Refutación de las Cinco Vías para la Demostración de la Existencia de Dios de Tomás de Aquino

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En el siglo XIII, Tomás de Aquino escribe la Summa Theologiae o Suma de la Teología, la obra más famosa de la teología medieval, cuya influencia en la visión católica ha sido inmensa. En los capítulos segundo y tercero del libro, Aquino formula las llamadas Cinco Vías para la Demostración de la Existencia de Dios. Allí Aquino fundamenta la necesidad de Dios para que la existencia toda sea posible. En reglas generales, el enfoque de Aquino tiene origen en la concepción aristotélica, aunque podemos notar también la influencia del pensamiento propuesto por Agustín de Hipona y Alberto Magno. A continuación, Las Cinco Vías para la Demostración de la Existencia de Dios refutadas:

1. Primera vía: El movimiento como actuación del móvil: Es cierto y consta por el sentido, que en este mundo algunas cosas son movidas. Pero todo lo que es movido es movido por otro. Por tanto, si lo que mueve es movido a su vez, ha de ser movido por otro, y éste por otro. Mas así no se puede proceder hasta el infinito. Luego, es necesario llegar a un primer motor que no es movido por nada; y entendemos que éste es Dios.

Refutación: Aquino retoma un principio aristotélico. Aristóteles entendía que todo lo que se mueve es movido por otro y, a su vez, éste último por otro; y así sucesivamente, para luego concluir que no era posible una cadena infinita de generadores de movimiento; he aquí el concepto de primer motor inmóvil. Este razonamiento incurre en al menos dos errores: La afirmación de la dependencia del movimiento de su causante de origen divino, no es el resultado de un proceso deductivo válido, sino más bien de un supuesto. Afirmar que el movimiento es necesariamente causado por un ser cognoscente, es tan arbitrario como sostener que la existencia es necesariamente causada por el mismo. Aquino descarta la posibilidad de otros factores que pudieran entrar en juego y termina por presentar un análisis incompleto.
Estadísticamente, la probabilidad de que Aquino estuviera en lo cierto, teniendo en cuenta la nula verificabilidad de la afirmación, sería de 1/∞. Podemos deducir que es infinitamente más probable que la causa sea cualquier otra. Dios pasa a ser el único agente involucrado, la única variable en la ecuación como posible causante del suceso.

Nota: La física moderna reconoce la espontaneidad en el movimiento en los sistemas materiales, es decir, la no causalidad del fenómeno, algo que Tomás de Aquino desconocía en aquella época.

2. Segunda vía: Experiencia de un orden de causas eficientes: Vemos que en este mundo sensible existe un orden de causas eficientes; pero no vemos ni es posible que algo sea causa eficiente de sí mismo, porque de lo contrario sería anterior a sí mismo, lo cual es imposible. Ahora bien, no es posible que en el orden de causas eficientes se proceda hasta el infinito. Luego, es necesario suponer una causa eficiente primera, a la que llamamos Dios.

Refutación: Podemos decir que una causa eficiente es un fundamento, una explicación y causante, al tiempo que sitúa aquello que fundamenta en el plano al que pertenece. ¿Puede una idea ser el fundamento de algo cuando no se sostiene a sí misma, salvo como una concepción fantástica? Y, por otro lado, ¿resuelve algo esta idea en el plano físico?

Dios no puede ser causa eficiente de nada, si no es definible o cuantificable. Una causa es un fundamento y no es posible implicar tal condición en aquello que no posee características definidas. La idea de Dios, por su naturaleza sobrenatural e intangible, no nos sitúa tampoco en el plano físico al cual pertenecemos, dado que éste actuaría en un contexto que nos es ajeno. Por lo tanto, Dios no puede ser causa eficiente de la existencia física, sino sólo de sí mismo. Además, si hablamos de una sucesión de causas que devienen una de la otra, ¿cómo deduce Aquino que esta sucesión se detiene en Dios? ¿Cómo puede saber que, de existir, no se trata de un ser causado? Tal vez la respuesta se encuentre, pienso yo, en la necesidad humana de sostener la existencia de aquel placebo al que hombres como Aquino llaman Dios.

3. Tercera vía: La contingencia o limitación en el existir: Nos encontramos con cosas que tienen posibilidad de existir y de dejar de existir, pues algunas se engendran y se corrompen. Ahora bien, lo que tiene posibilidad de no existir alguna vez no existe. De ahí que si todas las cosas tuviesen esa posibilidad de no existir, alguna vez no habría existido nada, y por consiguiente ahora tampoco, pues de la nada no procede nada. Pero dado que ahora existe algo, es que no todas las cosas tienen posibilidad de existir y de no existir, que algo ha de ser necesario, y esto, en última instancia, es Dios.

Refutación: Aquino utiliza nuevamente un enfoque propiamente aristotélico, estableciendo la diferenciación entre seres contingentes, aquellos que pueden existir como no, y seres necesarios, o Dios, de quien supone deviene todo lo contingente. El término necesario implica una relación entre el agente en cuestión y quienes dependen de él, es decir, quienes lo definen como obligatorio, inevitable o indispensable para algo. El problema con tal condición, es que sólo sería sostenible si la relación pudiese demostrarse de antemano. Afirmar que Dios es necesario para la existencia de lo contingente equivale a implicar al sujeto una condición para definirlo como lo que se pretende sea. En este tipo de planteos se infiere lo primero de lo último y se genera contradicción argumentativa.

