Porque soy Atea

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Soy Atea, es increíble esa sensación que da cuando se dice en voz alta (en este caso, por escrito y dirigido a quien lo quiera leer). Luego de varios años de vida en donde estuve en aquel lado y ahora estoy de éste, puedo decir que ciertamente por fin soy la persona que realmente siento que soy.

Hay personas que creen que el ateo es una persona “enojada” con Dios o una etapa de rebeldía, el ego de “yo soy más inteligente y ustedes son brutos”. Pero hay personas, como yo, que nos identificamos con ser ateos por circunstancias de la vida por las que todo creyente pasa, aprender más de Dios, pero a diferencia del creyente convencional, nosotros fuimos más allá.

Aclaro que no fui de estas personas que descubren que todo es una mentira en plena infancia como he leído por ahí. Yo en esa etapa, aún cantaba en la iglesia explotándome el galillo para que Dios me escuchara y luego de unos años más tarde asistía al grupo de jóvenes cristianos. Si, en un tiempo fui cristiana. Me encantaba esa idea de sentirme “protegida” por este padre celestial que estaba allá en los cielos, que no veíamos, pero que siempre velaba por mí y mis seres queridos, que aun así murieran de cáncer o un infarto eso era propósito del señor y se respetaba sin peros o porqués. Se supone que yo le tenía que pedir con todo el corazón y él me daría lo que quisiera si lo aceptaba como mi salvador.

En fin, en esa época de mi vida, le cantaba, le rezaba, le adoraba y le prometía cosas. Podía estar triste por varias estupideces, por ejemplo, porque empezaban las clases, se me dañaba el carro, me enfermaba, entre otras, pero Diosito estaba ahí para escucharme y calmarme. Si me pasaba algo negativo era su plan y por algo que desconocía era la razón de aquellos sucesos. Aclaro que en estos momentos escribo Dios con “D” mayúscula ya que me refiero a la época de creyente por la que pasé.

En el grupo de jóvenes hacíamos debates, obras de teatro cristianas, pantomimas, pero lo más entretenido era salir a comer juntos del menú más barato de algún “fast food” o salir al cine, éramos tan jóvenes en aquella época. La pasábamos bien sin olvidarnos de rezar primero y llevar a Dios en la mente y el corazón. Llevábamos a ese Dios antes que cualquier cosa, pero en el fondo de mí ser, sabía que ciertas cosas no cuadraban. Había cosas que no me hacían sentido, pero al momento no les prestaba atención.

En un momento de mi vida quise ser una misionera. Hablar de Dios a las personas que no lo conocieran. Traer las buenas nuevas como decían. Pensé que debía estar preparada y me puse a leer la biblia desde el principio. Adentrándome en el libro de Génesis, luego de los días y noches de creación, Adán y Eva, la serpiente entrometida, Caín y Abel, mucho luego de leer quién concibió a quién y por cuantos cientos de años vivió, llegué a la parte del diluvio universal. Hubo una parte que me dejó perturbada. Las hijas de Lot lo emborrachaban para acostarse con él y así tener hijos. Tuve que leerlo varias veces. No podía creer eso. Se supone que debía encontrar paz y amor en ese libro, una guía de vida, pero encontré algo totalmente perturbador. Lo primero que pensé al leer la historia de Lot con sus hijas fue el peligro de que un niño lo leyera. Si tuvo un impacto tan grande en mí, más debería impactar un niño.

Esta fue una de las primeras cosas que me pasó en las que mi fe se empezó a desvanecer y empecé a adentrarme en algo más racional por leer y analizar la biblia. No se equivoquen, aun desconocía del ateísmo o cualquier tipo de término similar.Llegar a ser atea no fue un camino fácil, luego de que toda una vida, desde que naces, te enseñan algo y ya casi de adulto descubres que no tiene sentido, no es fácil cambiar esa perspectiva hacia el otro lado de la cabeza.

Crónicas, vicisitudes, pensamientos de una atea en el siglo XXI. Mujer vs. la iglesia, el machismo, los estereotipos, presión social, el “que dirán”, familia, entre otros. Tenemos tantas cosas que nos presionan en la vida cotidiana y aun así somos mujeres que incluímos a todo esto, el ser ateas. ¿”Girl power” o masoquismo? Ustedes dirán.

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