El taoísmo hedonista de Yang Chu

Lo que a la mente le gusta es estar en paz; y cuando no se le permite estar en paz, a eso yo llamo obstrucción de la naturaleza de la mente. – Yang Chu, El arte de vivir

Yang Chu respondió: “Según las leyes de la naturaleza no hay tal cosa como la inmortalidad.” – Yang Chu, en su capítulo sobre “La locura de desear una larga vida”

El taoísmo es una filosofía naturalista que se origina en China, a la cual desafortunadamente se le han añadido muchas supersticiones y nociones sobrenaturales con el tiempo, pero que puede ser gratificante para muchos ateos.

En general es poco lo que sabemos en occidente del taoísmo, fuera de que el Tao Te Ching es el libro mas traducido del mundo fuera de la Biblia, que el símbolo yin/yang se le asocia, y que influenció enormemente la filosofía de Star Wars y la religión jedi. Pero aunque el Tao Te Ching es una base sólida para considerar el taoísmo, la tradición es mucho más rica y diversa que ese simple libro.

Uno de los pensadores más divergentes de la filosofía taoísta fue un contemporáneo de Epicuro conocido como Yang Chu (a veces deletreado Zhu), un filósofo hedonista y altamente individualista–quizás demasiado para la sociedad tradicional china–que sacó sus opiniones del naturalismo y de su entendimiento de la naturaleza humana. Propuso una alternativa individualista a la ética de los mohistas (universalistas) y confucianos (que enfatizaron el orden social). Yang Chu constituye una fuente literaria inexplorada a partir de la cual podemos estudiar la filosofía “epicúrea” con una perspectiva fresca, con sus propias anécdotas, parábolas y sabios aforismos solemnes (que a veces suenan a Yoda).

Además de darnos como legado un tesoro de la literatura taoísta y filosófica laica, Yang Chu es el único entre los antiguos sabios de China en llamar el placer al fin de la vida, y también–como sus contrapartes griegos–reconoce los límites naturales de los deseos y placeres en su capítulo “Sobre la brevedad de la vida consciente”.

Yang sentía que los seres humanos debían vivir de manera placentera, lo que para él implicaba una vida en la que tanto la inacción egoísta como la intervención desinteresada en los asuntos humanos serían extremos opuestos; en cambio, uno debe llevar una vida natural cultivando y siguiendo sus tendencias naturales innatas.

Aunque estas enseñanzas pueden parecer fuera de lugar en el taoísmo según algunos, en realidad la enseñanza de estos dos extremos y todo su pensamiento está enraizado en el Tao, que enseña que es bueno dejar que las cosas sean, que no es necesario intervenir en la naturaleza para que siga su curso, ya sea a través del auto-sacrificio o por medio de la inacción (o retiro) egoísta. Está en nuestra naturaleza intervenir cuando es necesario y atender nuestras propias prioridades cuando es prudente. Una lógica similar se aplica a los cinco sentidos: su obstrucción se ve como ir en contra de la naturaleza y contra el Tao.

El séptimo capítulo de Liezi, una escritura taoísta secundaria al Tao Te Ching, se cree que fue escrito por Yang Chu. Algunos de los temas reflejan las enseñanzas epicúreas hasta el punto de ser doctrinas paralelas casi idénticas. Un ejemplo es en su rechazo de la fama y de la virtud tradicional como lo enseñan las otras escuelas. El siguiente pasaje nos recuerda la acusación de Polístrato de la búsqueda ciega de la virtud sin el estudio de la naturaleza.

YANG CHU dijo: Po Yi sufría carencias: por estar demasiado orgulloso de su pureza de mente, fue llevado a la muerte por el hambre. Chan-Chi sufría pasiones: por estar demasiado orgulloso de su virtud, redujo su familia. Aquellos que buscan la pureza y la virtud hacen el bien de una manera falsa, se parecen a estos hombres.

