Parábola atea del tren

Nadie ha cortado alguna vez una cabeza en el nombre del ateísmo. Nunca nadie ha cortado carne humana y mirado una cámara y dicho: ¡en el nombre de NADAAA! – Jim Jeffries

Descubrí a Jim Jeffries gracias a una amiga que me lo presentó como un “comediante ateo” y me mostró su rutina de comedia stand-up sobre la religión (precaución: le gusta decir obscenidades). Más tarde, vi su rutina de Dios borracho en una barra y me empecé a dar cuenta de que me había convertido en su fan, aunque no siempre me gusta lo que dice. Pero el malhablado Jeffries tiene momentos en que es brillante.

En medio de su último especial de comedia, que se titula Freedumb y cuenta con una enorme bandera americana de trasfondo, el comediante australiano sirve una crítica detallada de cómo la libertad ha llegado a significar nada en el discurso estadounidense. Bromea, en serio, que a los estadounidenses les encanta escuchar que son el país de la libertad cuando en realidad tienen la mayor población penal en la Tierra, dos veces mayor que el siguiente país (Sudáfrica). El supuesto “país más libre” tiene el mayor porcentaje de personas en prisiones. A continuación, hace algunas comparaciones de nuestras libertades frente a las de países más libres como Australia, Canadá y los Países Bajos.

También compartió una parábola para explicar cómo los ateos vemos las muchedumbres religiosas, con el argumento de que “las personas religiosas nos están frenando”, y explicando que es un mito que hay que salvar “la Tierra”. La Tierra continuará bien sin nosotros. De hecho, cuando se ve desde el espacio, los signos de civilización humana se ven como molde en una placa de petri. Somos como una bacteria en el planeta. Cuando nos hayamos ido, la Tierra va a prosperar sin nosotros. Es nuestra especie la que debe salvarse de sí misma. Joe Rogan ha argumentado algo similar.

En la parábola del tren, el comediante compara a la humanidad con un tren que va lentamente. Sostiene que los científicos ateos están dentro del primer carro, manteniendo el motor en marcha y haciendo que todo funcione.

En el segundo coche, bromea que se encuentran los agnósticos, que lo molestan con su falta de vigor intelectual.

Es en la parte trasera del tren que se encuentran las masas de gentes religiosas siendo cargadas por los científicos en la delantera. Hay tantos y tantos de ellos, y relativamente poca gente en la parte delantera del tren, que el pobre tren casi no puede funcionar correctamente y está luchando para moverse tan siquiera.

Estoy consciente de que esto es sólo una broma, pero hay más pepitas de verdad en esto de lo que la mayoría de la gente quisiera admitir. Alrededor del 95% de los miembros de la Academia de las Ciencias son ateos, y en las últimas semanas ha habido una tormenta mediática en torno a la inauguración de una supuesta réplica del Arca de Noé, que es una pérdida enorme y profundamente estúpida de dinero y de recursos por parte del creacionista Ken Ham, que podrían haber ido a la investigación científica, o para proporcionar educación o ayudar la autosuficiencia de personas en los países pobres, o para muchas, muchas otras causas nobles. En su lugar, se celebra un mito de la edad de bronce (junto al genocidio y el incesto … y la hostilidad a la ciencia implícitos en el mito) que toma en serio casi la mitad de la población en los Estados Unidos. El parque del arca es en realidad un monumento a la decadencia americana.

La idea políticamente incorrecta que las personas religiosas, en efecto, nos frenan y nos impiden progresar, fue postulada hace más de un siglo por Nietzsche, que propone que el Overman–nuestra próxima fase evolutiva–debe deshacerse de la religión y crear su propio significado y valor. De hecho, esta idea de que los religiosos nos impiden progresar ha sido dicha una y otra vez por ateos (y hasta algunos religiosos) a lo largo de la historia, y se está volviendo cada vez más evidente.

Por cierto, hay una verdadera Arca de Noé en algún lugar de la helada Noruega. Unos científicos han almacenado semillas y muestras de ADN de todas las especies de la Tierra que fueron capaces de adquirir y las han colocado en una recámara a ser perpetuamente conservadas a temperatura bajo cero de manera que, en caso de que muchas de esas especies se extingan en un gran cataclismo, pueden ser devueltas a la vida. Esa es solo otra mejor manera de gastar el dineral del proyecto imbécil y retrógrado del museo de Ken Ham en honor al Arca de Noé. ¡Necesitamos más personas en el primer vagón del tren!

Hiram Crespo es autor y blogger puertorriqueño residente en Chicago, fundador de societyofepicurus.com y autor de Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014) y de Cultivando el jardín epicúreo y el autor/traductor de Varios días en Atenas y Epítome. Ha contribuído artículos a The New Humanism (una publicación de The Humanist Chaplaincy at Harvard), The Humanist (una publicación del American Humanist Association), El Nuevo Día, Humanist Life y muchos otros. Se graduó con altos honores de un Bachillerato en Estudios Interdisciplinarios en Northeastern Illinois University y además del español e inglés, conoce el francés y el idioma universal, esperanto.

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