Política y Religión : Coalición Lucro-Prostitutiva

prostitu P y R

       La religión es la producción ovina favorecida por los Estados, quienes constituyen otro arquetipo de asistencia al cautivo, facilitándole al rebaño, ya que es su hacienda predilecta, todas las comodidades, garantías y permisos para el sustento y mejora de los apacentamientos con los que mantiene al famélico devoto ya sin comprensiones y energías para desmantelar e inquietar los corrales revestidos con grandiosidad y vacuo entretenimiento.

       Al poder gubernamental le importa la religión como estrategia para el beneficio que de los crédulos obtiene al no ser estos un obstáculo a sus intereses, ya que a mayor cantidad de creyentes, menos inteligencia y mayor dominio, por lo que cuanto menor sea el inmiscuimiento estatal en detrimento de la ineptitud de la plebe, sino por el contrario, la anime, ahorran riesgos de fértiles insurrecciones.

Una profunda mayoría subyugada e ingenua gracias a la adopción y aporte de la religiosidad, cortejada con importantes dosis de obras embotantes, siempre le fue favorable a la política, cuyas pretensiones no son la de una divulgación educativa tendiente a la formación de seres lúcidos y libres, ya que éstos comprometerían su cometido, donde sin ahondar demasiado es el dominio de mediocres mediante ardides que lo desmonten hasta una dócil aridez, plena de oasis.
El poder religioso tiene mucho en común y de fondo no se diferencia.

La forma en que se enajena al conglomerado, beneficia al político, debido a la multiplicidad de hallazgos que aportan las distintas industrias: la estupidez que ofrece el gobierno le permite variar, pero el disparatado credo religioso no puede renovarse por mas jovial que intente ser la fachada.

       Jamás en estos tiempos (menos en anteriores) se oirá a un mandatario de preponderancia decir que es ateo, a no ser una honesta excepción, ya que asustaría a una manada que no lo seguiría.
Pero la “honesta excepción” siempre se dará cuando el gobernante sepa que los números de laicos que conforman su distrito lo respaldan.
Incongruentemente en períodos democráticos y de apogeos ilustrados: una ironía para el funesto proceder demagogo de los presidentes encomiásticos que en su enorme mayoría no creen, y el imperioso ejemplo se lo podría hallar en el país de la libertad y las oportunidades, donde aducir ser religioso es un ignominioso requisito medular.

Podrán alegar algunos las autoridades estar oficialmente en disconformidad con la iglesia y/o ideológicamente con el derrotero de sus doctrinas, pero jamás barajarán la posibilidad de suprimir, censurar o desechar, completa o parcialmente a las instituciones; cuanto mucho las podrán acalorar permanentemente con un fingido estoicismo, pero no a ese dios que las orienta, del cual los pueblos lactan y son más que solidarios ante las transfusiones donde todos comparten el mismo grupo y factor.
El clero por su parte, pedirá repetidamente de rodillas una mayor participación a los verdaderos y únicos dioses que conocen muy bien que existen y que son los políticos con mayor influjo, ya que su subsistencia ninguna vez dependió tanto de este poder, el cual lo mantiene con vida dentro de una agonía en incremento.
Lo mismo para el religioso en referencia a que podrá balar en contra de los gobernantes, pero los prefieren con el báculo pastoral representativo que lo acompañó en el ganado sufragio que traduce su compresión.
Y mucho no hace por ir en contra de las instituciones milenarias porque al estar frente a ellas y sus funcionarios elegidos por el cristo redentor, siente la melancolía del orfanato que lo acogió en su primera inmadurez.

       Un cerebro probo e inteligente, no se ocupará en pretender llegar a ninguno de estos dominios desempeñando una actividad, ya que conoce que deberá construirse plataformas y aspiraciones prostitutivas en uno y enajenantes en otro.
Donde de manera circunstancial o continua, pero inevitablemente afines, confabulando y conjurándose, dichas cualidades no distan.