CAPÍTULO V: VIRTUDES FALSAS

Al igual que con los antiguos cirenaicos, que se inventaron el hedonismo, el filosofar de Yang Chu toma el cuerpo como punto de partida. Por ejemplo, Yang Chu articula una defensa de la no-violencia como un principio ético y un rechazo de la fuerza bruta, argumentado desde la perspectiva de la naturaleza humana (capítulo 16): puesto que los seres humanos carecen de colmillos, garras y otras defensas naturales, el hombre debe por lo tanto vivir de su sabiduría. Encontramos aquí una teoría taoísta-libertaria de la no-agresión (cuyas repercusiones políticas, sociales y prácticas son muchas) enraizada en el estudio de la naturaleza. Aunque el cuerpo está en la raíz de la vida intelectual de Chu, el resultado final sigue constituyendo una filosofía concreta y práctica que va mucho más allá de meramente entretener las seducciones de los sentidos, que es como se suele estereotipar a los hedonistas.

También encontramos un pasaje que recuerda un poco a los evangelios cuando el filósofo está argumentando que no debemos tratar a los muertos como a los vivos, lo cual era una superstición común de su época.

Así que podemos dar descanso al que sufre fiebre, saciedad a los hambrientos, calor al que sufre frío, y asistencia a los miserables; Pero a los muertos, luego de que los hemos lamentado correctamente, ¿de qué les sirve poner perlas y joyas en sus bocas, o vestirlos con túnicas estatales, u ofrecer animales en sacrificio, o exponer efigies de papel?

CAPÍTULO VII: DEBER HACIA LOS VIVOS Y LOS MUERTOS

En otro capítulo, encontramos un enfrentamiento entre un rey llamado “virtuoso” y sus dos hermanos que buscan el placer, quienes le dicen:

Es muy difícil preservar la vida, y es fácil morir. Pero ¿quién pensaría en esperar la muerte, que viene tan fácilmente, a causa de la dificultad de preservar la vida? Ustedes valoran la conducta y la rectitud apropiadas para sobresalir ante los demás y violentan sus sentimientos y naturaleza al esforzarse por la gloria. Eso a nosotros parece ser peor que la muerte.

… Ahora veamos: si alguien sabe regular las cosas externas, ellas no necesariamente quedan en orden y su cuerpo todavía tiene que trabajar. Pero si alguien sabe regular las cosas internas, las cosas van bien y la mente obtiene paz y descanso.

CAPÍTULO IX: LOS VOLUPTUARIOS FELICES

El último párrafo tiene ecos de la Doctrina Principal 20ª de Epicuro. Los hermanos hedonistas parecen estar argumentando ante su hermano, el rey, que es mejor alejarse de la vida política y que al cumplir tantos deberes, virtudes y expectativas de los demás, estas externalidades nos roban la felicidad y compiten contra nuestra verdadera naturaleza. Al final del capítulo, el rey ha ido a un sabio a pedir orientación sobre sus hermanos, que están llevando vidas de indulgencia. Aquí está el veredicto:

Teng-hsi dijo: “Estás viviendo con hombres verdaderos sin saberlo. ¿Quién te llama sabio? Cheng ha sido gobernado por casualidad y sin mérito alguno de tu parte.

En este pasaje vemos también un repudio proto-nietzscheano de la moralidad artificial, hecha por el hombre, no sólo como una reacción contra la represión de la naturaleza que la filosofía dominante (en este caso el formalismo de Confucio) nos impone, sino positivamente a favor de la virtud taoísta del ziran, que se traduce como naturalidad y autenticidad. Este actuar de acuerdo con la naturaleza es la plataforma principal a partir de la cual Yang Chu filosofa.

Si Cirene es, como sostiene Michel Onfray, una “Atlántida filosófica”, entonces tal vez la ciudad natal de Yang Chu de Liang es un Shangri-La filosófico y, al igual que con los cireneicos, su escuela de pensamiento taoísta merece una segunda mirada.

Lea más:

El jardín del placer de Yang Chu

Razonamientos cirenaicos (Sobre el origen del hedonismo)

Hiram Crespo es autor y blogger puertorriqueño residente en Chicago, fundador de societyofepicurus.com y autor de Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014) y de Cultivando el jardín epicúreo y el autor/traductor de Varios días en Atenas y Epítome. Ha contribuído artículos a The New Humanism (una publicación de The Humanist Chaplaincy at Harvard), The Humanist (una publicación del American Humanist Association), El Nuevo Día, Humanist Life y muchos otros. Se graduó con altos honores de un Bachillerato en Estudios Interdisciplinarios en Northeastern Illinois University y además del español e inglés, conoce el francés y el idioma universal, esperanto.

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