Opinión

No Permitan Su Regreso

Hace casi una década el defensor de los Derechos Humanos y ex-radical musulmán Maajid Nawaz se enfrentaba en debate al neoconservador Douglas Murray. A la vista de que ambos participaban de la moción El islam es una religión de paz bajo amenazas de muerte no fue de extrañar que Maajid, arguyendo a favor, perdiera el debate tras el voto de la audiencia. Ambos hoy enfrentan desde polos igualmente opuestos un dilema que concierne a esta misma religión…

Con el advenimiento del Estado Islámico de Iraq y el Levante y su llamado a yihad no faltaron voluntarios de nuestro lado del mundo en Occidente que se unieran a la insurgencia terrorista en Medio Oriente. Entre los voluntarios los medios han dado amplia cobertura al caso peculiar de Shamima Begum quien partió del Reino Unido a Siria en el año 2015 acompañada de dos amigas cuando a penas contaba con la tierna edad de 15 años. A raiz de la situación el público del Reino Unido a sacado a relucir un fuerte consenso contra la posibilidad de que el gobierno británico permita su regreso. En reacción a las entrevistas a Shamima una petición al gobierno británico ha recaudado sobre 570,000 firmas hasta la fecha exigiendo que el Reino Unido prohiba el regreso a miembros voluntarios del Estado Islámico. Dos tropiezos legales obstaculizan el deseo democrático en Reino Unido. Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948): “Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país” (art 13.2). Con la excepción de que esa persona no sea un ciudadano, Shamima y otros militantes homicidas están en su derecho de regresar y encarar juicio en su país. Ante el hecho no falta otra provisión internacional que prohiba al gobierno británico revocar la ciudadanía de Shamima o cualquier otro voluntario de la organización terrorista. Según la Convención para reducir los casos de apatridia (1961): “Los Estados contratantes no privarán de su nacionalidad a una persona si esa privación ha de convertirla en apátrida” (art. 8.1). Resulta, pues, que el enredo legal favorece el sentimiento expresado por Maajid a través de su cuenta de Facebook:

Overnight, I and others like me have become second-class citizens by our Home Secretary‘s decree. This only applies to those whose parents have another heritage, even if they themselves only have British citizenship. This is worse than anything Trump has done. It’s the “dreamers” scandal on crack. Deportations are already being applied for criminal conduct, not just terrorism. Today witnesses a dangerous extension of that power. If citizenship is revocable for people like me, it was never citizenship to begin with. It was nothing but a visa.
This is not about jihadists. It is about the rest of us. I was born and raised in the UK. I carry no other passport. I am not an immigrant. I am nobody’s “guest”. I do not need to be “grateful” for being here. My being here is not a “privilege” that I must thank you for. And nobody gets to patronisingly tell me that I have “nothing to worry about if I behave”. I am your equal. Yet now, I can be punished twice for crimes arbitrarily determined sufficiently serious enough in future. Once by a jail term, and then by deportation. I hope that this disastrous decree is struck down by our courts. This is nothing but a War on Citizenship. ‬And I will resist it with all my might.

Esta reacción ha sido en respuesta al decreto por el Secretario del Interior Sajid Javid quien revocó la ciudadanía de Shamima Begum a petición popular. La realidad del asunto es que el gobierno británico ha optado por prescindir de ataduras legales, de la virtud y la penuria con tal de embarcar en médidas pragmáticas hace ya varios años. El gobierno británico ha privado de su nacionalidad a 150 personas desde el año 2010 por el “bien público,” 104 de las cuales sufrieron esta medida en el 2017. En favor de estas acciones por el gobierno Douglas Murray señala sólo algunas de las consecuencias concretas que nos invitan a prescindir de la pena y la presunción de virtud:

Those who insist that that such people should simply return and face criminal charges in domestic courts ignore the standards of evidence needed in a court, the difficulty of compiling such evidence, and the endless questions around fair trials, the presumption of innocence, and more. Shabina Begum claims to have merely been an ISIS housewife and seen some heads in bins and so on. The tedious domestic life of the Islamic State. If she played no role in any beheadings, or if there aren’t enough people around to give eyewitness testimony, what should she be prosecuted on? Should she simply be brought back to the U.K. and put through a “deradicalisation” program? To claim she should is to put a vast amount of trust in a program, and a policy, which is far from a science and far from even frequently successful. All this is in a country whose security services are already overstretched with the number of Islamists they would like to keep their eyes on versus the number they actually can afford to keep an eye on.

Y todavía resta recordar la vasta trayectoria de ofensas inspiradas en el islam que hasta ahora Occidente ha tolerado:

Over recent years the message given out from the Western democracies has been, “You can do absolutely anything here. You can mutilate your daughters and we won’t catch you. You can kill girls in your family who have brought you ‘dishonor’ and we won’t much bother to pursue you. You can preach the destruction of our society and we will tolerate you. You can fight for our enemies, and we will tie ourselves in legal knots over how — if at all — we might be able to discipline you afterwards.” I have always thought that the lack of strong signals is one of the strongest possible incentives for Islamist extremism. You can fight for your country, or you can fight for your country’s enemies. If you choose the latter and it all goes fine, you’re in clover. And if it doesn’t, then you can at any point return to the situation you were in when you started off, as though you never made that treasonous choice.

