo exterior representa.

Por otro lado, es notable cómo el devoto asegura abrirse a la verdad y el amor, cuando en realidad sólo repite cánticos que funcionan como refuerzo sistemático de ideas preconcebidas. Evidentemente reemplazan cualquier sentimiento legítimo de apertura por la memorización y la repetición de mantras y lecturas védicas. Este proceso funciona como un modo de sostener esa supuesta seguridad que, enmascarada de certeza, no es sino un modo de faltar a la honestidad intelectual del practicante para alejarlo de un contexto al que se esfuerza por no pertenecer.

Otro inconveniente que encontré, fue que el engañando y la manipulación de los devotos era moneda corriente. A los recién llegados se les enseñaba a repetir frases de manera cíclica a modo de cántico, mientras se les proponía abandonar su entorno familiar para unirse a la congregación sin tener que atender las distracciones del mundo exterior. El fin era evidente: absorberlos para que terminasen en las calles difundiendo material y reclutando a nuevos integrantes que del mismo modo formarían parte del proceso. Claro, esto también servía para sostener la estructura del templo y alimentar a los residentes en él, quienes a su vez fomentaban esta dinámica estableciendo lazos de amistad con estos chicos y chicas, lo que se traducía en que los iniciados se transformaban meros sirvientes del resto.

Se hacía evidente que todos luchaban en contra del deseo sexual, que reprimían las ganas por ver a sus familiares o simplemente reconocer que eso no era para ellos. Y ese mundo exterior que los vedas describían como salvaje, repugnante y efímero, terminaba por transformarse en el anhelo más grande de simples adolescentes que buscaban la iluminación en un contexto que les privaba de todo aquello que en verdad necesitaban. Entonces el esfuerzo por borrar los propios pensamientos comenzaba a batallar contra la insistencia de los veteranos porque aceptaran ciega y automáticamente cada palabra de las Escrituras, incluso sin que las mismas tuviesen un sentido práctico en sus vidas.

Tal vez ese sentimiento de que todo era antinatural y forzado no se manifestaba de inmediato, pero paulatinamente lo hacía. Durante el tiempo que compartí con la comunidad Hare Krishna, vi como todos y cada uno de los devotos con los que tenía amistad se frustraba y abandonaba el templo para romper repentinamente cualquier vínculo con sus mentores. Y no me extrañaba en lo absoluto, ya que comprendía muy bien cómo se sentían. Yo era un testigo, alguien que observaba las frustraciones ajenas ante los más diversos y fútiles intentos por entablar un vínculo espiritual con aquello que simplemente no existe.

Puedo decir que guardo gratos recuerdos de aquella época, más que todo por el tiempo compartido con amigos en el templo que frecuentábamos. Sin embargo, debo reconocer que el movimiento Hare Krishna nunca dejó de parecerme un fraude. Mi escepticismo jamás permitió que los mecanismos de coerción emocional a los que hice referencia cambiaran mi perspectiva del mundo ni me alejaran de nada ni nadie. Hoy puedo decir que afortunadamente quienes eran mis amigos en aquel entonces, no sólo lo siguen siendo, sino que ya no se cuentan entre los devotos del templo ni dejaron de hacer su vida. Fue una etapa curiosa, de la cual aún conservo como recuerdo mi copia del Bhagavad-Gita y los trece cantos del Srimad bhagavatam.

 

Nota: Los mismos devotos reconocen que el celibato es la más difícil de observar entre las prohibiciones ascéticas del movimiento. Es la causa de las mayores dificultades para los iniciados y la causa más común de alejamiento de la conciencia de Krishna.

 

Ilustración de la publicación: Krishna y Aryuna en el campo de batalla de Kurukshetra.

 

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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