       Los números son lo único que importan en política y religión, siendo la aglomeración quien siempre prevaleció sobre la virtud en el orden de prioridad. A decir verdad, el favoritismo solo está a disposición de los requerimientos mentales pedigüeños.
Por lo que no hay que esperar mucho, más bien nada de los representantes políticos y religiosos para vivir bajo pautas morales pulidas por la propia libertad.
Además, en la praxis, ellos no están para eso: la íntegra imparcialidad no pertenece al acomodaticio cometido partidario.
No se necesita de la opinión y permiso de éstos para ejercer los valores elegidos en base al discernimiento propio muchas veces esclarecido, tendiente a perfeccionarse no solo a nivel privativo, sino poder propagar dichas mejoras para quienes ansíen realmente una floreciente reciprocidad.

No quiere decir que el ser evolucionado, ante tales virtuosos propósitos no se manifieste en contra de éstos marchitantes líderes y luche legalmente por sus ideales para que se vean plasmados, ya que es tan loable como inevitable, sino dejar establecido que dirige su vida (abogando por las demás) de manera autónoma a estos decrépitos dogmas (religiosos) y estos males menores (políticos).

       El propósito clerical – estatal se lleva a cabo mediante una prematura confiscación del potencial ingénito del ciudadano: su raciocinio; quedando de ahí en más en manos de un corruptible erario público que de ningún modo corregirá de manera íntegra lo substraído, sino que aquietará al ente afectado, con la incrustación de un cerebro pordiosero, crédulo, cuyos curadores generales (ya que no razona) lo persuaden cómodos, retardándolo hasta que su ya insuficiencia intelectual sea gestionada con un filantropismo sesgado, privándolo de orientaciones inteligibles honorables.
Hay que aclarar que el trueque, lamentablemente, no resulta traumático para las partes, porque de lo que se desprende el religioso, es de lo que considera un accesorio, siendo para los poderes un acceso al conformismo inmediato, el cual es su lema incondicional de equidad.

    Una obligación del Estado, que jamás la incumple, es asegurar la expropiación de estos tipos de bienes exclusivos, permitiendo explotarlos subliminalmente a través de un tercero, siendo la religión, por medio de sus cepas tradicionales que fijan vástagos rebaños congregacionales, quien posee esta principal concesión.
Un timo gubernamental que pronto ya no lo condicionará, no estipulándose a la iglesia tal privilegio, con lo que esto le significaría a un poder escatológico en estrepitoso declive por extemporáneo, pútrido, apócrifo y desleal.

       Hasta hoy, los poderes eclesiásticos y políticos de alguna u otra manera siempre se necesitaron para elaborar, proyectar y manipular al humano como matemática, siendo la modificación del coeficiente lógico, la fórmula ansiada, pretendiendo que el orden de sus regulados factores no altere el ordinario producto.

    La unión de estos poderes lucro-prostitutivos, se dará mientras los números convencionales, que son los proverbios corporativos reverenciados, ya no lo costeen.
Ocurrirá hasta que distingan y detallen que la heterodoxia, como inferencia de un racionalismo existencial, esté proliferando con notable predominio, experimentando la extenuación y rendición evolutiva de la creencia humillante, convirtiéndose en una demanda el querer ser emancipados de las extorsiones doctrinales que le produjeron a la humanidad desde sus orígenes, criterios mentales fraudulentos.
Proceso que se está moldeando con vitalidad.

Será entonces cuando el poder político le diga al religioso, “adiós”. Y la teocracia dé a los sectarios mitológicos, la incómoda bienvenida al último recinto que les tiene reservado el Olimpo.

Escritor Argentino, autor del libro “El dios Creado”, patrocinador del librepensamiento, favorecedor del laicismo, militante por un ateísmo positivo funcional y propulsor de un racionalismo existencial o raciocracia atea.

Obra que hace hincapié en mentes aptas mediante el conocimiento discernido, el juicio argumentado, la ciencia y las por el momento omitidas sintomatologías anómalas que posee el crédulo y su religiosidad por parte de la psiquiatría a través de su todavía vigente mitología constitutiva, que por consiguiente irá siendo legalmente restricta y ajustada hasta su progresiva e ineludible extinción natural producto del uso de la razón consciente.

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