Levítico 20:13 y el ataque en Orlando

¡A tales maldades persuade la religión!

Lucrecio, en De Rerum Natura, escrito en el primer siglo

Anoche en la ciudad de Orlando, cincuenta seres humanos perdieron la vida en manos de un terrorista llamado Omar Mateen que parece haber entretenido ideología extremista islámica. El ataque coincide con el mes del orgullo, que celebra los disturbios de Stonewall en 1969 que dan inicio a la etapa histórica de luchas LGBT, y también coincide con el Ramadán, el mes sagrado del islam. Aunque el Corán no dicta el castigo específico para ser gay, los jadices (o tradiciones del profeta Mahoma) son todos crueles al respecto y en muchos países el castigo (al igual que por ser ateo) es la ejecución.

Pero el problema de la homofobia religiosa nace en la Biblia, en el código levita (un bárbaro y deshumanizante sistema legal de la era de bronce en Medio Oriente), que es dos veces más viejo que el islam. Fueron los autores de la Biblia los que inicialmente instituyeron el crimen de matar a un homosexual como una “solución” al crimen imaginario de ser homosexual. Fueron los levitas quienes tuvieron la ocurrencia necia de incluir esto entre sus leyes hace tres mil años, produciendo un daño irreparable:

Si alguno se acuesta con varón como los que se acuestan con mujer, los dos han cometido abominación; ciertamente han de morir.

Levítico 20:13

… así, sin molestarse en explicar de que manera esto merece la muerte, o como un castigo tan desproporcionado puede seguir lógicamente un acto sexual consensual. Y desde entonces, cada generación que ha sido criada creyendo en la Biblia ha heredado algún nivel de ideología neo-levita y se ha replicado un meme asesino en la historia, generación tras generación, legitimando un holocausto lento, hasta que es solo en las últimas décadas gracias a los disturbios de Stonewall y las luchas constantes y sin descanso de las comunidades LGBT, que estas comunidades han logrado convencer al menos a una gran parte de la población de que deberían tener derecho a existir, a estar en paz y a ser felices.

Es por este sangriento verso que, cada vez que sucede un crimen de odio anti-gay, huestes de almas piadosas rápido culpan a la víctima y disculpan al agresor, algunas de ellas personas de alto perfil–policías, televangelistas–y de manera muy pública. Es este verso y su legado lo que llevó al cristianismo, islam, y las muchas otras sectas y religiones que se dejaron inspirar del código levita, a replicar una doctrina de violencia oficial anti-gay, y es por esto que Omar Mateen era un neo-levita y su ataque debe ser visto como un ataque neo-levita que deriva su “legitimidad moral” de ideas específicas que nacieron en ese verso.

Ahora, a prepararnos para escuchar la letanía de que la religión no tuvo “nada que ver” con el ataque, cosa que predeciblemente ya el padre del matón ha dicho. Porque el islam nunca es el problema: la culpa es siempre de Israel, de Estados Unidos, de los gays, de los judíos, de todo, menos de los terroristas religiosos y sus doctrinas violentas.

Hasta donde yo sepa, los cristianos progresistas no han tenido la estámina moral e intelectual para abolir versos como éste, o para hacer un Concilio de Nicea moderno y purgar a la Biblia de sus libros o versos ignobles. Nadie que crea en la Biblia como libro digno, revelado, como guía moral útil y aún relevante, posee la autoridad moral para criticar a este asesino ni para criticar cualquier otro acto terrorista, porque al creer en este verso del código levita, una persona se ha dejado degradar a un nivel que legitima el terror religioso. Omar Mateen nos ha dado una imagen, una idea clara, concisa y concreta, de lo que significa Levítico 20:13, de lo que produce, de lo que es ese verso: un mandamiento que ordena el terrorismo, que ordena el genocidio de una clase entera de seres humanos inocentes que nada le hicieron a los levitas.

En un mensaje que, desafortunadamente, tuve que redactar para la Sociedad de Amigos de Epicuro en ocasión de los ataques de París, noté que seguramente muchas personas religiosas, al escuchar la noticia, van a invitarnos a elevar oraciones por las víctimas, como si milenios de elevar oraciones hubieran resuelto el problema de la tiranía religiosa y del terrorismo. Orar no lo ha resuelto. Tenemos el deber moral de confrontar estas insinuaciones: a 47 años de Stonewall, este NO ES el momento de orar de rodillas con los ojos cerrados. Es el momento de poner los pies en la tierra, abrir los ojos, despertar nuestras facultades y llamar las cosas por su nombre.

Hiram Crespo es autor y blogger puertorriqueño residente en Chicago, fundador de societyofepicurus.com y autor de Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014) y de Cultivando el jardín epicúreo y el autor/traductor de Varios días en Atenas y Epítome. Ha contribuído artículos a The New Humanism (una publicación de The Humanist Chaplaincy at Harvard), The Humanist (una publicación del American Humanist Association), El Nuevo Día, Humanist Life y muchos otros. Se graduó con altos honores de un Bachillerato en Estudios Interdisciplinarios en Northeastern Illinois University y además del español e inglés, conoce el francés y el idioma universal, esperanto.

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