¿Somos los seres humanos religiosos por naturaleza?

ultraortodoxo

Afirmar que la religiosidad es una condición inherente a la naturaleza humana, es una aseveración simplista e infundada. Tal argumento atestigua la necesidad de una realidad trascendente que todo creyente experimenta al momento de emprender su búsqueda fuera del mundo real. La religiosidad implica adoptar una actitud de completa confianza para con algo de lo cual nada se sabe. Entendida así, toda creencia es apenas un anhelo de respuestas justamente donde éstas jamás podrían estar. Se ha dicho que el ser humano es religioso por naturaleza, pero si esto fuera así, significaría que quien no es religioso no responde a su naturaleza por completo, algo que, evidentemente, es falso. Basta con percatarnos que sin injerencia externa o inoculación cultural, el individuo no desarrolla una idea de dios, por lo que la religiosidad pareciera no ser un comportamiento innato de nuestra especie.

Todo cuanto se presume del plano sobrenatural responde estrictamente a pautas culturales, de ahí que existan tantas creencias y dioses como culturas. La religiosidad se traduce en una serie de costumbres aprendidas a temprana edad y persigue una relación imaginaria con aquello que no podemos conocer ni verificar. Además, la única manera en que la religiosidad puede afianzarse, es a través de la aceptación de ideas sin que éstas sean cuestionadas o demostradas, algo que, sin lugar a dudas, es absolutamente opuesto a nuestra esencia racional e inquisitiva.

La humanidad ha generado cambios y evolucionado en términos sociales; ha enaltecido criterios como la libertad, la igualdad y la fraternidad por sobre muchísimas conductas erradas de nuestros predecesores. Sin embargo, basta con que el fanatismo religioso se interponga para entorpecer los avances y retrotraernos a épocas de totalitarismo, sectarismo y violencia. Incluso si fuese parte de nuestra esencia, y dudo que así sea, la religiosidad no se traduce sino en parálisis intelectual e inacción. Por ello considero que, como sucede con tantos otros rasgos indeseables de nuestro comportamiento social, nos vemos en la necesidad de combatirla e imponer nuevos paradigmas, alcanzando así la certidumbre de estar obrando en concordancia con la única tendencia natural que debemos seguir: la racionalidad.

Difusor del librepensamiento, administrador de DIOS NO EXISTE, No creo en tu dios, dios no existe y no es necesario y autor de El Ser Imaginario.

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