Homosexualidad y Religión

usarainbowLa situación legal y social de los homosexuales varía mucho de un país a otro, llegando en algunos casos a ser objeto de ataques. Y la religión, indudablemente, es el principal precursor de violencia contra estas personas.

La Iglesia ha hecho de la “familia tradicional” su lema. En torno a ello se han articulado todos los miedos y fobias acerca de la homosexualidad, considerando que la misma debilita los vínculos familiares y trae consigo todos los males sociales. La Iglesia se reafirma en sus postulados más tradicionales y apela a la segregación para articular su mensaje. La religión en general es, sin lugar a dudas, el peor enemigo de los homosexuales.

La relación de la religión con el prejuicio es algo que aún en nuestros días sigue siendo moneda corriente. A pesar que casi todas las religiones dicen promover el respeto y la tolerancia hacia el prójimo, la experiencia nos demuestra que ese principio únicamente lo aplican con quienes coinciden ideológicamente. Esto se manifiesta de manera exacerbada cuando las personas manifiestan orientaciones sexuales diferentes a las estipuladas en los textos doctrinarios, algo que suele ser inmediatamente condenado. Incluso vemos que esas personas son segregadas y estigmatizadas en función de su naturaleza. Pero eso no sólo se limita al ámbito de los grupos religiosos; se extrapola a toda la sociedad. La intolerancia hacia quien no se ajusta al estereotipo heterosexual, es una forma específica de prejuicio instaurada por el pensamiento religioso en el imaginario colectivo.

Este es un dato importante, porque la religión por desgracia sigue siendo muy relevante en el ámbito social y define cómo vemos al otro. La influencia de las ideas religiosas en el entorno social determina si se integra o rechaza a quien no se ajusta estrictamente a los parámetros aceptados por el grupo. El fundamentalismo que se suele desarrollar en algunos espacios, es la antesala de actitudes discriminatorias hacia determinadas conductas sexuales. La relación entre la religión y la sexualidad se ha construido bajo la idea de una moral sexual, que implica restricciones al comportamiento. La Iglesia interpreta que la homosexualidad es un acto reprobable, y los fieles se manejan justamente bajo ese criterio, por lo que es usual que las familias muy creyentes repriman a hijos e hijas homosexuales.

La Iglesia también dice rechazar el pecado, pero no al pecador; aunque en La práctica las cosas son muy diferentes. Los cristianos parten de que los homosexuales son pecadores, ya que asumen que los actos homosexuales son pecaminosos. Y es algo irónico, porque nadie es responsable de su orientación sexual. Esto deja en claro que únicamente condenan a quien no comparte sus ideales, y que no tienen intención alguna de apertura ni fundamentación racional para ese comportamiento fuera de la abstracción de su doctrina.

Aunque no lo parezca, la postura de la Iglesia al respecto de la sexualidad nos afecta a todos, ya que termina definiendo si los derechos civiles de las personas deben o no hacerse efectivos; algo que no sólo alcanza a la comunidad homosexual, sino que atenta contra un principio básico: la autonomía. Tenemos un claro ejemplo de ello cuando se niega la posibilidad del matrimonio a una pareja homosexual, sin otro apelativo que las creencias de los grupos de poder sobre este punto. Podríamos decir que así como nadie está obligado a coincidir con la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio, ésta no tendría por qué inmiscuirse en los derechos civiles de las personas no creyentes. Definitivamente la Iglesia no debería atentar contra nuestros derechos individuales. Y no es una cuestión de creencias, sino de hacer valer la dignidad humana frente a un mensaje que se expande y modifica nuestras vidas.

¿Cómo discrimina la Iglesia a los homosexuales?

– Impidiéndoles participar en las ceremonias

– Interfiriendo con sus derechos civiles al influir en la aprobación del matrimonio igualitario

– Dañando los vínculos entre ellos y sus allegados cuando inculcan la idea de que son pecadores

– Utilizando su posición dentro de la sociedad para demonizarlos y fomentar una persecución de la cual ya son víctimas.

De hecho la visión de la Iglesia sobre la homosexualidad ha sido incorporada a la cultura de manera indeleble. Hay ejemplos de ello por doquier. Incluso la desclasificación oficial de la homosexualidad como trastorno en los manuales de salud, fue resultado exclusivo de la presión política de los grupos activistas. Ni siquiera eso ha sido algo que no necesitara del impulso de la propia comunidad gay. Ahí tenemos una muestra del modo en que el prejuicio religioso ha impregnado el pensamiento de la población en general.

El trato dado por la comunidad cristiana a las personas homosexuales es directamente opuesto al mandato de amar al prójimo como a sí mismos. Ni siquiera el asesinato es juzgado de manera terminante por el cristianismo. Muchos ex convictos, asesinos, son hoy parte integral de la Iglesia porque se considera que su pecado ha quedado en el pasado. No sucede así con los homosexuales. La homosexualidad es tratada por como un pecado absoluto que merece un castigo absoluto.

La realidad, a mi entender, es que no hay ningún daño que surja de la relación amorosa entre dos personas del mismo sexo, mientras que sí lo hay en la discriminación.

Los crímenes de odio por homofobia también son consecuencia en muchos sentidos del discurso religioso impuesto durante siglos que ha determinado una mirada negativa de la sociedad toda hacia esos grupos. Basta con percatarnos de lo sucedido hace apenas semanas en Orlando, como prueba de lo mucho que la religión puede decirnos cuánto y por qué debemos odiar al prójimo.

 

 

 

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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