La condición de necesario, que Aquino adjudica a Dios con respecto a la existencia toda, sólo tiene sentido en el contexto del razonamiento circular que él mismo propone, ya que, fuera de éste, Dios es absolutamente irrelevante. Esta supuesta condición divina es tan solo una demostración a priori de lo pretendido, es la definición del objeto desde el pensamiento de quien lo concibe como necesario, para así clasificarlo como existente.

4. Cuarta vía: Diversos grados de perfección en las cosas: Encontramos en este mundo cosas más o menos buenas, más o menos verdaderas, más o menos nobles, y otras cualidades así. Ahora bien, el más y el menos se dicen de cosas diversas según la diversa aproximación a lo que es máximo en ese orden. Por eso, ha de haber algo que sea óptimo, nobilísimo, máximamente verdadero y, por consiguiente, máximo Ser. Y como lo que es máximo en un género es causa de todo lo que se contiene bajo ese género, ha de haber un máximo Ser causa de la bondad, de la verdad, de la nobleza y de las demás cualidades por el estilo; y éste es Dios.

Refutación: ¿De qué hablamos cuando nos referimos a la perfección? A grandes rasgos, podemos decir que el término perfección hace referencia a la absoluta ausencia de errores o defectos. Implica también una constitución eximia y define aquello que posee todas las virtudes, al tiempo que excluye toda deficiencia. ¿Dónde encontramos tal cualidad? ¿En la Naturaleza, en el mundo de las ideas o tal vez en las creaciones humanas? En realidad, en ninguna de ellas. La perfección, como tal, no existe, y, de existir, ¿podríamos reconocerla? ¿Qué parámetro nos permite identificar la absoluta ausencia de defectos o la incuestionable presencia de todas las virtudes? Pues bien, Aquino adjudica esta cualidad abstracta e inabarcable desde nuestro entendimiento, a un ser cuya existencia le es totalmente indescifrable, es decir, del cual nada puede saber.Entonces, ¿cómo llega Aquino a semejante conclusión?

Es propio del pensamiento medieval entender que el ser humano está por debajo de una perfección divina y entender la existencia física como un nivel dentro de un sistema con eslabones de perfección, en cuya cima se encuentra el incognoscible. Esta visión cambiará con el renacimiento, cuando el humano pasa a ser el centro de la existencia. Mientras tanto, en la Edad Media, esta cosmovisión es, para Aquino, tan solo el pensamiento de la época.

Aquino también argumenta que Dios es el precursor de las cualidades nobles, el paradigma ético y la causa del bien. Me pregunto: ¿Es sostenible un argumento tal que niega toda capacidad moral en seres pensantes y la atribuye a una construcción indemostrable? Tanto como la perfección, que debería ser consecuencia deductiva basada en características verificables y no el producto de una afirmación antojadiza, este postulado carece de sustento racional, ya que en la única criatura que observamos tales cualidades es, de hecho, en nosotros mismos.

5. Quinta vía: El gobierno de las cosas: Vemos que algunas cosas que carecen de conocimiento, esto es, los cuerpos naturales, obran con intención de fin. Ahora bien, las cosas que no tienen conocimiento no tienden a un fin si no son dirigidas por algún cognoscente e inteligente. Luego existe algún Ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a un fin; que es lo que llamamos Dios.

Refutación: ¿Obran los cuerpos naturales con intención de un fin? Veámoslo de la siguiente manera: La naturaleza posee sus propias reglas, es decir, un sistema de funcionamiento, el cual no podemos obviar, dado que estamos indefectiblemente relacionados al mismo. Incluso la tecnología no nos brinda una total independencia de las fuerzas naturales. Por otro lado, observamos que los seres conscientes, incluido el ser humano, actúan de determinada manera, y esto es en consecuencia de leyes naturales que condicionan en gran medida su éxito o fracaso como especie. Todo lo existente obedece a leyes naturales, tanto lo biótico como lo abiótico, y no existe excepción posible dentro del mundo físico. Ahora bien, según Aquino, las Leyes Naturales existen gracias a un designio divino. Aquí me pregunto: ¿Cómo se puede adjudicar a una entidad incomprobable la finalidad de los cuerpos naturales? ¿Acaso las fuerzas que actúan sobre los planetas, estrellas y galaxias sólo pueden explicarse a través de la injerencia de una potencia sobrenatural? ¿La gravedad, las fuerzas electromagnéticas y todas las variables involucradas en los movimientos e interacciones de los cuerpos naturales son necesariamente dependientes de una entidad sobrenatural?

Evidentemente, en épocas de Aquino, no sólo se desconocían los fundamentos físicos de las interacciones de los cuerpos naturales, sino que la idea de un ser supremo era una explicación fundamental para todo aquello inexplicable y/o inabarcable desde el precario conocimiento existente. De hecho, Aquino comete aquí el mismo error que en su primera y segunda argumentación, deduciendo arbitrariamente que esta entidad cognoscente debe ser indefectiblemente la causa y gobierno de las cosas, descartando cualquier otra posibilidad, y asumiendo que el único agente involucrado debe ser Dios.

Un fin es, en efecto, un objetivo, y se manifiesta de forma deliberada y voluntaria. ¿Podemos atribuir estas cualidades al Universo con base en la hipotética existencia de un ente del que nada sabemos? Evidentemente, no.

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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