Ahora me presto para añadir peso a un lado de esta balanza, pues me ha parecido irónico atestiguar cómo personas afincadas al ala izquierda convergen a favor del extremismo islámico nuevamente. Observo cómo sus opiniones, aún por motivos distintos, coinciden con la de un islamista convicto como Anjem Choudary, quien argumenta a favor del regreso de voluntarios del Estado Islámico. Por un lado, ciertas personas, cuyo absolutismo moral y principios no admiten excepción, abogan por el cumplimiento de la ley internacional que dictamina el regreso de Shamima y otros colaboradores de Dáesh. Por otro lado, existen otros que concuerdan con el mismo punto de vista al cual añaden el deseo de no ver a Shamima sentenciada tras su retorno. Es cierto que la corta edad de Shamima al partir trae en cuestión la posibilidad de que pueda escupir el anzuelo y librarse de todo cargo imputable, como también es cierto que ahora en plena adultez no da buenas señales de arrepentimiento según podemos concluir a base de sus propias declaraciones a los medios; nisiquiera derramó lágrimas ante las cámaras al leer acerca de la pérdida de su ciudadanía.

Maajid teme que la decisión del Secretario del Interior “…is not about jihadists. It is about the rest of us” en que “rest of us” alude a “…those whose parents have another heritage,” o que al menos sirve de precedente a semejante panorama (una falacia en forma de pendiente resbaladiza). Lo cierto es que el Secretario del Interior comparte la misma descendencia paquistaní de Maajid y el caso en que se aplica la revocación de ciudadanía no es uno arbitrario, sino de aún peores implicaciones como Douglas desglosa. En última instancia esta infracción de la ley internacional ha sido llevada a cabo en respuesta al yihadismo y se podría formalizar toda una serie de situaciones que ameriten tal medida para así limitar cualquier abuso desmedido por las autoridades. Cuando la ley no se atempera a las circumstancias hay que enmendarla.

Hubiera sido rotundamente hipócrita de parte del gobierno británico reunir los recursos sin consulado en Siria para regresar a la traidora Shamima Begum luego de negarle asilo a Asia Bibi. Una despreció a su país y partió con la expresa intención de asistir al enemigo en período de guerra y hasta gestó hijos a otro voluntario terrorista, la otra fue absuelta del cargo de blasfemia tras enfrentar la pena de muerte y aún vive prisionera en secreto dentro de una nación islámica que procura quitarle la vida. Reino Unido le dio la espalda a Asia Bibi bajo el temor de trasladar el bullicio social entre musulmanes y el llamado a la violencia desde Paquistán a su propio territorio. Podría garantizar que absolutamente nadie se va a arrepentir de negarle el regreso a Shamima; en esto concluiríamos. Nisiquiera el mismo padre de Shamima. El mismo reconoce que su hija no siente remordimiento alguno y tampoco le inquieta la remoción de su nacionalidad. A fin de cuentas, eso no es lo peor que le pudo haber ocurrido a Shamima hasta ahora. Habrá quienes consideren más cruel que Shamima y otras como ella sean separadas de sus hijos mientras cumplen un extenso período de encarcelamiento.

Ante la situación generalizada Occidente encara varias opciones:

  1. Entablar un acuerdo con los estados de Siria e Iraq con tal que declaren a todos los miembros del Estado Islámico ciudadanos dentro de sus respectivas jurisdicciones. Los países de Occidente pueden proseguir a revocar su nacionalidad. Finalmente, que enfrenten cargos dentro de las mismas fronteras en que los crímenes fueron cometidos y donde la evidencia (y los testigos) yace pronta a recopilarse.
  2. Incitar a Siria e Iraq a invocar el artículo 9 de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados con el fin de que transfieran a colaborades del Estado Islámico hospedados en campamentos de refugiados a enfrentar cargos.
  3. Invocar los artículos 8.3.a.i-ii y 8.3.b de la Convención para reducir los casos de apatridia siempre que sea posible, los cuales proveen para la remoción de nacionalidad aún bajo la contingencia de apatridia (art. 8.1). (Los derechos restantes del apátrida son resumidos dentro de la Convención sobre el estatuto de los apátridas (1954)).
  4. Añadir nuevas declaraciones y/o reservas a la Convención para reducir los casos de apatridia tal como otros país que ratificaron ya han hecho. En este caso con el propósito de extirpar a miembros del Estado islámico de su nacionalidad en Occidente.

Solamente cabe recalcar una sola cosa: nadie se va a arrepentir de haberle negado la entrada a todo aquel que se ofreció a cometer crímenes contra la humanidad al unirse al Estado Islámico.

Imágen de Portada: BBC

Richard Santiago Sierra

Author Richard Santiago Sierra

Richard Santiago Sierra es un ex-cristiano pentecostal y librepensador ateo puertorriqueño. Su apostasía de la fe cristiana se origina en experiencias traumáticas y decepcionantes con el cristianismo e investigaciones en torno a la veracidad de las alegaciones del judaísmo, cristianismo y el islam. Hoy se esmera en apoyar el ateísmo militante respecto al dios de Israel y el descubrimiento de la verdad por medio de las ciencias. En pos de esta causa ha sido miembro de diversas organizaciones incluyendo The American Association for the Advancement of Science, American Atheists, Ateístas de Puerto Rico, The Richard Dawkins Foundation for Reason & Science por medio de Center for Inquiry, Freedom from Religion Foundation y Humanistas Seculares de Puerto Rico.

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